Carlota y Santiago, durante su boda, en una fotografía compartida en su cuenta @finisterreajerusalen
«Me va a explotar el corazón»: así vivió la influencer católica Carlota Valenzuela las horas previas a su boda
La joven, que se hizo internacionalmente conocida por peregrinar de Finisterre a Jerusalén, hablaba para El Debate a escasas horas de darse el «sí quiero»
«Me caso mañana y creo que me va a explotar el corazón ya hoy. No sé cómo voy a tener el corazón mañana, porque no sé si cabe más amor dentro de mi corazón». Así de emocionada explicaba para El Debate la influencer Carlota Valenzuela cómo estaba viviendo las horas previas a su boda con el argentino Santiago Roldán.
Valenzuela se hizo internacionalmente conocida en 2022, cuando peregrinó desde Finisterre hasta Jerusalén y narró su aventura en redes sociales –llegó a ser recibida, entonces, por el Papa Francisco–.
Desde entonces, esta influencer católica ha dado multitud de charlas y testimonios dentro y fuera de España, y ha recibido por ello, entre otros reconocimientos, el premio CEU Ángel Herrera «a los valores e influencia en redes sociales». Ocasiones, todas ellas, en las que, además de relatar sus peripecias y su abandono a la Providencia de Dios durante aquel viaje, no ha dudado también en hablar de su visión del noviazgo, de su por entonces soltería, o incluso de sus relaciones fallidas.
Confesiones justo antes de la boda
Como ella misma explicaba para este diario mientras recogía su vestido de boda, «desde que tengo uso de razón, he tenido vocación al matrimonio. He tenido unos padres con un matrimonio precioso y unos abuelos con un matrimonio santo, así que, de alguna forma, siempre he mirado hacia ese lugar sabiendo que era el mismo hacia el que yo quería llevar mi vida».
Sin embargo, esa vocación parecía no materializarse nunca. «A lo largo de mis 33 años, he tenido muchos noviazgos en los que, de alguna forma, casi ya desde el inicio, yo sabía que ahí no era. Y pasaba el tiempo, pasaban los años, pero esa otra persona no aparecía, lo que me llevaba a buscar otras relaciones. Porque yo decía: 'Si Dios no me lo manda... pues ya me lo busco yo'. Y claro, buscando yo, buscando yo, buscando yo... pues las cosas no arrancaban», explica con su naturalidad acostumbrada.
El dolor personal de no encontrar al otro
Carlota, que nunca duda en dar su testimonio de fe en público, explicaba también para El Debate cómo estos noviazgos y relaciones inconclusas le llevaron a cuestionarse su vocación, e, incluso, a cierta crisis espiritual: «Por miedo a no ser lo suficientemente generosa, ha habido muchos momentos en los que le he preguntado a Dios: '¿No será que Tú quieres otra cosa para mí?'. Y cuando peregriné a Jerusalén, recuerdo que clamaba a Dios, porque recordaba cómo en el libro del Éxodo, Dios le dice a Moisés: 'He oído el clamor de mi pueblo'. Así que yo clamaba y le decía: 'Mándame a mi otra mitad, a mi pareja, a la persona con la que compartir la vida. Si yo a Ti le he dado todo, ¿Cómo no me lo das Tú a mí?' ¡Porque pensaba que yo le había dado muchísimo!».
Entre el nerviosismo de algunas de las personas que la rodeaban, a cuenta de detalles del vestido, pero sin perder mínimamente la calma, continuaba explicando que también a ella le había sucedido lo mismo que le ocurre a muchas mujeres solteras: «Cuando esa persona no aparece, el corazón se empieza a impacientar y piensas que quizás el Señor provee para otras... pero para mí no. Y eso genera mucho dolor».
En la consagración y la comunión, la novia se descalzó y dejó los zapatos junto a su ramo de buganvillas
Después de un último noviazgo fallido, en octubre de 2024, y durante una peregrinación junto a otros influencers católicos hasta Santo Toribio de Liébana, «verbalicé por primera vez que quería encontrar un hombre maravilloso con el que compartir mi vida, y que no haberlo hecho aún, me venía pesando». Un paso necesario ese de «reconocer en voz alta que yo tenía ese anhelo en mi corazón», que hizo que sus compañeros de peregrinación –buena parte de los cuáles estuvieron presentes en su boda, el pasado sábado– rezasen por ella.
Un argentino, de público en una charla
Pocos meses después, mientras daba una charla a otros jóvenes en la Universidad San Pablo CEU, Carlota reconoció ante el auditorio que «el Señor me ha regalado muchas cosas, pero todavía no al amor de mi vida».
Y, a escasas horas de darse el «sí quiero», recuerda cómo «en el público estaba un chico argentino, guapísimo, que cuando pronuncié esas palabras, sintió que iban para él y al final de la charla se acercó a mí; hablamos, me invitó a tomar unos mates y a dar un paseo por el retiro... y desde ahí no hemos dejado de tomar mate juntos».
Durante la ceremonia y la posterior celebración no cesaron de mostrar su complicidad
A partir de ahí, comenzaron «un noviazgo precioso» que ha terminado en boda nueve meses después, y cuyo secreto, explica, está en tener un proyecto de vida común y compartido: «Santi ha sido la respuesta a mis oraciones, no porque él sea perfecto ni sea perfecta yo, sino porque mira en la misma dirección que miro yo. Por eso, sé que cuando no nos entendamos, nos arrodillaremos ante El mismo; cuando tengamos que dar gracias, se las daremos al mismo, y cuando tengamos que soportar una cruz, sabremos que hay Alguien que la ha soportado antes que nosotros».
Castidad, sencillez y complicidad
Acostumbrada a nadar contra corriente, hace ya unos meses, Carlota compartió una publicación en Instagram junto a Santiago para explicar la importancia que estaba teniendo para ellos vivir el noviazgo en castidad. Y, en concreto, cómo para ella había marcado la diferencia con respecto a otras relaciones anteriores.
Y no ha sido lo único en lo que se han salido de la regla general: «Santi me pidió matrimonio a seis de la tarde y a las ocho teníamos iglesia y catering», explicaba pocas horas antes de la boda.
La preboda fue una vigilia de adoración, presidida por el sacerdote granadino Antonio Guzmán, también influencer
«Todo lo que hemos organizado en estos tres meses desde que me pidió que me casara con él, lo podíamos haber organizado en tres semanas: una boda sencilla (como el anillo de pedida, hecho de madera de cedro del Líbano y ciprés de la Alhambra), y con una preboda que ha sido una vigilia de adoración, intercesión y alabanza con las personas a las que hemos invitado, y que son las que Dios nos ha puesto en el corazón».
Pocas horas después de estas palabras, Carlota y Santi celebraban el sacramento del matrimonio en una iglesia de Granada (él le pidió matrimonio frente a una imagen de la Virgen de Luján, patrona de Argentina), y derrochaban tanta complicidad y felicidad durante la ceremonia, como alegría y plenitud en la celebración posterior.
Lo único que podía salir mal
En la víspera, resumía así sus sentimientos para este diario: «Hoy, el día antes de casarme, siento que esto me viene completamente grande, y por eso sé que no es mío, que es de Dios. Y que lo que Dios nos pide a Santi y a mí es tener dos corazones disponibles y dispuestos a hacer su voluntad. Dios no nos pide que seamos ni muy inteligentes, ni muy trabajadores, ni muy guapos. Dios lo que nos pide es que seamos humildes y estemos abiertos a su voluntad, para dejar que sea Él quien haga».
Antes de entrar a la iglesia, los siete sacerdotes concelebrantes oraron por la novia
Y remataba, con enorme salero, entre las voces a su alrededor: «Ahora mismo tengo muchísima gente preocupadísima con el vestido, con el maquillaje, con los pelos... y yo siento que, aunque está bien ocuparse de que todo salga bien, no tenemos que olvidar que lo único que puede salir mal, no ocurrirá, porque lo único que podía salir mal es que no hubiéramos conocido a Jesús».
Y dirigiéndose a la vez a su preocupada acompañante y al periodista, ponía en gráficas palabras su modo de encarar la boda: «Que no, que no te preocupes, que ya cargo yo con los trajes, que sí, tranquila, que no se arrugan... chico, pues eso que te decía: que lo más importante que tenemos que preparar es el corazón para recibir a Jesús».