Navas de Estena, Ciudad Real

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El pueblo de Cabañeros que nació de una ciudad de lona levantada contra los bandoleros

Las reuniones de colmeneros y ballesteros duraban cuatro días y era obligatorio acudir armado; un documento del 4 de septiembre de 1335 ya recoge el nombre de Navas de Estena

Antes de que existieran sus calles, sus casas blancas y su iglesia, Navas de Estena fue una gigantesca acampada medieval. Durante varios días, centenares de hombres levantaban tiendas, establos y almacenes en mitad de los Montes de Toledo. Acudían armados con ballestas, lanzas y dardos y tenían un objetivo común: organizar la persecución de los bandoleros que aterrorizaban aquellas tierras.

La repetición anual de aquellas concentraciones creó una auténtica «ciudad de lona». Con el tiempo, las construcciones provisionales dieron paso a viviendas y servicios permanentes. Así nació el actual pueblo ciudadrealeño, situado en el entorno del Parque Nacional de Cabañeros.

Un documento fechado el 4 de septiembre de 1335, hace 691 años, certifica que las hermandades de Toledo, Talavera y Ciudad Real se reunieron aquel día en el lugar, denominado ya Navas de Estena. Hasta entonces, la documentación había utilizado principalmente el nombre de Aliseda del Estena.

Colmeneros contra los golfines

Los Montes de Toledo eran durante los siglos XII y XIII un territorio extenso, abrupto y escasamente poblado. Por sus sierras se movían los denominados golfines, grupos de bandidos de frontera que conocían bien el terreno y asaltaban caminos, aldeas, explotaciones agrícolas y colmenares.

Sus víctimas más expuestas eran precisamente quienes tenían que adentrarse en los montes para ganarse la vida: cazadores, leñadores, pastores y colmeneros. Para protegerse, comenzaron a organizarse en cuadrillas armadas capaces de avisarse unas a otras y perseguir conjuntamente a los asaltantes.

De aquel movimiento de autodefensa surgieron las hermandades de Toledo, Talavera y Villa Real, la actual Ciudad Real. El catálogo de autoridades de PARES, dependiente del Ministerio de Cultura, define la Santa Hermandad Vieja de Toledo como una asociación nacida alrededor del año 1300 para impedir los saqueos de haciendas y colmenas cometidos por los golfines.

Las hermandades de Toledo y Talavera se reunieron en 1300 en la Aliseda del Estena y aprobaron sus primeras ordenanzas comunes. Dos años después se incorporó la organización de Ciudad Real y, en 1312, el rey Fernando IV confirmó la federación y ordenó que no fuera disuelta.

Multas para quien no acudiera armado

Aquellas reuniones anuales recibían el nombre de llegas. No eran encuentros simbólicos: servían para acordar operaciones contra los delincuentes, resolver conflictos, organizar las cuadrillas y establecer las normas que debían cumplir los hermanos.

Las primeras ordenanzas conocidas muestran hasta qué punto se tomaban en serio la seguridad. Los convocados debían acudir con sus ballestas completamente preparadas o con lanzas y dardos. Quien se presentara sin armas podía ser sancionado con 20 maravedíes.

Faltar al encuentro resultaba todavía más caro. La persona que no llegara en la fecha establecida se enfrentaba a una multa de mil maravedíes. También estaban castigadas las peleas, los insultos y la negativa a participar en la persecución de los golfines.

Las concentraciones podían prolongarse durante cuatro días y reunían a tal cantidad de personas que cada hermandad llevaba sus propias tiendas. Para atenderlas fue necesario construir almacenes, establos, viviendas y otras instalaciones. Lo que empezó como un campamento temporal terminó convirtiéndose en un asentamiento estable.

El documento que revela que el pueblo ya había nacido

La reunión del 4 de septiembre de 1335 tiene un valor especial porque el documento correspondiente ya habla de Navas de Estena. La antigua Aliseda del Estena había dejado paso a un nuevo núcleo habitado en el lugar donde se celebraban las asambleas.

Sus primeros vecinos probablemente estuvieron vinculados al mantenimiento y servicio de las llegas. Con el paso de las décadas, aquel asentamiento se consolidó: en el censo de 1571 Navas de Estena ya aparece con medio centenar de vecinos.

La localidad conserva así uno de los orígenes más sorprendentes de Castilla-La Mancha. Navas de Estena no creció alrededor de un castillo, una iglesia o un palacio, sino junto a una ciudad de tiendas levantada por colmeneros y ballesteros para defender sus bienes y expulsar a los bandoleros de los Montes de Toledo.

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