Nila Valdueza, usuaria de teleasistencia en Pobladura del Valle (Zamora)
Nila, una de las miles de personas de Castilla y León que viven tranquilas en casa gracias a la teleasistencia
El servicio de Cruz Roja atiende a una comunidad autónoma envejecida y dispersa, donde muchas personas mayores viven solas o en pequeños municipios alejados de los grandes servicios
Cada mañana, Nila abre la puerta de su casa como lleva haciendo toda la vida. Sale a dar un paseo cuándo el calor lo permite, riega sus plantas, hace las pequeñas tareas de casa y disfruta del silencio de un pueblo donde todos se conocen. Tiene familia en Madrid, pero ella no quiere marcharse de Pobladura del Valle, en Zamora, en la casa que la vio crecer. «Mientras pueda, quiero seguir viviendo en mi casa», reconoce con una sonrisa.
Hace dos años tomó una decisión sencilla que cambió su tranquilidad cotidiana. Aceptar un pequeño dispositivo en forma de colgante. La teleasistencia de Cruz Roja. No llegó por una caída ni por una urgencia. Fue una recomendación de su nieta y de una vecina. Al principio dudó. Hoy asegura a la Agencia Ical sentirse «contenta y tranquila».
Durante el día lleva el pulsador colgado al cuello y por la noche lo deja sobre la mesilla. Nunca ha tenido que utilizarlo para pedir ayuda, pero reconoce que solo saber que puede hacerlo, le da seguridad. «Le das al botón si te pasa algo», resume. Para Nila, la teleasistencia no sustituye su autonomía, sino que la protege.
Felipe Coomonte, técnico en teleasistencia de Cruz Roja, visita a Nila Valdueza en Pobladura del Valle (Zamora)
Su historia es parecida a la de otras 5.083 personas que utilizan teleasistencia de Cruz Roja en Castilla y León. Una comunidad envejecida y dispersa, donde muchas personas mayores viven solas o en pequeños municipios alejados de los grandes servicios. Solo en la provincia de Valladolid hay 1.379 usuarios, mientras que Salamanca y León superan los 800 cada una.
Quien no conoce el servicio suele imaginar una alarma que solo se utiliza cuando alguien se cae. En la rutina de Nila ocurre justo lo contrario. Las llamadas forman parte de su día a día. Desde el centro de atención la llaman para preguntarle cómo se encuentra, comprobar que todo sigue igual o simplemente conversar unos minutos. Incluso recuerdan felicitarla el día de su cumpleaños. Ella responde con naturalidad. «Me preguntan qué tal estoy y les les cuento la verdad. Les digo que voy tirando», confiesa.
Durante el último año, Cruz Roja atendió 385.218 llamadas relacionadas con la teleasistencia en la Comunidad, una media superior a 1.050 cada día. Y alrededor del 80 por ciento no estuvieron motivadas por emergencias, sino por seguimientos preventivos y acompañamiento.
Detectar cambios
Felipe Coomonte, técnico de teleasistencia en las oficinas comarcales de Benavente, conoce bien esa realidad. «La gente sigue pensando que esto es un botón para cuando alguien se cae. Pero nuestro trabajo consiste sobre todo en acompañar, detectar cambios y adelantarnos a los problemas antes de que se conviertan en una urgencia», explica.
Collar de teleasistencia
Cuando ocurre una incidencia, el centro de atención responde en un máximo de 40 segundos, al movilizar a familiares, vecinos de confianza o a los servicios sanitarios, si es necesario.
Antes de incorporarse al servicio, Nila tuvo que elegir a las personas que podrían acudir rápidamente a su casa si alguna vez ocurría algo. Una vecina y otra persona cercana al pueblo conservan una copia de las llaves de su vivienda. También avisa cuando va a pasar varios días fuera para evitar alarmas innecesarias si desde el centro intentan localizarla. «Si ocurre cualquier cosa, tienen que ser contactos cercanos», explica Felipe, ya que la rapidez resulta «esencial» en una emergencia. Son pequeños detalles que apenas se ven, pero que forma parte de esa red de apoyo que le permite seguir viviendo sola con seguridad.
Felipe Coomonte y Nila Valdueza, en la localidad zamorana de Pobladura del Valle
El servicio también cuenta con un recurso complementario de transporte adaptado. Nila lo utiliza para acudir a consultas o pruebas médicas. Ella asegura que siempre llama «unos días antes para avisar» y así asegurarse el servicio. Reconoce que disponer de esa posibilidad es de «gran ayuda» cuando necesita acudir al médico.
Seguridad, cercanía y seguimiento
Esa voluntad de permanecer en el domicilio es una de las claves de la teleasistencia. El recurso no sustituye al entorno familiar a ni a otros apoyos sociales o sanitarios, pero sí ofrece una red adicional para que las personas puedan seguir en casa con más seguridad.
Nila lo resume con una frase mucho más sencilla. «De momento, me voy valiendo sola». Y mientras pueda abrir cada mañana la puerta de su casa, regar sus plantas y pasear por las calles de Pobladura del Valle, el pequeño pulsador que lleva colgado no será un símbolo de dependencia. Será, simplemente, la tranquilidad de saber que, aunque viva sola, nunca está del todo sola.