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28 de mayo de 2024

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont (d) conversa con el vicerpresidente del Govern y conseller de Economía, Oriol Junqueras

El líder de Junts, Carles Puigdemont, y el presidente de ERC, Oriol JunquerasEFE

Independentismo

ERC tira la toalla y se entrega a Puigdemont como negociador único

ERC consiguió el indulto, la mesa de negociación, la reforma del código penal, el blindaje del catalán como lengua única en la administración, pero ahora se ve condenada a una elección diabólica; o entrega el protagonismo a Puigdemont o se repiten las elecciones

Carles Puigdemont optó por un escenario poco institucional y anodino; el Thon Hotel, cerca del Parlamento Europeo, para presentar su exigente lista de demandas a Pedro Sánchez. Entre los 50 asistentes, además de lo más granado del independentismo catalán, algunas figuras peculiares como la representación del Gobierno del Tíbet en el exilio –que quizás no sea muy del agrado de los amigos rusos del expresidente catalán por aquello que son enemigos de los chinos– o el Congreso Mundial Ligur, un grupo pseudoseparatista italiano del noroeste de Italia. Y es que los seis años que Puigdemont ha permanecido huido en Bruselas han sido más que suficientes para que algunos de sus apoyos iniciales hayan ido tomando distancia hasta quedarse solo con el calor de ciertos grupos irrelevantes o folklóricos del amplio universo bruselense.
El independentismo se abonó hace tiempo a las jornadas históricas, y hoy Puigdemont no ha defraudado al afirmar que «si se firma un pacto sería lo más importante que ha sucedido en Cataluña desde 1714». Dado que el separatismo catalán siempre busca momentos históricos en los que reafirmarse podemos concluir que, si en 1625 los holandeses se habían rendido a las tropas españolas en Breda, casi cuatrocientos años más tarde –a poco más de 100 kilómetros de allí– las huestes de ERC entregaron las llaves de la negociación que podrían haber pertenecido al actual presidente de la Generalitat, Pere Aragonés, a su prófugo predecesor, Carles Puigdemont.
Puigdemont habló para los independentistas, a los que quiso transmitir la idea de que no les defraudará ni negociará a la baja. Para reafirmar su liderazgo indiscutido tras la conferencia ha celebrado en el mismo hotel una reunión en la que han participado tanto los partidos como las asociaciones más importantes del separatismo catalán. ERC, que ha enviado a dos diputados al congreso, Ómnium, con su líder al frente, la ANC, la CUP, con su portavoz parlamentario encabezando la delegación, etc.
Ni tan siquiera el «moderado» Xavier Trias, que perdió la alcaldía de Barcelona por el acuerdo del PSC y los Comunes, que ahora cortejan indisimuladamente a su jefe, ha dejado pasar la oportunidad de alabar a Puigdemont haciendo público en redes sociales «el orgullo por el liderazgo ejercido por Puigdemont». La portavoz del Ejecutivo catalán, Patricia Plaja, ha declarado tras la conferencia de Puigdemont que entre el Gobierno y las peticiones del prófugo hay «coincidencias de intereses y objetivos».
La incapacidad de ERC de marcar la pauta de la negociación con el PSOE solo se explica porque Junts haya exigido tener todo el foco para ellos. Tras cinco años de relación que facilitó a Sánchez tanto la presidencia del Gobierno en una moción de censura como la investidura –así como la aprobación de los presupuestos–, nadie acierta a adivinar cuáles son los motivos por los que el protagonismo de ERC se ha fundido como un azucarillo.
ERC consiguió el indulto, la mesa de negociación, la reforma del código penal, el blindaje del catalán como lengua única en la administración, pero ahora se ve condenada a una elección diabólica; o entrega el protagonismo a Puigdemont o se repiten las elecciones. Cuando los republicanos protestan ante los socialistas por su marginación estos amagan con forzar la repetición electoral y responsabilizarlos a ellos.
Puigdemont ha tenido un buen día. La prensa internacional de forma unánime –desde Bloomberg pasando por el Financial Times, Le Figaro, The Times o Reuters– han puesto de manifiesto que España está en manos de las «altas exigencias de Puigdemont».
Las cuatro demandas de Puigdemont ya son conocidas: reconocimiento de la legitimidad democrática del independentismo, abandono de la vía judicial, mecanismo de verificación y acuerdos internacional como único límite de negociación que se traducen en perdón para todos aquellos que cometieron delitos contra las libertades públicas, monetarios o altercados como cortar carreteras, vías de tren o hacer arder contenedores, regreso inmediato a España de Puigdemont, posibilidad de presentarse a las próximas elecciones y fecha y formato de un referéndum de independencia. Lo demás, como, por ejemplo, las competencias en materia ferroviaria o de inmigración, es la pedrea.
Puigdemont, en nombre de todos los partidos del Frankenstein, ha puesto deberes a Sánchez. El Consejo Europeo del día 19 de este mes de septiembre debe abordar y aprobar la oficialidad del catalán, el vasco y el gallego en las instituciones europeas. Es, según él, la primera prueba, verificable, de la voluntad de acuerdo histórico de Pedro Sánchez. El día 20 Puigdemont volverá a hablar, la Diada habrá pasado y solo faltará una semana para la investidura fallida de Feijóo.
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