El Dolmen de Santa Inés, en la provincia de Segovia
El singular dolmen con nombre de santa en torno al cual los 'segovianos' de hace 6.000 años celebraban el fin de año
Refleja un conocimiento astronómico preciso y una intencionalidad simbólica y se ha consolidado como uno de los monumentos megalíticos «más singulares» de la Meseta Norte
El Dolmen de Santa Inés, situado en el término municipal de Bernardos (Segovia), se consolida como uno de los monumentos megalíticos «más singulares» de la Meseta Norte, tanto por su cronología neolítica (en torno al VI milenio antes del presente) como por la «complejidad arquitectónica, simbólica, estética y territorial de su diseño», así como por la prolongada historia de uso del enclave.
El monumento fue construido mayoritariamente con lajas de pizarra, material abundante en el entorno inmediato, «cuidadosamente seleccionado y dispuesto para conformar la cámara funeraria y el corredor», pero con singularidades como la utilización del cuarzo blanco o los hallazgos de piedras de origen volcánico que «evidencian la existencia de redes de contacto y distribución de materiales a larga distancia ya en época neolítica»
La arquitectura del dolmen revela un «notable dominio técnico» y una «clara intencionalidad» en la organización del espacio, integrando el dolmen de forma consciente en el paisaje, según se desprenden las investigaciones llevadas a cabo por el Proyecto Eresma Arqueológico que está dirigido por el arqueólogo segoviano Raúl Martín Vela, que coordina los equipos de campo y los estudios científicos asociados al yacimiento.
La investigación cuenta además con el apoyo y aval científico de Germán Delibes de Castro, Catedrático Emérito de Prehistoria en la Facultad de Filosofía y Letras de Valladolid, uno de los «mayores especialistas» a nivel nacional sobre el fenómeno megalítico en la Meseta Norte y la incidencia del vaso campaniforme, «lo que refuerza la solidez y relevancia científica del proyecto».
Dolmen de santa Inés, en Segovia
Uno de los elementos más sobresalientes del conjunto es el uso intencionado del cuarzo blanco, documentado tanto en el interior del sepulcro como en su estructura tumular. El dolmen presenta un diseño estético de gran calidad, con anillos de cuarzo dispuestos en la base del túmulo, alternando con otros materiales y generando una marcada bicromía entre los tonos oscuros de la pizarra y el brillo claro del cuarzo. Esta alternancia responde a una voluntad estética y simbólica destinada a resaltar visualmente el monumento y dotarlo de una identidad reconocible.
El cuarzo fue además empleado para captar, reflejar y amplificar la luz solar, produciendo efectos lumínicos naturales que iluminaban determinados espacios del dolmen en momentos concretos del año. El simbolismo de la orientación del corredor, alineado con la salida del sol en fechas próximas al solsticio de invierno para la realización de rituales vinculados con el fin del año, ha sido objeto de un estudio científico de referencia internacional, publicado en la revista Journal of Skyscape Archaeology. El artículo está firmado por César González García, doctor en Astrofísica y científico del CSIC, junto con Raúl Martín Vela y Francisco Javier Gutiérrez López, miembros del Proyecto Eresma Arqueológico.
Vista aérea del Dolmen de Santa Inés, en Bernardos REMITIDA / HANDOUT por ERESMA ARQUEOLÓGICO Fotografía remitida a medios de comunicación exclusivamente para ilustrar la noticia a la que hace referencia la imagen, y citando la procedencia de la imagen en la firma 23/12/2025
«El Dolmen de Santa Inés es uno de los yacimientos más importantes de la Meseta Norte. Su arquitectura, su contexto y los materiales recuperados nos permiten entender la complejidad social, ritual y territorial de las comunidades neolíticas que habitaron esta región», ha señalado Martín Vela a Europa Press
Por su parte, Francisco Javier Gutiérrez López ha destacado que la orientación del corredor hacia el sol en los solsticios «no es casual». «Refleja un conocimiento astronómico preciso y una intencionalidad simbólica que vincula el monumento con los ciclos naturales, mostrando la relación profunda que estas comunidades mantenían con su entorno y los astros», ha abundado.
Las excavaciones han puesto de manifiesto que el enclave mantuvo su carácter funerario y simbólico «durante siglos». En el costado noreste del túmulo se han documentado enterramientos posteriores a la fundación del dolmen, datados con alta probabilidad en la Edad del Cobre, lo que confirma la reutilización consciente del monumento como lugar de memoria colectiva.
Junto a estos datos, destaca la aparición de materiales foráneos y considerados exóticos, como las cuentas de variscita, cuyo origen se encuentra actualmente en fase de investigación en un estudio dirigido por el doctor profesor titular de Cristalografía y Mineralogía de la Universidad de Valladolid, Javier Pinto Sanz, así como la localización, en el interior de la coraza tumular, de una piedra de origen volcánico claramente foránea, ajena a la geología local.
«Estos elementos evidencian la existencia de redes de contacto y distribución de materiales a larga distancia ya en época neolítica», ha añadido Raúl Martín.
Ilustración sobre la construcción del Dolmen de Santa Inés
En este contexto, el valle del Eresma desempeñó un papel clave como arteria principal de comunicación entre la Submeseta Sur, a través de los pasos naturales de la Sierra de Guadarrama, y el valle del Duero, favoreciendo la circulación de personas, ideas y objetos, como lo demuestra la presencia de cerámicas campaniformes de estilo marítimo procedentes del estuario del Tajo.
El Dolmen de Santa Inés se integra en un paisaje megalítico excepcional, que convierte a Bernardos en un «referente» para el estudio del megalitismo en el sur de Castilla y León. El municipio alberga otros túmulos prehistóricos y destaca la presencia del crómlech de Cantos Blancos, un monumento «único» en Castilla y León, compuesto por alineamientos y recintos circulares de menhires de cuarzo blanco, situado a apenas 800 metros del dolmen.
Este conjunto ha servido también como escenario para obras de teatro con temática megalítica, que han permitido difundir el patrimonio y recaudar fondos para la investigación arqueológica, añaden desde el Proyecto Eresma Arqueológico.
Financiación
Los trabajos arqueológicos han contado con diversas fuentes de financiación, impulsadas inicialmente por el Ayuntamiento de Bernardos y empresas locales, posteriormente por el Grupo de Acción Local AIDESCOM Campiña Segoviana, y en 2025 cofinanciadas por la Diputación de Segovia y la Junta, con el Ayuntamiento como principal impulsor.
Un elemento fundamental de este proyecto es la participación «activa» de los vecinos de Bernardos, que cada año colaboran en las excavaciones, actividades de difusión y programas educativos, para convertirse así «en auténticos guardianes del patrimonio local» que contribuyen «a reforzar la identidad cultural del municipio».
«Más allá de su valor científico, todo este patrimonio arqueológico constituye un recurso clave para la creación de un foco de atracción de turismo cultural de calidad en el medio rural segoviano, contribuyendo al desarrollo sostenible, a la fijación de población y a nuevas oportunidades económicas, demostrando que la investigación, la comunidad y la puesta en valor del patrimonio son pilares de futuro para Bernardos», añaden desde el proyecto.