Campos de Lavanda, Brihuega, Guadalajara, España
El pueblo de 3.000 habitantes que recibe 150.000 visitas y convierte la Alcarria en la Provenza española
Brihuega vive durante cinco semanas la floración de lavanda más larga de España, un fenómeno que genera hasta ocho millones de euros y transforma por completo este rincón de Guadalajara
Durante unas semanas al año, un pequeño municipio de Guadalajara deja de parecerse a cualquier otro lugar de la España interior. El paisaje seco de la Alcarria desaparece bajo interminables hileras moradas, el aroma de la lavanda invade las calles y miles de visitantes llegan cada día armados con cámaras y teléfonos móviles.
Brihuega, conocida como el Jardín de la Alcarria, vive estos días su gran transformación anual. La localidad, de algo más de 3.000 habitantes, espera superar las 150.000 visitas atraídas por una floración que se prolonga durante más de cinco semanas y que está considerada la más larga de España.
No se trata únicamente de contemplar los campos. Durante todo julio, el municipio convierte la lavanda en una experiencia que mezcla naturaleza, música, gastronomía, artesanía y patrimonio. Un fenómeno turístico que ha colocado a este rincón de Castilla-La Mancha en el mapa nacional.
Un viaje para todos los sentidos
La visita comienza antes incluso de llegar al casco urbano. Los campos se extienden alrededor de Brihuega, formando un enorme mosaico violeta que alcanza su mayor intensidad durante el mes de julio, aunque la fecha exacta depende cada año de las temperaturas y las lluvias de la primavera.
El espectáculo es visual, pero también olfativo. El aroma acompaña a los viajeros durante los recorridos guiados, los paseos a caballo y las visitas a las explotaciones donde se explica cómo se cultiva y destila esta planta aromática.
La lavanda también ha colonizado los escaparates, balcones, plazas y restaurantes. En el municipio pueden encontrarse desde miel, jabones o perfumes hasta dulces y cerveza elaborada con lavanda. «Es un viaje sensorial completo», resume el alcalde, Luis Viejo.
El gran acontecimiento es el Festival de la Lavanda, que en 2026 celebra su décimo aniversario. Sidecars, Luz Casal, Taburete y Duncan Dhu protagonizan cuatro noches de conciertos al atardecer en mitad de los campos, los días 10, 11, 17 y 18 de julio.
Un pueblo obligado a regular la avalancha
El éxito también ha generado un desafío considerable. Para evitar que los vehículos colapsen las calles y dificulten la vida cotidiana de los vecinos, Brihuega ha estrenado este año un sistema de control de accesos durante los fines de semana de julio.
A la entrada del municipio se ha habilitado un aparcamiento disuasorio con capacidad para unos 3.000 vehículos. Desde allí parten autobuses lanzadera cada pocos minutos hacia el pueblo y las zonas visitables.
El objetivo es ordenar una afluencia que multiplica varias veces la población habitual y proteger tanto los campos como el casco histórico. El Ayuntamiento insiste, además, en que la lavanda es un cultivo y muchas de las parcelas son privadas, por lo que los visitantes deben utilizar únicamente los caminos y espacios señalizados.
Hasta ocho millones de euros
La floración se ha convertido en el principal motor económico de Brihuega. Hoteles, restaurantes, bares, comercios y empresas de actividades turísticas concentran durante estas semanas una parte importante de su facturación anual.
Según un estudio económico de la Universidad de Alcalá, el fenómeno genera entre seis y ocho millones de euros en el municipio. El reto ahora es mantener ese impulso sin convertir el éxito turístico en un problema para sus habitantes.
Brihuega quiere, además, que el interés por la lavanda no desaparezca cuando termine la floración. Para conseguirlo, prepara la apertura del Museo de la Lavanda y el Perfume en el antiguo convento de San José, recuperado tras una inversión total prevista de 1,1 millones de euros.
El futuro espacio contará con experiencias inmersivas, gafas 3D, talleres, áreas de experimentación olfativa y contenidos sobre destilación y perfumería. Una forma de conservar durante todo el año el aroma y el color del gran mar morado que cada verano transforma la Alcarria.