La Fundación soriana Pedro Navalpotro celebra 20 años llevando agua a los más pobres
La Fundación soriana Pedro Navalpotro salva vidas durante 20 años al llevar agua donde no la hay
La construcción de un pozo en lugares donde no hay acceso a agua potable, multiplica los niveles de higiene y salubridad y las enfermedades disminuyen
Hay proyectos que se miden en cifras y otros en vidas transformadas. La Fundación Pedro Navalpotro pertenece a la segunda categoría. Dos décadas después de su creación, su trayectoria se resume en una idea sencilla y cargada de significado: llevar agua donde no la hay.
El balance, según ha reconocido el director de la entidad, Javier Gil, supera incluso sus propias expectativas. «Nosotros mismos nos hemos quedado sorprendidos de lo que hemos conseguido hacer y del número de personas a las que hemos llegado», explica al hacer repaso de estos 20 años.
Detrás de ese recorrido hay una línea de actuación clara y constante, según Javier Gil, que pasa por intervenir en comunidades con graves carencias para mejorar sus condiciones de vida a través del acceso al agua. Una labor que, subraya, ha sido posible gracias a la fidelidad al espíritu de sus fundadores, Pedro Navalpotro y Carmen Beltrán, y a un trabajo sostenido «poco a poco y sin ninguna ayuda externa».
La Fundación soriana Pedro Navalpotro lleva agua a los más pobres
La Fundación celebra este sábado 25 de abril su aniversario con un acto en el Aula Magna Tirso de Molina y realizará un reconocimiento a otras ONGs y entidades con la que ha colaborado en estas dos décadas. Además, junto al Ayuntamiento de Soria ha organizado la exposición ‘Agua Tinta’ en el Palacio de la Audiencia de Soria, que reúne 52 ilustraciones del dibujante El Roto. La muestra aborda temas como el acceso al agua, la escasez y la sostenibilidad, muy ligados a la actividad de la fundación.
Javier Gil ha explicado que el impacto de sus proyectos resulta difícil de cuantificar en términos convencionales. En muchos de los lugares donde actúan, el agua no es solo un recurso escaso, sino una barrera estructural para el desarrollo. «Actuamos en lugares en que no hay agua o donde son las niñas las encargadas de ir a buscarla caminando varios kilómetros, lo que impide su escolarización. En ese contexto, la construcción de un pozo no solo facilita el acceso al agua potable, sino que abre la puerta a la educación, mejora la salud y reduce desigualdades», cuenta.
La intervención va más allá de la perforación, ya que incluye canalizaciones, sistemas de saneamiento y soluciones energéticas como bombas solares y el objetivo es claro: garantizar que el acceso al agua sea estable, seguro y duradero. «Los niveles de higiene y salubridad se multiplican, las enfermedades disminuyen y, en definitiva, se salvan vidas. Agua es vida», resume.
Proyectos en marcha en África
Actualmente, la actividad de la Fundación se extiende por varios países africanos. Entre los proyectos más recientes figuran la instalación de tres cisternas en dispensarios de El Aaiún (Sáhara), la perforación de un pozo en un centro educativo de Zimbabue, la instalación de una bomba solar en Turkana (Kenia) o la ejecución de un pozo con sistema fotovoltaico en Guinea-Bissau.
La selección de estos proyectos responde a un criterio fundamental que es la necesidad real de las comunidades. «No miramos dónde están, sino sus necesidades y, sobre todo, a las personas», apostilla para agregar que a partir de ahí, el patronato evalúa la viabilidad, el impacto y las garantías de sostenibilidad antes de tomar una decisión.
La Fundación insiste en que no basta con ejecutar la obra: es imprescindible asegurar su mantenimiento. Para ello, se fomenta la implicación de la población local, que participa en la construcción, recibe formación y asume la gestión posterior mediante comités del agua o fondos comunitarios.
Aunque su ámbito de actuación es internacional, la Fundación mantiene un fuerte vínculo con Soria. Cada proyecto lleva la identificación ‘Soria-Almazáo’, lo que convierte a la provincia en una referencia simbólica presente en distintos puntos del mundo. «De alguna manera, el nombre de nuestra ciudad está repartido por todo el mundo», ha destacado Gil.
Además, la entidad ha encontrado respaldo institucional en la provincia, especialmente para la organización de actividades culturales y divulgativas.
El camino de esta ONG, sin embargo, no está exenta de dificultades, ya que las condiciones políticas y sociales de los países en los que trabajan obligan en ocasiones a paralizar proyectos ya planteados. A pesar de ello, la Fundación mantiene intacta su vocación. «Visto lo que hemos logrado, nos confirma que estamos en el camino correcto y nos anima a seguir insistiendo en él», resalta.
Con 20 años de historia, la Fundación Pedro Navalpotro ha demostrado que la cooperación puede ser eficaz incluso desde la modestia, y que una iniciativa nacida en Soria puede tener un impacto global con un trabajo silencioso, constante y, sobre todo, imprescindible.