ovejas merinas
Soria frente al olvido: la historia de dos jóvenes que mantienen viva la trashumancia con una empresa de mantas
David Ortega Gallardo y Francisco José Ayuso Moreno son los fundadores de Mestas, empresa especializada en mantas elaboradas con lana merina trashumante
La trashumancia fue durante siglos una de las señas de identidad de Soria. Con el paso del tiempo, los rebaños se han reducido y el relevo generacional no ha llegado. En ese escenario surge Mestas, el proyecto empresarial de dos jóvenes que devuelve el valor económico y social al oficio pastoril.
David Ortega Gallardo, soriano, y Francisco José Ayuso Moreno, natural de Hinojosa del Duque (Córdoba), se conocieron hace seis años compartiendo contenidos sobre ganadería, ovejas y vida rural en redes sociales. De aquella afinidad nació primero una asociación centrada en apoyar a los pastores trashumantes y en preservar la biodiversidad ligada a los desplazamientos del ganado.
Ese trabajo previo acabaría desembocando en un paso más ambicioso, el de crear una empresa con raíces en Soria que elabora mantas de lana merina trashumante. «Son piezas artesanales, únicas y de edición limitada», explica Ortega a este periódico.
David Ortega Gallardo y Francisco José Ayuso Moreno, fundadores de Mestas
El corazón del proyecto está en los ganaderos. En la provincia de Soria trabajan con los hermanos Pérez, vecinos del pequeño pueblo de Navabellida y considerados los últimos trashumantes sorianos. Superan los 70 años y continúan recorriendo cada año las cañadas que conectan las sierras de Soria con los pastos del sur. «Son los últimos de toda la provincia», apunta Ortega, que los conoce desde que era adolescente.
Mestas
A esta ganadería se suman la de merino negro autóctono de Álvaro Álvarez Redondo (León) y otra histórica de Trujillo. Tres explotaciones con el denominador común del ovino extensivo, el manejo tradicional y conocimiento profundo del territorio. En el caso soriano, el rebaño pasa los veranos en la sierra y los inviernos en Extremadura, lo que permite a las ovejas alimentarse siempre de pasto verde. Esa forma de vida (dos primaveras y dos otoños al año) tiene un impacto directo en la calidad de la lana.
La lana merina
La lana merina es el hilo conductor del proyecto, no como producto aislado, sino como reflejo del equilibrio entre el ganado y el paisaje. «La lana es un indicador natural del bienestar del animal», comenta Ortega. «Rebaños bien alimentados y en movimiento producen una fibra de mayor calidad», dice. Las lanas con las que trabajan se sitúan entre 21 y 25 micras, un rango adecuado para prendas duraderas y confortables.
El proceso de transformación de la lana es largo y exigente. Comienza con la esquila a finales de primavera y continúa con el lavado (solo quedan dos lavaderos operativos en toda España), el hilado y el tejido, todos ellos realizados en talleres nacionales. Entre el inicio y el resultado final transcurren alrededor de diez meses. No hay atajos ni producción acelerada; es un proceso lento.
Del primer paso a la línea de ropa
Tras una primera etapa en la que el proyecto se dio a conocer a través de mantas elaboradas con lana merina trashumante, la firma ha dado un paso más y está trabajando en su propia línea de ropa. En el horizonte inmediato figuran jerséis, bufandas, gorros y calcetines, prendas confeccionadas en España y con lana procedente de los mismos ganaderos. La filosofía se mantiene intacta: trazabilidad total, producción limitada y valor añadido en origen.
Mantas Mestas
Para Ortega, la clave es demostrar que el campo puede generar economía sin renunciar a sus principios. «No se trata de nostalgia», insiste. «Se trata de que el trabajo del pastor tenga sentido y retorno».
La trashumancia afronta un escenario complejo, marcado por el descenso continuado del ovino extensivo y la dificultad para garantizar el relevo generacional en el sector ganadero. Ortega no oculta que la tendencia de las últimas décadas ha sido la desaparición progresiva de explotaciones y que la vida del pastor trashumante es una de las «más exigentes» del medio rural.
Sin embargo, ve una oportunidad en el momento actual. El cambio climático, la falta de pastos y de agua en el sur y, al mismo tiempo, el abandono de puertos de montaña en comunidades como Castilla y León obligan a replantear los modelos productivos. «Para quien quiera verlo, la trashumancia puede ser una salida real», defiende. Ortega recuerda que España conserva además una extensa red de vías pecuarias protegidas por ley, un patrimonio histórico que ampara los desplazamientos del ganado y que sigue ofreciendo posibilidades para quienes apuesten por este sistema.