La autora de 'El Via Crucis de las mujeres', Carlota Valenzuela, en Barcelona

La autora de 'El Via Crucis de las mujeres', Carlota Valenzuela, en BarcelonaClaudia Chueca / Cedida

Entrevista

Carlota Valenzuela, influencer católica: «El éxito no son los seguidores, sino la voluntad de obedecer a Dios»

La comunicadora granadina presentó en Barcelona su libro 'El Vía Crucis de las mujeres', editado por Albada

De un tiempo a esta parte, Carlota Valenzuela (Granada, 1992) se ha convertido en uno de los rostros más conocidos del ‘internet católico’. Desde su célebre peregrinación de 330 días de Finisterre a Jerusalén hasta sus proyectos más recientes, como la celebrada serie documental con Juan Manuel Cotelo Hagan lío, se ha hecho un hueco con su mezcla de desparpajo granaíno y mística contemplativa.

Esta semana, Valenzuela –que fue galardonada con el Premio CEU Valores e influencia en redes sociales en su última edición– ha visitado Barcelona para presentar su libro El Vía Crucis de las mujeres (Albada). «Es una editorial catalana pero es la primera vez que lo presento aquí, teníamos muchas ganas», explica en una entrevista que concede a El Debate en el marco incomparable del santuario de San José de la Montaña.

El Vía Crucis de las mujeres se publicó hace ya un año y medio, ¿cómo ha sido la acogida del libro en este tiempo?

–Una auténtica locura. Es un libro muy de nicho –un recorrido por la Pasión de Jesús a través del corazón de las mujeres que lo acompañaron–, pero ha excedido completamente nuestras expectativas. Muchas mujeres me han dicho que se han visto reflejadas en los personajes, sobre todo en María, que les ha dado mucho consuelo.

Quizá la historia que más me ha impresionado es la de una chica de Granada, a la que hace dos años asesinaron a su hijo. Hay una estación del Vía Crucis en la que Jesús es bajado de la cruz y puesto en brazos de su madre, y ella leyó ahí que María, cuando mira el cadáver, ve a su hijo sabiendo que él ya no está ahí. Y aquella mujer sintió que había hecho eso mismo.

–En el libro pone de relieve la perspectiva del «corazón de las mujeres», pero hoy sugerir que hay una diferencia entre hombres y mujeres de este tipo resulta hasta polémico.

–El padre Joan, que es un sacerdote del santuario de Lord, en Lérida, me dijo: «Este libro sólo lo podía haber escrito una mujer». Y la realidad es que sí, hay una sensibilidad propia de las mujeres, que recorre este libro. Yo me he sentido muy honrada de poder dar voz a estas voces femeninas, hablando no desde la acritud o la impotencia, sino desde el papel propio que tenemos.

Mira, cuando presenté el libro en Granada, mi ciudad, un notario muy reputado me dijo: «Como hombre, ¿por qué tengo que leer el libro?». Le pregunté si él entendía siempre a su mujer, que estaba a su lado haciendo que no con la cabeza, tanto que parecía que se le iba a salir del cuello. Y le dije: «Pues quizás leyéndolo puedes llegar a entender mejor la sensibilidad femenina que te rodea».

–¿Y en qué consiste esta sensibilidad propia?

–En el libro, esta se ve muy clara en los papeles de madre, compañera, amiga y discípula… que son muy distintos a los de padre, compañero, amigo y discípulo. Para mí los dos grandes descubrimientos de las mujeres de la Pasión son la valentía y la fidelidad. Cuando los discípulos de Jesús le abandonan, muertos de miedo, ellas permanecen.

Carlota Valenzuela, en un momento de la entrevista

Carlota Valenzuela, en un momento de la entrevistaClaudia Chueca / Cedida

Al acompañar a Jesús en la Pasión, se estaban exponiendo a las autoridades políticas y religiosas: su cabeza estaba en juego, y al tocar a Jesús en aquel momento ellas quedaban impuras para celebrar la Pascua. A veces pensamos en María y las mujeres del Evangelio con un punto incluso de languidez, pero esto no es lo que encuentras si lo estudias, sino que ves valentía, arrojo y coraje.

En una entrevista anterior para El Debate hablaba ud. de una cierta «indignación» con el papel de la mujer en la Iglesia.

–Sí, en momentos previos de mi vida de fe, viví con indignación que las mujeres no salgamos en las fotos. Veía las decisiones que se toman en el Vaticano –todos, hombres que solamente conviven con hombres– y pensaba: «¿Dónde están las mujeres?». Pero al escribir el libro me di cuenta de que estaban ahí desde el principio.

Y siempre estuvieron ahí, de una forma completamente rompedora. La indignación se convirtió en responsabilidad. La pregunta no es dónde estaban ellas, sino dónde estoy yo. Al rezar, sentía que Jesús me decía que yo soy como María Magdalena: le he visto resucitado, y Él espera de mí que vaya a contárselo a todos los demás. A veces hablamos de la Iglesia en tercera persona, pero hay que hacerlo en primera persona.

–El Papa Francisco –y parece que León XIV sigue la senda– empezó a colocar a mujeres en puestos de responsabilidad en el Vaticano.

–La clave es que [las mujeres] no pretendamos ser algo que no somos. Yo no quiero celebrar misa ni consagrar, porque no es mi llamada, no es mi papel. Yo quiero cumplir el mío con dignidad, pasión y empuje, pero no cubrir a lo que tú estás llamado.

Y sobre lo que decías, sí, me da mucha alegría ver que el Espíritu Santo está suscitando que haya mujeres en X puestos en el Vaticano, y también en las diócesis, pero no miro atrás pensando que debería haber sucedido antes, porque no me corresponde el papel de jueza. La Iglesia discierne a la luz de los tiempos lo que corresponde a cada momento.

–El libro tiene algunos chispazos de –digamos– creatividad teológica, como añadir una 15ª estación, o dar voz a la mujer de Simón de Cirene.

–Todo el libro fue revisado por una teóloga para confirmar que nada de lo que digo va en contra de la Sagrada Escritura. Me he tomado algunas licencias –sobre todo las dos que comentas– para ayudar a la gente a entrar en la profundidad de la oración.

En el caso de la mujer del Cireneo, el Evangelio nos habla de los nombres de sus hijos, Alejandro y Rufo: el hecho de que aparezcan nos dice que ellos pertenecieron también a la primera comunidad de cristianos. Y la 15ª estación viene de mi sed de hablar de la resurrección, y luego resultó ser lo que da sentido a todo el libro: ese encuentro de María Magdalena con Jesús resucitado.

–Más allá del libro, ¿en qué punto están el resto de iniciativas apostólicas que tiene entre manos?

–Desde que volví de Jerusalén he vivido como María Magdalena, proclamando la buena noticia por el mundo: la serie Hagan Lío, las peregrinaciones al Camino Lebaniego, conferencias, retiros… Ha sido precioso, pero es una etapa que se cierra.

Ahora estoy en un momento opuesto, en cierto sentido: hace mes y medio me casé, y en enero mi marido y yo nos iremos a vivir a Buenos Aires. Lo que ahora Dios pone en mí es como ir a Nazaret, a la vida escondida: me siento llamada a vivir en la cotidianidad del hogar y el cuidado de mi familia. Siento que viene algo fascinante, pero muy diferente a lo que ha sucedido hasta ahora.

–Visto desde fuera, no debe ser nada fácil este desprendimiento después de haber cosechado el aplauso y el éxito…

–En los proyectos católicos, el éxito trae dos tentaciones. Una es la del burrito del Domingo de Ramos, que piensa que la gente le aplaude a él. Y no: cuando un influencer católico tiene éxito, lo que aplaude la gente es aquello de Jesús que hay en esa persona. La segunda tentación es la de apropiarte del proyecto, pensar que es tuyo y que no lo puedes soltar.

Carlota Valenzuela mira su libro, 'El Vía Crucis de las mujeres'

Carlota Valenzuela mira su libro, 'El Vía Crucis de las mujeres'Claudia Chueca / Cedida

–¿Pero sí se puede?

–La realidad es que lo podemos soltar todo: Jesús seguirá salvando almas, hagas o no hagas. La salvación no depende de ti. La clave está en preguntarle cada día: «¿Cómo puedo trabajar hoy para Ti?». Y muchas veces eso significa apartarse del foco, del éxito mundano. El éxito no está en el número de seguidores ni de ediciones del libro, sino en la voluntad de obediencia.

Creo que la clave es darnos cuenta de que lo que somos capaces de proyectar es insignificante en comparación a lo que Dios nos quiere regalar. Y de que al abrir las manos para recibir su regalo, muchas cosas se caen: se cae nuestro control, nuestras expectativas, nuestros complejos y nuestro ego… Al dejar que todo eso caiga, dejamos un espacio precioso para recibir el regalo que Dios está deseando darnos.

Un regalo, además, que tiene una pinta muy diferente a lo que imaginamos. El día que recibió el anuncio del ángel, María no imaginaba que parte del regalo iba a ser ver a su hijo desangrarse y morir en una cruz. Para nosotros también tendrá una pinta muy diferente a la que nos imaginamos, pero la plenitud de lo que Dios tiene para regalarnos está en ese desprendimiento, y nos lleva de forma muy evidente a vivir en el asombro.

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