Puigdemont
Crisis en Junts
Puigdemont, en vía muerta: el «no» a la cesión de la inmigración deja Junts a merced de una Orriols disparada
Puigdemont, cada vez más nervioso, convoca a su núcleo duro en persona por tercera vez este mes
Si todo va según el guión, Carles Puigdemont sufrirá en pocas horas un nuevo revés. Uno no menor, ciertamente: este martes el Congreso votará la toma en consideración de la proposición de ley para delegar a Cataluña las competencias en materia de inmigración, pero el veto de Podemos a la medida –sumado al pétreo «no» de PP y Vox– hará que el texto pactado entre Junts y el PSOE no salga adelante.
La negativa de los de Irene Montero a apoyar esta cesión de Pedro Sánchez al separatismo –recordemos que ERC ya llevó por primera vez esta cuestión al Congreso, en 2004– se atornilló este lunes con contundencia. «Con todo el cariño y respeto, [los de Junts] pueden irse un poquito a la mierda», espetó el exvicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias durante una tertulia, respondiendo a las críticas de «catalanofobia» vertidas por parte de Junts.
Iglesias insistió en que Junts «compite» con «los fascistas de Aliança Catalana» y que algunas de sus propuestas son «abiertamente racistas», una postura secundada el mismo lunes por la coordinadora de Podemos en Cataluña, María Pozuelo, que señaló que la cesión de las competencias en inmigración contienen «una connotación de racismo institucional».
Más allá del intercambio de reproches y los ataques verbales, el «no» de la formación morada supone un portazo a la tercera gran carpeta abierta entre Junts y el Gobierno. Y van tres de tres: Sánchez no ha podido conceder a Puigdemont ni la amnistía completa, ni la oficialidad del catalán en la UE ni la cesión de la política migratoria. Un rosario de incumplimientos que está llevando al límite las costuras del pacto entre independentistas y socialistas.
«Pasarán cosas»
Desde hace unas semanas, en Junts repiten como mantra que en otoño «pasarán cosas que no habían pasado antes», en relación a su alianza con los socialistas. El otoño empezó, oficialmente, este lunes, y por el momento no ha trascendido el sentido que los postconvergentes dan a esta difusa amenaza.
Sí es patente, no obstante, su nerviosismo. Este mes, Puigdemont ya ha convocado presencialmente en tres ocasiones a su cúpula; la última este lunes, en Waterloo. Es algo excepcional, y voces dentro del partido dejan caer que la opción de romper con Sánchez cada vez se vuelve más real. Los intentos de José Luis Rodríguez Zapatero, sustituto de Santos Cerdán, por devolver a los catalanes al redil no han dado resultado, por el momento.
En el particular tablero de ajedrez que tiene ante sí Puigdemont, no obstante, hay una pieza que ha pasado de peón a reina en poco tiempo: la citada Aliança Catalana (AC), el partido ultranacionalista y de línea dura con la inmigración dirigido por la alcaldesa de Ripoll, Sílvia Orriols. Este domingo, los de AC amanecieron con un feliz sobresalto, cortesía de La Vanguardia.
El periódico del Grupo Godó publicaba este fin de semana una encuesta preelectoral que ha sacudido el panorama político y ha puesto a Junts todavía más contra las cuerdas, ya que otorga a los de Orriols un espectacular resultado de 19 escaños en el Parlament de Cataluña –ahora tienen dos– mientras que reduce los diputados de Junts de los 35 actuales a sólo 21.
La líder de Aliança Catalana, Sílvia Orriols, en la manifestación
Aunque el caso de este último sondeo es el más exagerado, la transmisión de votos de Junts hacia los de Orriols es un fenómeno que vienen recogiendo las encuestas en Cataluña desde hace meses, y evidencia que el apoyo incondicional de Puigdemont a los socialistas tiene un coste claro para su público independentista, que prefieren apoyar una propuesta extrema que bailar el agua al Gobierno a cambio de lo que, a su juicio, son migajas.
Con todo, Puigdemont sigue en una encrucijada compleja: romper con Sánchez haría que fueran señalados como los responsables de entregar la Moncloa al PP y Vox –además de que torpedearía el regreso de Puigdemont a España a corto plazo, como pretende–, pero seguirle sosteniendo pase lo que pase solamente da alas al proyecto de Orriols. El veto de Podemos, en definitiva, deja a Puigdemont en lo que parece una vía muerta.