Page con la Hermandad de Pandorgos

Page con la Hermandad de PandorgosPIEDAD LOPEZ

Fuego, puñao y limoná: la fiesta con la que Ciudad Real quiere conquistar España

La Junta respaldará esta misma semana el expediente para que la Pandorga aspire a la declaración de Interés Turístico Nacional

La Pandorga ya no quiere ser solo el gran orgullo de Ciudad Real. Quiere dar el salto definitivo y convertirse en una fiesta reconocida en toda España. El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, ha recibido en el Palacio de Fuensalida a la Hermandad de Pandorgos de Ciudad Real y les ha trasladado el respaldo del Gobierno regional para que esta celebración obtenga la declaración de Fiesta de Interés Turístico Nacional.

El apoyo institucional llega con un paso concreto: esta misma semana se firmará el informe para que la Hermandad pueda remitir la documentación al Ministerio de Industria y Turismo. La Junta considera que la Pandorga reúne méritos suficientes por su participación social, su valor cultural y su creciente repercusión económica y turística.

El objetivo es claro: colocar en el mapa nacional una de las fiestas más populares de La Mancha, una noche de limoná, pañuelos blancos, música popular, ofrenda a la Virgen del Prado y toros de fuego que cada 31 de julio transforma Ciudad Real en una ciudad tomada por la calle.

Una fiesta nacida del campo y de la devoción

La Pandorga, declarada Fiesta de Interés Turístico Regional, se celebra cada 31 de julio en honor a la Virgen del Prado, patrona de Ciudad Real. Su origen está ligado al agradecimiento de los agricultores por los frutos de la cosecha, una raíz que todavía hoy se conserva en uno de sus actos más emocionantes: la ofrenda floral y de productos del campo ante la Virgen.

La tarde del 31 arrancan los actos oficiales con la proclamación del Pandorgo y el nombramiento de la Dulcinea y sus damas. Después, peñas, asociaciones, grupos de folclore, vecinos y visitantes recorren el centro de la ciudad vestidos con trajes regionales o con la indumentaria más reconocible de la fiesta: vaqueros, camiseta blanca y pañuelo de yerbas.

El desfile desemboca en la Catedral de Santa María del Prado, donde se entregan flores, frutas, hortalizas y productos de la tierra. Es la imagen más simbólica de la Pandorga: una ciudad entera caminando hacia su patrona para mantener vivo un ritual que hunde sus raíces en siglos de tradición popular.

Limoná, puñao y toros de fuego

Pero la Pandorga no se entiende solo desde la solemnidad. Tras la ofrenda llega uno de sus momentos más populares: la convidá del Pandorgo, con limoná y puñao. La limoná, elaborada tradicionalmente con vino blanco, limón y azúcar, y el puñao, a base de garbanzos tostados, resumen el carácter hospitalario, sencillo y festivo de esta celebración.

La víspera, el 30 de julio, la fiesta ya calienta motores con el Concurso de Limoná, que cada año reúne a grupos, peñas y vecinos en torno a una de las bebidas más identitarias de Ciudad Real. También hay propuestas sin alcohol, actividades para jóvenes, música y ambiente popular.

La noche grande continúa con folclore, seguidillas, conciertos y bailes en distintos puntos de la ciudad. Y ya de madrugada llega uno de los momentos más esperados: los toros de fuego, artilugios metálicos cargados de pirotecnia que recorren la zona del Torreón entre carreras, gritos y emoción.

La Pandorga es devoción, pero también calle. Es tradición, pero también fiesta viva. Es campo, música, vino, fuego y convivencia. Y ahora, con el respaldo del Gobierno regional y el expediente rumbo al Ministerio, Ciudad Real quiere que su noche más manchega deje de ser un secreto local para convertirse en una fiesta de toda España.

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