Procesión de Penitencia y Caridad en Valladolid

Procesión de Penitencia y Caridad en ValladolidLeticia Pérez

Semana Santa 2026

Medio siglo al compás de la fe: la banda de la Preciosísima Sangre de Valladolid celebra su aniversario

Sacrificio, resiliencia y sentimiento de familia definen a una formación que ha sabido reinventarse sin perder su esencia

El sonido de las cornetas irrumpe en el silencio de la ciudad, es Semana Santa en Valladolid y, tras el paso del Cristo, una banda marca el ritmo con precisión, emoción y solemnidad. No es solo música, es historia, es identidad, es legado. La banda de la Preciosísima Sangre cumple 50 años y lo hace convertida en uno de los grandes referentes de la música cofrade de la ciudad.

Medio siglo no se entiende sin esfuerzo. «Para mí es todo un orgullo formar parte de esta historia», explica uno de sus directores musicales, Gerar Hernández. Un orgullo que no oculta la dureza del camino, «cualquiera no puede decir que tiene 50 años como banda y menos en los tiempos que corren».

Si hubiera que resumir estas cinco décadas en una sola palabra, lo tiene claro, «sacrificio». Una idea que comparte con otro director musical, Juan Carlos Olandía quien lo define como «resiliencia». Dos términos distintos que, en realidad, describen lo mismo, la capacidad de resistir, adaptarse y seguir adelante. Sus primeros años estuvieron marcados por la dificultad. «Fueron momentos muy duros y de remar a contracorriente», recuerda Hernández, sobre una etapa que sentó las bases de todo lo que vendría después.

Uno de los puntos de inflexión más importantes llegó con el cambio de estilo musical; en una ciudad con traiciones muy arraigadas, la apuesta no fue bien recibida por todos. «Hubo mucha gente que dio de lado este nuevo estilo», reconoce Hernández. Sin embargo, el tiempo terminó dándoles la razón.

Procesión de Penitencia y Caridad en Valladolid

Procesión de Penitencia y Caridad en ValladolidLeticia Pérez

Hoy, la banda ha evolucionado desde aquellas marchas básicas de corte militar hasta composiciones complejas y elaboradas. «Ahora se tocan composiciones, algunas, dignas de una película», comenta Olandía, reflejando el salto cualitativo que experimentó la formación. Un crecimiento que también se percibe en su repertorio propio, uno de lo más amplios de Valladolid.

La pandemia supuso uno de los momento más delicados de su historia reciente, la pérdida de componentes y la incertidumbre pusieron a prueba la estabilidad del grupo. «Por momentos parecía que remábamos a contracorriente», comentaban. Y, sin embargo, la banda volvió a levantarse.

Este carácter de superación permitió que la formación no solo sobreviva, sino que se consolide como una referencia dentro de la Semana Santa vallisoletana. ¿Cuántas bandas como esta hay en Valladolid?”, plantea Olandía, quien revindica el lugar que ocupa la agrupación tras medio siglo de trayectoria.

Más allá de la música, hay un elemento que ambos directores destacan por encima de todo y es el factor humano. «En la Sangre encontré a una familia que siempre me ha hecho sentir en casa», afirma Hernández, un sentimiento fruto de un trabajo consciente para reforzar los lazos entre sus miembros.

«Buena disciplina»

En los últimos años, las convivencias y actividades fuera de los ensayos cobraron especial importancia, con el objetivo claro de fortalecer la unión. «Somos piezas que tenemos que encajar unas con otras», explica Olandía, «y eso solo se consigue con una buena disciplina». Esta disciplina se refleja en el día a día con ensayos durante todo el año, con mayor intensidad en Cuaresma, atención al detalle y una exigencia constante marcan la rutina de los componentes, todo para llegar a un momento clave: la procesión.

Uno de los momentos más destacados del año para la banda llega cuando participa en dos citas muy señaladas. Por un lado, el Lunes Santo forma parte de la Procesión de la Buena Muerte, que comienza a las 22 horas en Santa María de la Antigua. Por otro, el Jueves Santo la banda acompaña al paso de Cristo en la Procesión del Santísimo Cristo de la Preciosísima Sangre y María Santísima de la Caridad, que se inicia a las 18 horas desde la misma Iglesia.

«Es la recompensa después de todo un año lleno de sacrificio», resume Hernández, un instante en el que todo cobra sentido. Olandía lo describe desde la emoción compartida, «mirar hacia los lados y ver disfrutar a los tuyos, es algo único».

Lejos de ser un grupo cerrado, la banda trabaja para integrar a cada incorporación como parte de la familia. «Tratamos de hacerlo lo más natural posible», señala Hernández, y el resultado es evidente «enseguida se han adaptado muy bien, están aportando muy bien rollo», añade Olandía. El 50 aniversario llega, así, en un momento de estabilidad y crecimiento, pero de lejos de acomodarse, la banda mira al futuro con ambición. «Nunca parar de progresar», insisten, como una filosofía que trasciende la propia música.

En cuanto a esta efeméride, el objetivo es que deje huella a quienes la viven desde dentro. «Queremos que sea inolvidable para los componentes», afirma. Dentro de otros 50 años, el deseo es sencillo pero profundo, que la banda siga existiendo, fiel a su esencia. «Que haya gente que sienta de verdad lo que significa ser de la banda», expresa Hernández, mientras que Olandía lo resume con una una imagen «que sigan detrás de nuestros Cristo siendo su compás».

Por que si algo demostró la banda de la Preciosísima Sangre en este medio siglo, es que su verdadera fuerza no solo está en la música que interpreta, sino en el corazón de quienes la hacen posible. Un latido colectivo que, cada Semana Santa, vuelve a escucharse en las calles de Valladolid.

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