Salvador Illa y Pedro Sánchez, en una imagen de archivo
Política
Sánchez envía a Illa a Bruselas para culminar el blanqueamiento del prófugo Puigdemont: «Ahora toca»
La reunión que protagonizará hoy con el presidente catalán es una muestra más del 'borrado' de los delitos del líder separatista
Desde que Carles Puigdemont huyó de España el 29 de octubre de 2017, para evitar entrar en la cárcel tras el fracaso del último órdago del procés, su figura ha experimentado sucesivas mutaciones. Pasó de ser una suerte de líder moral para el independentismo más recalcitrante, perseguido por el inmisericorde Estado español, a caer lentamente en la irrelevancia, a medida que pasaban los meses y la vida en Cataluña seguía sin que él pudiera hacer más que escribir tuits.
Para cuando Pedro Sánchez convocó elecciones en verano de 2023, los poderes en la sombra de Junts ya estaban buscando un relevo al prófugo. Sin embargo, un inesperado golpe de suerte le rescató del olvido: la compleja aritmética salida de las urnas llevó a que los siete diputados de Junts –uno menos que en la anterior legislatura– capitaneados por Miriam Nogueras, voz de Puigdemont en Madrid, fueran claves para que Sánchez se mantuviera en el Gobierno.
Casi de inmediato, Puigdemont dejó de ser un delincuente fugado de la justicia y con varias órdenes de detención, pendiendo sobre él como espadas de Damocles. Como por arte de magia, se metamorfoseó en un actor político legítimo y honesto, con quien se podían mantener reuniones y alcanzar acuerdos de calado nacional.
Un proceso de blanqueamiento
Las semillas de este proceso de blanqueamiento, no obstante, se habían venido plantando durante la XIV legislatura. Según reveló recientemente el eurodiputado de Sumar Jaume Asens en su libro Els anys irrecuperables, él mismo y el entonces vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, mantenían un grupo privado de Telegram con Puigdemont y el también prófugo Toni Comín.
Asens asegura, incluso, que Iglesias llegó a reunirse con Puigdemont personalmente mientras formaba parte del Gobierno, en encuentros que «nunca trascendieron», escribe. Pasadas las elecciones de 2023, no obstante, todo se precipitó, y la primera en romper el tabú de las visitas al prófugo fue la vicepresidenta del Gobierno Yolanda Díaz, que viajó a Bruselas en septiembre de 2023, en plenas negociaciones para atar la investidura de Sánchez.
Desde el PSOE hicieron el amago de desmarcarse, pero la visita de Díaz había sido el canario en la mina. Ante la falta de grisú, los socialistas se quitaron la careta y, apenas dos meses después, firmaban con Puigdemont el llamado «pacto de Bruselas», obtenido gracias a la relación de confianza que trabó con el entorno de Puigdemont el entonces secretario de organización de los socialistas, hoy caído en desgracia, Santos Cerdán.
Carles Puigdemont y Santos Cerdán, durante una de sus reuniones
Durante los próximos dos años, y hasta ahora –como ha venido contando El Debate–, socialistas y juntaires han venido reuniéndose mensualmente en secreto en Bélgica y Suiza para concretar las cesiones de Sánchez a los nacionalistas. Cerdán ejercía de portavoz de Sánchez, a veces acompañado por José Luis Rodríguez Zapatero, que tomó el relevo cuando antes de verano salió a la luz el informe de la UCO que dejó al exnúmero tres del PSOE fuera del tablero de juego.
Illa y Puigdemont
Este martes, no obstante, el proceso de blanqueamiento al prófugo Puigdemont entrará en una nueva fase, con la reunión anunciada hace unas horas entre el líder de Junts y el presidente de la Generalitat de Cataluña, Salvador Illa. Será una reunión con la que Sánchez espera aplacar a Puigdemont, aplicándole la «amnistía política» que lleva meses reclamando el gerundense mientras espera la decisión del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) sobre la Ley de Amnistía.
El encuentro tendrá lugar sobre las 16 h, en la sede de la delegación de la Generalitat en Bruselas, y no en la embajada española ante la UE, donde Puigdemont tendría que ser detenido. Desde Junts se hacen los dignos, asegurando que la reunión «llega tarde» y que ya habían dejado de reclamarla.
Por su parte, Illa aseguraba este lunes en una entrevista en TV3 que la reunión fue iniciativa suya –«ahora toca», dijo– y que se debe a una voluntad de mantener el «diálogo». Esto mismo aseguraba Sánchez en su entrevista de inicio de curso en TVE, desvinculando el encuentro entre los dos políticos catalanes de las negociaciones para los presupuestos de 2026.
Diga lo que diga en público Sánchez, en privado a nadie se le escapa que el líder socialista necesita desesperadamente el apoyo de Puigdemont para no seguir arrastrando unas cuentas caducadas, y que la visita de Illa –cuidadosamente preparada durante este mes de agosto– también se enmarca en este contexto.