Detalle del paso 'Sed Tengo' (1612-1616) del escultor Gregorio Fernández procesionado por la cofradía de las Siete Palabras de Valladolid

Detalle del paso 'Sed Tengo' (1612-1616) del escultor Gregorio Fernández procesionado por la cofradía de las Siete Palabras de ValladolidMiriam Chacón

Semana Santa 2026

Gregorio Fernández y su legado espiritual en la Semana Santa de Valladolid

En su taller se formaron numerosos discípulos y colaboradores que difundieron su estilo por toda Castilla

Valladolid no sería la misma sin Gregorio Fernández. Y, desde luego, su Semana Santa tampoco. Cuatro siglos después de su muerte, el escultor gallego afincado en la capital castellana continúa siendo el gran referente de la imaginería barroca española y el alma artística de una de las celebraciones penitenciales más reconocidas del país.

Nacido en Sarria en 1576, Fernández llegó a Valladolid atraído por la presencia de la Corte entre 1601 y 1606. Aquella decisión marcaría para siempre la historia del arte español. En la ciudad instaló su taller, formó a generaciones de imagineros y creó algunas de las obras más conmovedoras del Barroco. Valladolid se convirtió así en el epicentro de su producción y en el escenario donde su legado sigue vivo cada primavera.

El taller de Gregorio Fernández fue uno de los más influyentes de su tiempo. Allí se formaron numerosos discípulos y colaboradores que difundieron su estilo por toda Castilla. Pero fue en Valladolid donde el maestro alcanzó sus mayores cotas de expresividad, especialmente en las obras destinadas a las cofradías penitenciales.

La relación entre Fernández y las hermandades vallisoletanas fue intensa y fructífera. Sus pasos procesionales, concebidos para conmover al espectador y transmitir una profunda espiritualidad, continúan siendo el corazón de la Semana Santa local.

Entre las obras que Fernández realizó para las cofradías destacan algunas de las más emblemáticas de la imaginería española. Para la Cofradía de las Siete Palabras, la obra ‘Sed tengo’ (1612–1616), un conjunto de gran fuerza dramática originalmente conocido como Cristo con sayones. Para la Cofradía de la Pasión Camino del Calvario, también llamado ‘La cruz a cuestas’, una de las escenas más reconocibles de la Pasión vallisoletana.

Detalle del paso 'Sed Tengo' (1612-1616) del escultor Gregorio Fernández procesionado por la cofradía de las Siete Palabras de Valladolid

Detalle del paso 'Sed Tengo' (1612-1616) del escultor Gregorio Fernández procesionado por la cofradía de las Siete Palabras de ValladolidMiriam Chacón

Para la Cofradía de las Angustias realizó ‘El Descendimiento’, hoy una de las piezas maestras del Museo Nacional de Escultura. La Cofradía de la Santa Vera Cruz cuenta con las obras tituladas ‘El Azotamiento’, ‘La Coronación de espinas’ y una segunda versión de ‘El Descendimiento’.

La Cofradía de la Piedad tiene ‘La Quinta Angustia’ (1627), actualmente en la iglesia de San Martín, y el proyecto para ‘El Entierro’.

Detalle del paso 'Camino del Calvario' (1614-1615) del escultor Gregorio Fernández

Detalle del paso 'Camino del Calvario' (1614-1615) del escultor Gregorio FernándezMiriam Chacón

Estas obras no solo son hitos artísticos, sino también símbolos identitarios de la ciudad. Cada año, miles de personas se congregan para verlas desfilar, manteniendo viva una tradición que hunde sus raíces en el siglo XVII.

Pero si hay un género en el que Gregorio Fernández alcanzó una perfección insuperable, ese fue el del Cristo Yacente. Sus representaciones del cuerpo muerto de Cristo, de un realismo estremecedor, se cuentan entre las cimas del Barroco europeo.

Cristo Yacente, de Gregorio Fernández

Cristo Yacente, de Gregorio FernándezAgencia ICAL

Valladolid conserva varios de los ejemplos más sobresalientes, como el Cristo Yacente de San Miguel y San Julián, de sobrecogedora intensidad emocional; el Cristo Yacente del Museo Nacional de Escultura, originalmente encargado para los Jesuitas de Madrid; el Yacente regalado por Felipe IV al Monasterio de San Joaquín y Santa Ana; y otros yacentes en los conventos de Santa Catalina, Santa Isabel de Hungría y la iglesia de San Pablo.

Arquitectura religiosa

La huella de Fernández también se extiende a la arquitectura religiosa. Se le atribuye el Retablo Mayor de San Miguel, una obra monumental que refleja su dominio de la composición. Asimismo, contrató la ejecución del Retablo Mayor de las Huelgas Reales, aunque no llegó a completarlo.

Su influencia trascendió Valladolid, con encargos en Nava del Rey, Tudela de Duero y Madrid, donde destaca el célebre Cristo Yacente del Pardo. Sin embargo, es en la capital castellana donde su obra alcanza su máxima expresión.

Hoy, por tanto, la Semana Santa de Valladolid sigue siendo un museo en movimiento donde la obra del maestro cobra vida. Su obra, profundamente espiritual, continúa viva en cada procesión, en cada templo y en cada mirada que se detiene ante sus imágenes.

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