Fragmento de papel con escritura hebrea del Archivo de la Catedral de Segovia
Unos textos inéditos revelan la «amistosa» relación de la Iglesia segoviana con los judíos poco antes de su expulsión
Los documentos aportan nueva información sobre la cultura judía en la España medieval y se conservaron gracias a su reutilización en la encuadernación de libros o para ser usados como carpetas para proteger otros archivos posteriores
Un equipo de investigadores ha sacado a la luz diez textos en hebreo y aljamía conservados en el Archivo de la Catedral de Segovia, todos menos un documento, inéditos hasta el momento que aportan nueva información sobre la cultura judía en la España medieval.
Este trabajo de investigación realizado por Amparo Alba Cecilia, Carlos Alonso Fontela, ambos de la Universidad Complutense de Madrid, y Bonifacio Bartolomé Herrero, de la Universidad Pontificia Comillas y técnico del Archivo de la Catedral de Segovia, ha consistido en editar, traducir y analizar los textos en hebreo y aljamía, esta última lengua romance derivada del latín con la singularidad de ser escrita con signos hebreos.
Datados en el siglo XV y conservados en el archivo de la catedral segoviana, el estudio viene a poner en contexto la convivencia a fines del medievo en Segovia, ya dañada de un modo irreversible, pero que pone de manifiesto la relación cercana y amistosa mantenida entre el cabildo catedralicio y la comunidad judía, cuyo trabajo y profesionalidad era altamente valorado.
Confirma el papel de los artesanos judíos en la transmisión involuntaria de estos textos y la importancia de las bibliotecas catedralicias como depositarias de este patrimonio, que en el caso del Archivo capitular de Segovia funciona de manera ininterrumpida desde hace nueve siglos.
Entre estos diez textos sobresale especialmente por su amplitud y estado de conservación la hoja que contiene un fragmento de una recensión sefardí al Comentario de Rashi al Talmud de Babilonia. Rabí Shlomo Yitzjaki, conocido como Rashi, nacido en Troyes en 1040 y fallecido en aquella misma localidad francesa en 1105, fue uno de los más importantes eruditos y juristas judíos del medievo, y entre sus obras más destacadas se encuentra el Comentario al Talmud de Babilonia, estudio que conoció una extraordinaria difusión ya en vida del autor.
El fragmento del comentario estudiado es el más relevante, por su contenido y extensión, de los textos en hebreo localizados en la catedral segoviana, además del único en el que se pueden apreciar las características del códice original del que procede, al haberse conservado una hoja completa del mismo.
Uno de los textos hebreos que indican la buena relación de la Catedral de Segovia con los judíos
En este sentido, resulta interesante resaltar que el descubrimiento de estos textos se debe a que se conservaron gracias a su reutilización en la encuadernación de libros, o usados a modo de carpetas para proteger otros documentos posteriores, una práctica común no solo en Segovia sino también en numerosas bibliotecas y archivos de toda Europa.
En concreto, cinco de los textos sobre pergamino y papel fueron empleados en el cartonaje de varias encuadernaciones o en el proceso de encuadernación, mientras que las hojas finales de otros dos códices acogen, por su parte, sendas anotaciones en aljamía que parecen estar relacionadas con los pagos correspondientes a la adquisición o encuadernación de esos volúmenes.
Otro de los textos localizados consiste en un conjunto de anotaciones en hebreo sobre novilunios o neomenías (mōladīm), con referencia a los años 5175 a 5178 del calendario judío, año 1415 al 1418 de la era cristiana. Por último, en el dorso de dos billetes de papel, fechados respectivamente el 15 de octubre de 1489 y el 4 de enero de 1490, se encuentran sendas anotaciones en aljamía con un mismo nombre, el del miembro del cabildo catedralicio segoviano Juan Abad.
Otro de los textos en hebreo realizados en letra cursiva sefardí
Los escritos se contextualizan respecto a otros hallazgos españoles similares, valorándose también el papel desempeñado por los encuadernadores medievales que los transmitieron y por la biblioteca catedralicia que los acogió y en la que se conservan. A su vez, estos hallazgos se enmarcan en la «Guenizá europea», expresión para referirse a ese valioso conjunto de documentos relativos al pasado judío medieval de los países del viejo continente.
Al del Archivo de Segovia se unen otros por toda la geografía española, especialmente notorio por número la provincia de Barcelona, la que más acumula, aunque el mapa se extiende a Ágreda (Soria), Alba de Tormes (Salamanca), Calahorra (La Rioja), Cervera (Lérida), Cuenca, Gerona, Huesca, Madrid, Monteagudo y Tudela (ambos en Navarra), Palma de Mallorca, Toledo, Úbeda (Jaén), Valencia y Valladolid.
En conjunto, estos documentos no solo enriquecen el conocimiento sobre la tradición textual hebrea en la Península Ibérica, sino que también ofrecen nuevas pistas sobre la convivencia cultural en la Castilla del siglo XV, poco antes de la expulsión de los judíos, en 1492.
La primera referencia explícita a la existencia de un espacio dedicado específicamente a la custodia, conservación y consulta de los libros y manuscritos en la catedral de Segovia es a últimos del siglo XV. En 1496, el cabildo encargó al canónigo e inquisidor Diego de Espinosa la ordenación y rotulación de los libros «que están en la librería», y realización de un inventario, hoy perdido, de los mismos. Igualmente, le pidió que «recabde los que están fuera de la iglesia en poder de qualesquier personas».
Hoja que contiene un fragmento de una copia del Comentario de Rashi al Talmud de Babilonia
Frente al razonable conocimiento que se tiene de la evolución de la biblioteca como espacio físico desde fines del siglo XV, es mucho menos lo que se sabe del contenido que albergó aquella durante el medievo en la antigua catedral, situada frente al Alcázar. La pérdida de los inventarios antiguos y la falta de otras referencias hacen que solo sea posible acercarse a su composición a través de los ejemplares que se conservan actualmente.
El conjunto de códices y manuscritos que custodia la catedral segoviana carece todavía de un catálogo razonado que permita ofrecer una valoración ponderada de los mismos. En principio, no parece que ninguno de ellos sea anterior al año 1200, correspondiendo la mayoría de los volúmenes al siglo xv.
Con la construcción de la nueva catedral, los fondos del archivo se trasladaron hasta la antigua librería, sobre la sala capitular, ahora convertida en sala de Tapices y Ornamentos Litúrgicos. En la actualidad, es el cuerpo de oficinas el lugar de custodia del patrimonio patrimonio archivístico y documental, cuyo primer documento data del año 1115.