'Bernardo Tolomei y la plaga en Siena', de Giuseppe Maria Crespi en el siglo XVIII
Historia
Las avanzadas medidas ‘anti-pandemia’ que adoptó la Cataluña medieval para combatir la peste negra
La peste bubónica arrasó los territorios de la Corona de Aragón en el siglo XV
La peste bubónica del siglo XV marcó profundamente a la Corona de Aragón, provocando un constante estado de crisis demográfica, social y económica en sus territorios, que aún no se habían recuperado del brote de peste negra del 1348. Esta epidemia fue una catástrofe demográfica, con una pérdida de población que oscila del 60 % al 70 %.
Por poner un ejemplo: en Barcelona antes de la peste negra de 1348 vivían entre 30.000 y 50.000 habitantes, y se estima que murió un 60 % de la población. Esto significa que debieron morir entre 18.000 a 30.000 personas. Paralelamente a esto el rey Pedro el Ceremonioso se enfrentó a la guerra de las Uniones, saliendo victorioso. Sin embargo, su mujer, Leonor de Portugal, murió por la peste el 30 de octubre de 1348.
Aquella mortífera peste tuvo sus rebrotes en 1400 y 1407. Por lo que se refiere a Cataluña, esta se agravó entre 1440 y 1455. Las consecuencias de la baja población fueron un factor clave en la crisis del Bajo Medievo, junto con los rebrotes. Hubo un profundo impacto en la estructura social y económica, pues el campo se desplomó, provocando el abandono de los cultivos y pueblos.
Esto llevó a las guerras remensas en Cataluña, al intensificar la nobleza la explotación de los campesinos. Aumentó el bandolerismo, porque la gente necesitaba comer y ganarse la vida. En líneas generales, el siglo XV se caracterizó por una fase depresiva con bajada de precios y estancamiento económico.
¿Qué era la peste bubónica? Una enfermedad contagiosa originada por la bacteria Yersinia pestis, que se originaba en las ratas y éstas la transmitían a los hombres mediante la mordedura o a través de la picadura de pulgas infectadas que parasitan a estos animales. Los síntomas incluían fiebre alta repentina, escalofríos, debilidad extrema, dolor muscular y de cabeza, o la aparición del bubón: una inflamación severa, dolorosa y sensible del ganglio linfático.
Ilustración de Jules Janin
Los bubones –de ahí el nombre de la enfermedad– solían aparecer en la ingle, la axila o el cuello. De no tratarse, y en aquella época la medicina no estaba tan avanzada, evolucionaba hacia la peste septicemia, que desencadenaba en gangrena –esto dio lugar al nombre popular de «peste negra»–, o a la peste neumónica, cuando afectaba a los pulmones.
Medidas anti-peste
Para controlar la peste y sus rebrotes, se tomaron medidas bastnate avanzadas para la época. A parte de las procesiones solemnes y la invocación a San Roque y San Sebastián, para la protección de las ciudades, se complementó el riesgo aplicando estrategias pioneras para la época. Así algunas localidades como Terrassa o Cervera, prohibieron la entrada de viajeros de lugares infectados y se ordenó a los hosteleros no alojar a forasteros enfermos.
También se establecieron controles, sobre todo marítimos. Teniendo en cuenta que gran parte de la Corona tenía puertos y libre acceso de personas venidas de otros países, desde donde se podía traer la peste o, sencillamente, estaban infectados y aún no había tenido síntomas. Pues bien, a todas estas personas se les aplicaba confinamientos para que el contagio no se extendiera. De esta manera se protegía a la comunidad de posibles nuevos brotes.
Estos centros eran conocidos como lazaretos y se encontraban a las afueras. Eran establecimientos sanitarios destinados al aislamiento de personas o mercancías sospechosas de estar infectadas con enfermedades contagiosas. Esencialmente eran hospitales de cuarentena. Por otra parte se ordenó, como hemos dicho, a todos los hosteleros, que no dieran alojamiento a los extranjeros, estuvieran o no enfermos. Primero debían pasar por los lazaretos.
Por lo que se refiere a la gestión sanitaria y administrativa, se introdujeron elementos que podríamos definir, si lo comparamos con hoy en día, como sanidad pública. En lugares como Mallorca, por ejemplo, se crearon las llamadas juntas de sanidad, que se encargaban de introducir regulaciones administrativas y medidas sanitarias.
La consolidación de las juntas de sanidad marcó un paso hacia la institucionalización en la lucha contra la peste, a pesar de que la coordinación plena entre médicos y gobiernos aún no se había logrado del todo. También se crearon,en Barcelona y otros lugares, sistemas de registro de defunciones. Esto era fundamental para controlar y conocer la evolución de la epidemia.
Hasta ese momento se encargaba la Iglesia de dicha labor. En se siglo se introdujo la figura de un médico para controlar mejor las inscripciones. ¿Por qué? La anotación específica de la peste no siempre era precisa, ya sea por la dificultad de diagnóstico, la rapidez de los acontecimientos o para evitar el pánico y las medidas de aislamiento. Se consideró que tener un registro exhaustivo de las defunciones y su causa ayudaría a saber si aumentaba o disminuía el brote de peste.
Tanto la Corona, las Cortes y los Concejos arbitraron medidas para garantizar el suficiente avituallamiento de las ciudades, algo que se demostró crucial para la sanidad general de la población. Si no se tenían que comprar mercaderías fuera, se evitaban contagios y la cuarentena de esos alimentos. Eso sí, algunas de estas medidas se pusieron en práctica de una manera parcial, reactiva y descoordinada según la ciudad o población, dependiendo de la gravedad del brote y de las posibilidades económicas de cada lugar.