Procesión de Semana Santa frente a la Catedral de Barcelona
Semana Santa 2025
Del oficio de tinieblas a la mona con huevos duros: así se celebraba la Semana Santa en Cataluña
Un repaso a las tradiciones de antaño de la Semana Santa en tierras catalanas
En la Cataluña de antaño, tanto el Jueves Santo como el Viernes Santo eran festivos, por acuerdo del Consejo de Ciento de Barcelona, desde el año 1482. Nadie trabajaba y los comercios permanecían cerrados. Esta tradición se rompió en 1868, cuando una disposición real aprobó que eran días laborables.
A pesar de ello la tradición continuó. No se mataban animales, ni tampoco circulaban vehículos por las calles y la gente permanecía encerrada en sus casas. Todo quedaba parado en esos dos días. En las casas, las mujeres no podían cocinar ni hacer tareas domésticas a partir de las 10 horas del Jueves Santo. Había sido tradición parar los relojes y no volverlos a poner en marcha hasta el toque de aleluya del Sábado de Gloria.
Como las campanas dejaban de sonar de jueves a viernes, para avisar a la gente de los oficios se utilizaba una matraca. En las iglesias se decoraba un túmulo, conocido como monumento, que representaba el sepulcro de Jesús. Dos eran famosos en Barcelona: el del hospital de leprosos de San Lázaro y el de la iglesia de San Miguel. En total, a mediados del siglo XIX, 61 iglesias barcelonesas se guarnecían para Semana Santa. Era obligatorio que los matrimonios fueran cogidos del brazo para visitar estos monumentos.
El oficio de tinieblas
El Jueves Santo, por la tarde, se celebraba el oficio de tinieblas. En el altar mayor se colocaba un candelabro con 15 cirios, 14 de color amarillo y uno blanco. Representaban a los 12 apóstoles y las tres marías. Se decían 15 salmos y se apagaba un cirio. El cirio blanco representaba a la Virgen María.
Un tenebrario, con las 15 velas
Antes de decir los salmos y apagar los cirios se hacían «els fasos», que consistía en dar golpes en los bancos o confesionarios, con una especie de garrote, para hacer mucho ruido. Esto simbolizaba el desorden y la confusión que reinó después de la muerte de Jesús.
Después del oficio, y antes del rezo de la tarde, se hacía el lavatorio de pies y manos a 12 pobres, a los que luego se les daba ropa, comida y dinero. Posteriormente salía la procesión de la archicofradía de la Purísima Sangre de Nuestro Señor, vinculada a la iglesia del Pi de Barcelona.
La gente salía a la calle para verla, pues era el único acto religioso y popular, ya que los teatros estaban cerrados hasta el Sábado de Gloria. Aquel día, para cenar, se comían guisantes, huevos y bacalao. En las poblaciones de montaña, bacalao con pasas y piñones.
Viernes Santo
El Viernes Santo, la tradición popular decía que Jesús estuvo en la cruz hasta las 10 de la mañana. A partir de esa hora uno podía hacer trabajos vulgares, porque Jesús ya no sufría. A primera hora de la mañana salía la procesión conocida como de la aurora. También tenía lugar el «sermó de la bufetada» (sermón de la bofetada).
Sobre el mediodía, en las iglesias, se hacía la función de las siete palabras, también conocida como de las tres horas, en alusión a las que Jesús estuvo clavado en la cruz. En las iglesias, sobre el altar mayor, se colocaban tres cruces y, al acabar el último sermón, se representaba el terremoto que experimentó la tierra cuando Jesús murió. También en algunas iglesias se representaba el oficio de las siete palabras.
Antiguamente, ese día se indultaba a todos los condenados a muerte. En Barcelona, por la tarde salía la procesión de la Virgen de la Soledad, desde la iglesia de la Merced. La gente solía comer garbanzos con salsa, albóndigas de bacalao y croquetas de Santa Teresa, también conocidas como torrijas.
La tradición dice que si ese día, a las 15 horas, se le piden tres gracias al Santo Cristo de Lepanto de la Catedral de Barcelona, como mínimo se le concederá una. A esa hora no moría ningún cristiano, porque era la hora en la que murió Jesús.
Caramelles y la Mona
El Sábado, a las 10 de la mañana, las campanas de las iglesias tocaban a gloria y se empezaban a cantar las conocidas «caramelles». Estas son canciones populares que se interpretan para celebrar la resurrección de Jesús. Son grupos de personas que iban por la calle, de casa en casa, y recibían a cambio de esas canciones huevos y dinero. Con lo recogido, hacían una comida el Lunes de Pascua.
Después del aleluya se daba por finalizada la Cuaresma y las iglesias desmontaban los monumentos. También, después del aleluya, abrían de nuevo las carnicerías que llevaban siete semanas cerradas. Aquel día tenían la obligación de vender ternera. Era la carne más apreciada y se descartaba el buey o la vaca.
La gente llevaba los huevos que habían recogido durante esas semanas a las iglesias para que fueran bendecidos. Eran huevos duros. Una vez fuera de la iglesia, la tradición permitía regalarlos a aquellas personas que significaban algo para uno. Tanto familiares como amigos. Era una demostración de amistad recibirlos.
Como ya había acabado la Cuaresma y se podían ver espectáculos, se organizaban representaciones de títeres en las calles o plazas. Llegados al Domingo de Gloria o Resurrección. La tradición era que el padrino regalara la «mona» a sus ahijados. Esta tradición ha cambiado mucho a lo largo de los años y más desde la introducción del chocolate.
Antes de esto la mona era un pastel hecho con harina, azúcar y otros dulces. Se le colocaban tantos huevos como años tenía el ahijado o ahijada. Esta tradición se mantenía hasta que este hacía la Primera Comunión. La costumbre era hacerla a los 12 años, con lo cual la mona más grande llevaba 12 huevos duros.
Una mona de Pascua con huevos duros
Luego las pastelerías empezaron a modificarlas y hacer estructuras diferentes al tradicional roscón con huevos. Como curiosidad cabe decir que en el año 1925, se vendieron 100.000 monas: para ello se emplearon 300.000 huevos y 120 sacos de azúcar. En las iglesias se celebraba el misterio de las Tres Marías, que son las que fueron a ungir el cuerpo de Jesús y vieron que había resucitado. Por la tarde era costumbre inaugurar la temporada teatral. También ese día se cantaban caramelles.
El Lunes de Pascua era festivo. Las familias aprovechaban ese día para marcharse a la montaña para pasar allí el día. En algunas poblaciones se organizaban los llamados aplecs. La tradición era cocinar algún tipo de carne, pasar el día, oír caramelles, bailar, y regresar a casa por la tarde para, al día siguiente, volver a la normalidad.