El presidente de EEUU, Donald Trump, en una imagen de archivo

El presidente de EEUU, Donald Trump, en una imagen de archivoCONTACTO vía Europa Press

El delirio nacionalista

La ocurrencia nacionalista que enojaría a Trump: dicen que EEUU copió su bandera de la ‘senyera’ catalana

Un estudioso del Institut Nova Història defiende la presunta catalanidad de la bandera norteamericana

Uno podría fabular que George Washington era de origen catalán: podría pensar que su apellido real sería Guasch i Ton, y que un antepasado suyo huyó de España, junto con Cervantes. Podría aventurar que, mientras el escritor tomó como apodo el nombre de William Shakespeare, el otro, un tal Llorenç, se hizo llamar Lawrence Washington, que curiosamente es el tatarabuelo del primer presidente de los Estados Unidos.

El párrafo anterior es pura fantasía, una locura sin base… pero que se acerca peligrosamente a algunos de los postulados de los historiadores nacionalistas catalanes, que han afirmado –entre otras lindezas– que Artur Mas desciende de Erasmo de Rotterdam, que Leonardo Da Vinci pintó La Gioconda en Montserrat o que santa Teresa era catalana. De hecho, en el Institut Nova Historia (INH) defienden una tesis muy parecida a nuestra fantasía inicial.

El pseudohistoriador Jordi Bilbeny, uno de los nombres más destacados del INH, defiende que la bandera americana de barras y estrellas es un plagio de la senyera catalana. Y también que EEUU tiene más de Cataluña que de Inglaterra o España. En concreto, Bilbeny afirma lo siguiente:

El nuevo continente fue descubierto, conquistado, evangelizado y poblado por catalanes, y los escudos y banderas catalanas aparecen en multitud de planifesferios, mapamundis y cartas de navegación; en múltiples grabados, pinturas, libros y banderas, tanto de naves como de ejércitos.

Ahora es más fácil interpretarlo: la bandera de EEUU sólo y únicamente tiene la catalana como trasfondo. Barras rojas idénticas. Si, además, miramos atrás en el tiempo, veremos cómo estas barras se van reduciendo a cinco, cuatro, tres y dos.

El tema fundamental es que la senyera tiene el fondo amarillo, llamémoslo oro, y la de los Estados Unidos blanco, llamémoslo plata. ¿Por qué habrían cambiado el oro por la plata? Aquí Bilbeny también tiene una explicación. Los estadounidenses quisieron independizarse de Inglaterra, de un reino. Y como que no querían ser un reino, sino una república, cambiaron el amarillo por el blanco. En sus palabras:

Es evidente que si la catalana con el oro era una bandera real, y lo que quería construirse era una república, y la bandera resultante de esta república es idéntica a la real, pero con el oro cambiado. En lógica, se puede deducir que la plata podría ser el metal de la república, o una de las brisuras con las que una futurible república catalana podría haberse dotado.

Carlistas en América

Bilbeny concluye que «queda patente que la bandera americana no se puede comprender sin el patrón catalán». Esta teoría conecta con otra teoría, esta nacida en el seno del tradicionalismo español. La podemos leer en un artículo de la revista Ahora Información, en 2003, que decía lo siguiente:

La causa rebelde contó entre sus filas con notables carlistas, pues el Carlismo hizo suyos los principios de la secesión americana. Había familias de carlistas que habían participado en la Segunda Guerra Carlista y emigrado luego a los Estados Unidos. Eran de procedencia vasca y catalana, también navarra y valenciana y se habían asentado en Florida, Louisiana, Texas..., la afinidad de esta gente con el modelo del Sur se hallaba en el respaldo a la tradición y el mundo agrario del carlismo.

Así, no es de extrañar que cientos de aquellos expatriados se adhiriesen a las filas rebeldes. Lo curioso es que muchos lo hicieron adscritos a unidades de combate francesas, pues existía también una comunidad vendeana procedente de Francia exiliada por razones de credo en América al hilo del establecimiento de la III República. Algunos carlistas formaron parte de los Louisiana Tigers, división en la que por no faltar, había también irlandeses.

El Regimiento 35º de Tennesse, conocido también como Regimiento Nueva España, facilitó con sus acciones la marcha del 19º de Arkansas, lo que permitió a su vez al General LEE derrotar a las tropas de McClellan. Los fusileros de Navarra en el 41º de Tennesse causó muchas victimas y, en 1863, entró en combate un regimiento conocido como los Húsares del Maestrazgo, por la presencia en él de los carlistas.

Hablando de oficiales, el General español ECHEGARAY mandó un cuerpo de tropas carlistas, los piquetes confederados de la Segunda División de Tennesse que venció al ejército del Norte en West Wood. También voluntarios carlistas procedentes de la Brigada Zumalacárregui se unieron a las tropas de Virginia del Norte. En definitiva, en la memoria del carlismo quedaron cientos de acciones militares en la guerra civil americana, interpretada como la continuación natural en América de la misión del carlismo peninsular.

El autor de este estudio argumenta el número de voluntarios carlistas en los Estados Unidos. Lo eleva a entre 4.000 a 7.000, una cifra espectacular, teniendo en cuenta que en la guerra de Crimea (1853-1856) participaron 900 carlistas encuadrados en la Legión Extranjera francesa. Es decir, antes del 1861 esta cifra de carlistas tomaron un barco, rumbo a los EEUU y se pusieron a las órdenes de quien fuera, para defender unos principios confederados.

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