La Sagrada Familia

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Historia

Los desconocidos orígenes carlistas de la Sagrada Familia de Gaudí

Cómo un grupo de conservadores y josefinos, con influencia carlista, impulsaron la construcción del emblemático templo modernista que Gaudí transformó para siempre

En la revista Destino, Josep Pla recordó que la Asociación de josefinos, integrada mayoritariamente por gente de ideología carlista, había encargado a Gaudí la continuación de las obras del templo de la Sagrada Familia. Éste comentario de Pla hizo que, años después, el partido Carlista publicara un calendario, donde se podía leer «un grupo de carlistas de Barcelona encargó en 1883 a su amigo Antonio Gaudí la construcción de La Sagrada Familia».

El comentario de Pla tiene parte de razón. Si bien algunos carlistas promovieron la construcción de la Sagrada Familia, en concreto el Padre Josep Manyanet y Joan Martorell, una parte importante de josefinos eran alfonsinos.

En 1866 José María Bocabella fundó, en Montserrat, la Asociación Espiritual para la Devoción a San José. Esta organización fue conocida, a partir de entonces, como josefinos. La fundación estuvo motivada por dos aspectos. En primer lugar, implorar a Dios a través de la intercesión de San José. Y, en segundo lugar, el triunfo de la Iglesia, en esos momentos peligrosos y difíciles que invadían al mundo en general y a la España católica en particular.

Se cuenta que Bocabella era conservador y monárquico. Se negaba a comer alimentos franceses, porque sus recetas procedían de la tierra de Voltaire y Napoleón. En diciembre de 1866 apareció el primer número de una revista que propagaría el pensamiento de los josefinos, llamada «El Propagador de la Devoción a San José». Bocabella tenía la idea de construir un Templo –catedral no, porque ya había una en Barcelona– dedicada a San José, a la Virgen y a Jesús. Deseaba construir la «casa pairal» de Dios en la tierra. Para dicho efecto, se pidió la contribución de los suscriptores. Se recaudaron 15.000 pesetas, con lo cual se pudo comprar un terreno en el Ensanche barcelonés, todavía en construcción en aquella época.

La idea no es original de Bocabella. El verdadero impulsor fue el Padre Josep Manyanet, de reconocida adscripción carlista. En 1864 fundó los Hijos de la Sagrada Familia Jesús María y José, y en 1874, las Hijas de la Sagrada Familia que más tarde se llamarían Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret. El 17 de diciembre de 1901 falleció en Barcelona. Fue declarado Beato por Juan Pablo II el 25 de noviembre de 1984.

El 24 de junio de 1869, el Padre Manyanet escribió al obispo de la Seu de Urgel, José Caixal, proponiéndole la construcción de un magnífico templo expiatorio «al glorioso patriarca San José, Patrón de la Iglesia universal y Restaurador de España». Para el Padre Manyanet, la Sagrada Familia era el modelo para las familias cristianas. Descubrir y proponer este modelo es el objetivo apostólico primordial de sus institutos y de las asociaciones nacidas al amparo de sus obras. Para ponerlo al alcance de todos publicó varias obras y divulgó algunas prácticas de devoción, como el Trisagio a la Sagrada Familia. Como fruto de este ideal tuvo la inspiración genial de un templo que sirviera de cobijo a las familias de todo el mundo. Así nació el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia de Barcelona.

Gaudí no fue su primer arquitecto. Bocabella escogió a Francisco de Paula del Villar Lozano. Éste presentó un proyecto que desagradó tanto a Bocabella como a los otros miembros de la Asociación. Así y todo, en 1882 se colocó la primera piedra. Villar no duró mucho tiempo pues, un año después decidió retirarse del proyecto. En 1884 se eligió a Gaudí para llevar a la práctica el proyecto. ¿Por qué Gaudí? Hay dos teorías al respecto. La primera sería que convenció a los conservadores josefinos que era más católico que el Papa. Una segunda teoría apunta la mano de dos de sus mecenas. Esto es, el marqués de Comillas y el conde de Güell. Sea como fuere, Gaudí, con treinta y dos años, inició un proyecto que no dejaría hasta su muerte. No tenemos que olvidar al arquitecto Joan Martorell, también carlista, el cual recomendó a su ayudante, Antonio Gaudí, a Bocabella.

Martorell no quiso hacerse cargo de la obra, por razones de ética profesional, al haber sido él quien emitió el peritaje sobre el trabajo de Villar. Así pues, no es que un grupo de carlistas le encargaran la construcción, como decía el calendario antes mencionado; sino que un grupo de personas, entre ellas algunos carlistas, pensaron en Gaudí en el momento de sustituir a Villar.

Sobre el proyecto inicial de Villar, Gaudí lo transformó completamente. El de Villar era demasiado conservador por su concepción neogótica. Lo reestructuró y lo modificó hasta convertirlo en una obra emblemática del modernismo catalán. Con respecto a la relación de Gaudí y Bocabella escribió Josep Pla que «era un pequeño librero. No lo digo para criticarle. Sencillamente me refiero a que su sensibilidad, sus ideas, su concepción de las cosas, y su profundidad religiosa eran diametralmente opuestas a las de Gaudí». Esto que, en un primer momento los podía haber separado, los unió. Gaudí, desde el primer momento, tuvo absoluta libertad para hacer y deshacer. La Sagrada Familia sería la gran obra de los josefinos y tenían a su lado a un joven arquitecto con espectaculares ideas, lo cual daría grandeza y realce a la obra.

Francisco Berenguer Mestres (1866-1914), ayudante de Gaudí, era un destacado miembro del Carlismo catalán. Berenguer se convirtió en la mano derecha de Gaudí. Entró en el obrador del arquitecto a los 19 años. Era hijo del maestro de la escuela primaria a la que asistió Gaudí en Reus. Nunca acabó la carrera de arquitectura, lo cual le impedía firmar sus obras. Su proyección no ha sido tan grande como la de su maestro, al quedar eclipsado por éste y por su prematura muerte. De las muchas obras católicas, tradicionalistas y social-católicas que construyó Berenguer en Barcelona destacamos el Santuario de Sant Josep de la Muntanya.

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