La batalla de Somosierra, por January Suchodolski
Historia
El meteorito que frenó a las tropas napoleónicas y puso en el mapa a un pequeño pueblo burgalés
José Bonaparte se quedó con el fragmento de roca cósmica y se la llevó a París para su estudio ya que no llegó a fundirse, por lo que conserva las características del asteroide del que procede
En Berlangas de Roa, un pequeño municipio burgalés rodeado de viñedos, ocurrió hace más de un siglo uno de esos episodios que parecen argumentos de ciencia ficción: la caída de un meteorito. Un fragmento de roca cósmica atravesó la atmósfera, rugió sobre los campos y terminó incrustado en la tierra, dejando a los vecinos con la boca abierta y a los científicos con un nuevo objeto de estudio. Hoy, aquel suceso sigue despertando la misma mezcla de asombro y preguntas que entonces.
La tarde del 8 de julio de 1811, hace ahora 215 años, una gran detonación alertó a los vecinos de la localidad ribereña. La situación bélica que vivía entonces el país bajo la ocupación de las tropas de José Bonaparte, hizo pensar en los pueblos vecinos que se había producido una explosión de un polvorín de grandes proporciones.
Monumento al meteorito en la localidad burgalesa de Berlangas de Roa
El objeto impactó en las afueras del pueblo, levantando polvo y dejando un pequeño cráter. Los primeros en acercarse fueron pastores y agricultores que, según las crónicas, encontraron una piedra oscura, caliente y con un brillo metálico que no encajaba con ninguna roca local.
Sin embargo, la supuesta explosión dejaba una evidencia: un cráter de donde se extrajeron varias piedras que fueron enviadas a París para su estudio. El meteorito, aunque perdido para el patrimonio de España, se encuentra en el Museo Nacional de Historia Natural perfectamente clasificado con el nombre de 'Berlanguillas'. De hecho, el monumento que existe en el pueblo burgalés es una réplica de aquel cuerpo celeste que recuerda este episodio único en la historia geológica de la provincia.
Imagen de la réplica del meteorito de Berlangas de Roa
El meteorito, tras la apropiación francesa del general Dornesse, que lo llevó a París, se clasificó como una condrita ordinaria de tipo L6, es decir, un meteorito que no llegó a fundirse, por lo que conserva las características del asteroide del que procede.
Su composición, rica en silicatos, hierro y pequeñas inclusiones metálicas, lo convirtió en una pieza valiosa para los investigadores que, a principios del siglo XX, empezaban a comprender que estos fragmentos casi eran cápsulas del tiempo.
Aunque los meteoritos caen con bastante frecuencia, ya que se estima que cada año llegan a la Tierra unas 40.000 toneladas de material espacial, la mayoría en forma de polvo, solo unos pocos generan un impacto visible o son recuperados. Por eso, cada caída documentada como el de Berlanga de Roa, se convierte en un pequeño tesoro para la ciencia.