El presidente del Parlament de Cataluña, Josep Rull, en una imagen de archivo

El presidente del Parlament de Cataluña, Josep Rull, en una imagen de archivoDavid Zorrakino / Europa Press

Polémica histórica

Rull asume el relato nacionalista y manda celebrar en el Parlament un milenario ajeno a la institución

El parlamento catalán celebrará los mil años de la asamblea de Paz y Tregua de Toulouges

El Parlament de Cataluña celebrará en 2027 –por iniciativa de su presidente, el juntaire Josep Rull– el milenario de las Asambleas de Paz y Tregua, que consideran el «embrión del parlamentarismo catalán». La primera de estas asambleas se celebró en Toulouges en el año 1027, presidida por el Abad Oliba. Se trata de unos eventos que forman parte del imaginario colectivo del nacionalismo catalán.

El 24 de octubre de 1971, Pau Casals, en las Naciones Unidas, al recibir la Medalla de la paz de la ONU dijo que «Cataluña tuvo el primer Parlamento, mucho antes que Inglaterra. Cataluña tuvo el inicio de las Naciones Unidas». Con todo, Rull y Casals cometen el mismo error, ya que, si bien estas asambleas existieron, efectivamente, nunca fueron el origen del actual parlamento catalán.

En primer lugar, cabría corregir a Casals y señalar que el primer parlamento democrático no se constituyó en Cataluña ni en Inglaterra, sino que ese honor lo tiene León. En 2013, la Unesco le dio el título de Memoria de la Humanidad como Cuna del Parlamentarismo por los Decreta de 1188, que reúnen una serie de decretos y leyes para proteger a los ciudadanos frente a los abusos de los poderosos, y que han sido calificados como la Carta Magna Leonesa.

La asamblea de Toulouges

Volviendo al inicio, ¿qué fue esa asamblea o concilio de Toulouges? Hoy en día podemos definir un Parlamento como un lugar donde se habla, se aprueban leyes y es cuna de la democracia. Estas cosas no ocurrían en el 1027, al menos en aquella parte de la Marca Hispana que luego se conocerá como Cataluña.

Lo que se quiso conseguir en la asamblea de Toulouges era limitar los días de la semana y las épocas del año en los que la nobleza podía participar en acciones violentas o en guerra. Se reunieron bajo la presidencia del Abad Oliba, un hombre de estado crucial en aquella época, que defendió el restablecimiento del orden a través de la autoridad moral y espiritual de la Iglesia.

Estatua del abad Oliba

Estatua del Abad OlibaWikimedia

El sistema feudal, basado en juramentos de fidelidad y cesión de feudos, degeneró en una anarquía donde los poderosos, conocidos como milites o nobiles, comenzaron a ejercer la violencia de manera indiscriminada. Esta se dirigía contra los segmentos más débiles de la sociedad; esto es, labradores y clérigos.

Los nobles robaban tierras, bienes y extorsionaban a la población. Parecía imposible contener esta violencia. Por eso el conde Ramón Berenguer I de Barcelona puso en manos del abad la finalización de ese conflicto. Oliba aplicó las iniciativas de la Paz de Dios francesa, que establecía lugares y personas inviolables. Su intención no era acabar con la guerra, sino limitarla y proteger a los que no luchaban.

En aquella asamblea se estableció el deber de todos los habitantes del Condado de Rosellón y de la diócesis de Elna de abstenerse de participar en combates entre el sábado y el lunes. De esta manera podían cumplir el precepto dominical; se prohibía asaltar a clérigos, iglesias, bienes de la Iglesia o personas que se dirigieran a un lugar de culto, así como la violencia dentro del perímetro sagrado, a treinta pasos alrededor de la iglesia. Esto se conoce como sagreras, convirtiéndose en lugares de refugio y protección para la población y sus bienes: los que incumplieran serían condenados a excomunión.

Las Cortes Catalanas

Con el tiempo estas asambleas se institucionalizaron y evolucionaron hacia la Corte Condal y las Cortes Catalanas. La seguridad de las sagreras y los periodos de tregua facilitaron la aparición de villas y mercados, estimulando el comercio y la agricultura, lo que contribuyó a la recuperación demográfica y económica de aquellos territorios.

Sin embargo, las Cortes Catalanas nada tienen que ver con el actual Parlament. Las primeras estaban formadas por la nobleza, iglesia y representantes reales. La segunda se forma a través del sufragio universal. En la primera, el monarca era la cabeza visible. En la actual, existe la soberanía popular y se controla la acción del gobierno. En la primera se legislaba, se pactaban los impuestos del rey y se resolvían quejas sobre los oficios reales. Es decir, estamos ante dos instituciones antagónicas.

En resumen, un grupo de condes y clérigos se reunieron en Toulouges para no matarse los domingos y no robar los bienes de la Iglesia. Y esto es lo que quiere celebrar Josep Rull en el Parlament de Cataluña como embrión del milenario parlamentarismo catalán.

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