La comunidad venezolana de Valladolid
Exiliados venezolanos en Valladolid, entre la esperanza y la cautela: «Delcy Rodríguez no puede desaparecer de un día para otro»
La diáspora en Valladolid pide que «no haya más sangre y que el proceso avance de forma ordenada»
Cuatro días después de la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, la comunidad venezolana en Valladolid empieza a ordenar las emociones. Al impacto inicial, vivido entre la sorpresa y el alivio, le ha sucedido ahora una espera contenida, marcada por la prudencia y la esperanza. «No lo veíamos como algo inmediato, pero sabíamos que tenía que pasar», resume a este periódico Julianny Durán, portavoz de la Asociación de Venezolanos en Valladolid, que define lo ocurrido como «el principio del fin», y pide que «no haya más sangre y que el proceso avance de forma ordenada».
La portavoz rechaza que lo ocurrido pueda calificarse de invasión. «Esto no empieza ahora. Llevamos 27 años de represión, de narcogobierno, de dictadura», sostiene; y recuerda que durante décadas otros países han tenido una presencia directa en Venezuela sin que se levantaran las mismas críticas. «¿Ahora cuentan el petróleo y no cuentan los años de sangre y de miedo de un pueblo que pide libertad?», se pregunta.
Sobre el escenario político que se abre, Durán insiste en la necesidad de una transición gradual. Defiende las palabras del presidente estadounidense Donald Trump, que aseguró que Estados Unidos permanecerá en el país hasta que se produzca un cambio ordenado. «El chavismo sigue controlando todos los poderes del Estado. No puedes desmontar eso de un día para otro sin paralizar el país», explica.
Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela
«Ahora mismo, quienes mandan en Venezuela son Delcy Rodríguez (actual presidenta del país) y Diosdado Cabello, que manejan el aparato militar, judicial y político», afirma. «No se trata de legitimarlos, sino de evitar que el país se paralice. Hasta que no se den las herramientas necesarias, no puedes deshacerte de quienes, estratégicamente, todavía controlan el Estado. Delcy no puede desaparecer de un día para otro».
Venezolanos concentrado en Valladolid el pasado fin de semana junto al alcalde de la ciudad, Jesús Julio Carnero
Respecto al papel de María Corina Machado, considera que «sigue siendo la líder de la oposición, pero no controla los militares ni los grandes aparatos del Estado. Por eso hay nombres que, estratégicamente, tienen que seguir ahí… por ahora».
También lanza un mensaje al Gobierno español y al presidente Pedro Sánchez, tras sus críticas a la intervención de Estados Unidos sobre Venezuela. «Que no nos hablen ahora de principios cuando se ha mirado hacia otro lado durante tanto tiempo», critica.
En Valladolid desde 2016
La historia personal de Julianny es la de miles de venezolanos que hoy viven en España. Abandonó su país en 2016, empujada por la inseguridad y por una experiencia que marcó un antes y un después: su hijo menor fue víctima de la delincuencia. «La vida de mi hijo no valía estar allí», afirma a este medio.
Funcionaria del Estado entonces, asegura que sufrió persecuciones por no ser afín al Gobierno. «Pensar diferente te convertía en sospechosa». Llegó directamente a Valladolid con sus hijos. «Pisé Barajas y de Barajas a Valladolid. Y de aquí no me he movido».
Su familia, como tantas otras, está fragmentada. Parte se encuentra en España, otra repartida por distintos países y apenas quedan algunos mayores en Venezuela. «Sacarlos de su hábitat es como quitarle la vida a un pajarito», explica. Tras conocer la intervención, volvió a contactar con ellos. Estaban lejos de las zonas atacadas, lo que permitió cierta tranquilidad en medio de la incertidumbre.
Hoy, Julianny Durán es hostelera y emprendedora en el medio rural vallisoletano. Regenta un pequeño restaurante en Tordehumos y asegura sentirse plenamente integrada. «Valladolid me acogió desde el primer día. Aquí hemos venido a sumar», afirma. No descarta regresar algún día a Venezuela, pero pone condiciones. «Tienen que darse muchos escenarios. Nos fuimos para buscar una vida mejor y ahora muchos nos hemos preparado para ayudar a reconstruir el país», concluye.
En Valladolid, la comunidad venezolana (unas 3.800 personas, según la asociación) volvió a concentrarse este fin de semana la plaza Zorrilla para mantener viva su reivindicación. «Seguimos saliendo para ser visibles y para explicar que esto no ha sido un capricho, sino el resultado de años de súplicas», afirma Durán.