Reconstrucción del dolmen de tipo de corredor de pasillo
El monje agustino apasionado por la historia que se encontró un dolmen de hace 5.000 años perdido en Zamora
El hallazgo permanece olvidado junto a su descubridor, el religioso César Morán Bardón
En pleno corazón de la comarca de Sayago (Zamora), en el paraje de Casal del Gato, se alza el dolmen, una construcción megalítica datada en torno al año 3000 a.C., que permaneció oculta durante siglos hasta su descubrimiento en el siglo XX por el sacerdote agustino Padre Morán. Este sepulcro colectivo, utilizado inicialmente como lugar de enterramiento comunitario durante el Neolítico y posteriormente en la Edad del Cobre, constituye uno de los ejemplos más significativos de la arquitectura funeraria prehistórica en la provincia de Zamora.
El yacimiento se ubica a unos cuatro kilómetros al sur de Almeida de Sayago, accesible por la carretera ZA‑320, y su acceso es libre y gratuito, lo que permite al visitante contemplar la galería de acceso que aún conserva parte de sus lajas originales. Aunque la cámara y el túmulo que originalmente cubrían la tumba han desaparecido con el paso de los milenios, permanece intacto el corredor que conducía a la cámara funeraria, ofreciendo una mirada directa al ingenio arquitectónico de nuestros antepasados.
Retrato del padre César Morán, obra de José Manuel González Ubierna
El descubrimiento del dolmen se atribuye al Padre César Morán, quien, guiado por el conocimiento popular transmitido por vecinos como el telegrafista de Bermillo, José Manuel Ramos Vicente, desenterró este vestigio en la década de 1960, aunque no fue hasta décadas más tarde cuando recibió la atención de la comunidad científica y las administraciones regionales.
César Morán Bardón fue una de las figuras más notables y a la vez más olvidadas de la antropología y arqueología leonesa. Nacido en Rosales (Omaña) en 1882, destacó por su inmensa labor de documentación y divulgación de la cultura tradicional del Reino de León, con una obra que abarca desde el estudio de castros, dólmenes y yacimientos arqueológicos hasta la recopilación de costumbres, lenguas y creencias populares. Fue un incansable investigador que dejó más de 70 publicaciones y se le atribuye el descubrimiento de hasta 40 dólmenes. A pesar de sus logros –miembro de prestigiosas academias (como por ejemplo, la de Historia), descubridor de monumentos megalíticos, cartógrafo y divulgador–, combinó su labor docente en francés e historia con la exploración incansable de los entornos rurales, entregándose por completo a su comunidad.
El dolmen después de realizas las reconstrucciones arqueológicas
Entre los hallazgos más destacados destaca un cuchillo de sílex de hoja alargada, una hoja de puñal de cobre y un prisma hexagonal de cuarzo, evidencia de la compleja red de intercambios y rituales funerarios que tuvieron lugar en este enclave. Las dataciones por carbono-14 sitúan la construcción del dolmen alrededor del 3.000 antes de nuestra era, coincidiendo con el desarrollo de las primeras sociedades agrícolas y ganaderas en la meseta norte.
El entorno inmediato del dolmen incluye un manantial sulfuroso denominado Hervidero de San Vicente, al que apunta la orientación del corredor, sugiriendo una posible relación simbólica entre el agua y los enterramientos. Asimismo, en las rocas cercanas se encuentran numerosas cazoletas y grabados rupestres que, dispuestos en formaciones triangulares o serpentiformes, podrían haber servido como calendario lunar o lugar de ofrendas rituales.
Recopilación de los restos encontrados en el monumento funerario, entre ellos las hojas de sílex encontradas
La intervención arqueológica permitió documentar restos humanos asociados y un ajuar compuesto por útiles de sílex, fragmentos de cerámica y objetos metálicos, cuyos ejemplares se conservan actualmente en el Museo Arqueológico Nacional. Además, estudios recientes con georradar y fotogrametría aérea están mapeando la estructura subterránea y su entorno, anticipando nuevas excavaciones que podrían desvelar aspectos de la vida cotidiana y rituales funerarios en la prehistoria de Sayago.
En las últimas décadas, la Junta de Castilla y León ha impulsado proyectos de señalización y conservación para poner en valor este monumento, instalando paneles explicativos que facilitan la comprensión de su compleja tipología y subrayan su relevancia dentro del Patrimonio Cultural de la comunidad. Estas iniciativas, aunque insuficiente, han contribuido a conservar el dolmen de El Casal del Gato, promoviendo un turismo sostenible y la importancia de proteger el legado arqueológico. Aunque, aún queda mucho camino por recorrer, porque quizá estos esfuerzos no han culminado en su correcta divulgación y valoración histórica, ya no solo del propio monumento funerario sino de su descubridor oriundo desconocido de la ciudad de León.
La recuperación de este dolmen neolítico, perdido en los parajes de Sayago y recuperado gracias a la labor de un monje apasionado por la historia, ofrece una ventana única al pasado remoto de Castilla y León. Cada visita no solo permite admirar las piedras milenarias de su galería, sino también reflexionar sobre las creencias y costumbres de las primeras comunidades humanas que habitaron la meseta.