08 de diciembre de 2022

El ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, y la consellera de Presidencia, Laura Vilagrà

El ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, y la consellera de Presidencia, Laura VilagràEFE

Catalangate

Un estudio de una universidad americana cuestiona el informe que sustentó el espionaje con Pegasus a los separatistas

Según el estudio de Jonathan Scott, en el 55 % de los casos no se puede demostrar que los teléfonos de los independentistas catalanes fueran infectados por Pegasus

Un estudio de Jonathan Scott, un investigador de la Northcentral University de Estados Unidos titulado Destapando Citizen Lab, una revisión analítica y técnica, desaprobando el Catalangate revela que el trabajo de Citizen Lab de la Universidad de Toronto que dio pie a tormenta política que culminó con el cese de la directora del CNI, Paz Esteban, es un documento poco solvente y con contradicciones éticas.
Scott que cuenta con un máster del Colorado Tech, además de estar doctorado y ser un experto en ciberseguridad, publicó sus conclusiones a primeros de julio en un extenso documento de más de 60 páginas al que El Debate ha tenido acceso exclusivo.

Contradicciones éticas

El estudio cuestiona las capacidades para realizar el trabajo de Elies Campo, autor del informe y a la vez vinculado a OMNIUM cultural. Además, Scott pone de manifiesto incompatibilidades éticas por parte de Citizen Lab, dado que dicho Think tank ha recibido donaciones de la Fundación Sociedad Abierta. Una organización que, a su vez, ha recibido financiación desde Cataluña y ha realizado documentales de apoyo al independentismo a nivel internacional como por ejemplo: Cataluña: España al borde de un ataque de nervios, que fue emitido, entre otros países en Francia. Jonathan Scott afirma que la vinculación que el director de Citizen Lab, Ron Deibert, tiene con Amnistía Internacional (AI) le incapacita para analizar nada que haya sucedido en Cataluña, dado que dicho documental tuvo financiación de AI, lo que convierte a Deibert, al igual que a Campo, en actores interesados y de parte.
En definitiva, Jonathan Scott establece vínculos personales y financiación cruzada entre personas y el Citizen Lab con el independentismo catalán hecho que quita toda imparcialidad al documento que luego fue publicado por The New Yorker.

Falta de pruebas

Más allá de las contraindicaciones éticas, el investigador norteamericano, experto en ciberseguridad y malware, analiza el informe y los afectados caso a caso y establece que en el 55 % de las casos no se puede establecer que Pegasus infectara sus teléfonos ni cuándo. Scott pone de manifiesto que estudios independientes revelan que el 88,9 % de los casos que se creen afectados por Pegasus son falsos positivos. En el caso del Catalangate hay infinidad de teléfonos en los que no se puede demostrar con rigor si fueron infectados ni cuándo. Entre los casos que el experto de la Northern University ponen en duda están los de los teléfonos de Artur Mas y Arnaldo Otegui.

Sin rigor

El apartado de conclusiones es demoledor, Scott afirma que estamos frente «a un descubrimiento científico factual, una amenaza mundial. Así como los informes médicos exigen prueba de reclamación que puede ser verificada, lo mismo se aplica a las acusaciones de infección por spyware».
Para Scott, en el caso del informe de Citizen Lab «se ha dejado de lado la verificación y validación de la ciencia». El autor del informe muestra su decepción por la falta de rigor de la información y afirma que «muchas personas que creen haber sido infectadas en realidad no lo han sido».

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