Varias vacas salen de un cajón de animales en una explotación ganadera
Cataluña
Entre enfermedades y clima adverso: las tensiones del sector primario catalán
Al granizo que ha afectado la provincia de Lérida hay que añadir focos de dermatosis nodular, peste porcina y gripe aviar
El 2025 ha sido un año muy complicado para agricultores, ganaderos y pescadores de Cataluña. Nunca antes, al menos en décadas recientes, se habían concatenado episodios climatológicos extremos y crisis sanitarias de forma tan sostenida y con efectos tan palpables en la producción agroalimentaria, la economía rural y la confianza de un sector que es importante para la economía catalana.
Las condiciones meteorológicas adversas han supuesto el primer gran golpe del año. En la provincia de Lérida, las granizadas han sido frecuentes y destructivas, y han dañado cultivos de fruta y otros productos de alto valor, lo que ha supuesto incremento de costes y han llevado a los agricultores al límite, porque ya trabajan con márgenes muy reducidos. Esta situación se une a otros fenómenos como sequías y episodios puntuales de inundaciones, que han marcado la agenda productiva todo el año
La ganadería, tocada
A principios de octubre, el foco de dermatosis nodular contagiosa (DNC) detectado en una granja de Castelló d’Empúries (Gerona) se convirtió en un quebradero de cabeza, también a nivel nacional, al convertirse en el primer caso confirmado de esta enfermedad en España. El brote inicial se identificó en tres animales y desencadenó una rápida respuesta sanitaria.
Con el avance de las semanas, la enfermedad avanzó un poco más. Se confirmaron 17 explotaciones afectadas en la provincia de Gerona, y el balance total de sacrificios obligatorios por razones sanitarias ha rondado las 2.500 cabezas de ganado bovino. Además, se han inmovilizado aproximadamente 152.000 animales en torno a las zonas afectadas como medida de contención.
La respuesta ha incluido campañas de vacunación masiva, con la distribución de hasta 15.000 dosis inicialmente y posteriores ampliaciones a zonas adicionales con más de 370.000 animales programados para vacunación preventiva, y la delimitación de amplios radios de restricción, conforme a la normativa europea.
Algunas de estas restricciones empiezan a levantarse tras periodos sin nuevos casos. En zonas como Cassà de la Selva, se ha anunciado la retirada de las limitaciones a partir del 8 de enero de del próximo año, y se permitirá gradualmente reanudar la actividad ganadera con garantías sanitarias.
A finales de noviembre, la amenaza de la peste porcina africana (PPA) activó un nuevo nivel de alarma sanitaria. La enfermedad, que no se detectaba en España desde 1994, se detectó en animales salvajes en el entorno de Collserola (Barcelona), con casos positivos en jabalíes. Las autoridades sanitarias han elevado la cifra de positivos a 27 casos confirmados dentro del perímetro de riesgo, todos ellos en fauna silvestre.
La UE también ha declarado 91 municipios de ocho comarcas catalanas como zona afectada, con restricciones que se prolongan hasta febrero de 2026 para impedir la propagación fuera del área sensible. Aunque de momento no se ha detectado la enfermedad en explotaciones porcinas comerciales, la vigilancia es intensa. Más de 100 animales han sido analizados, la mayoría con resultados negativos, y las autoridades sostienen que se han cumplido «los principales objetivos» de contención dentro del radio de impacto.
Este escenario pone en riesgo no solo la producción interna, sino también las exportaciones, que representan un segmento importante de la economía agroalimentaria catalana: en 2024, las ventas de carne de cerdo en el extranjero se acercaron a los 3.036 millones de euros.
Apenas superadas las alertas de la dermatosis y con la peste porcina aún presente, el retorno de la gripe aviar ha añadido una tercera capa de tensión. El brote registrado en una explotación avícola de la comarca del Urgell ha obligado a activar medidas de control que incluyen la inmovilización de aves en un radio de hasta diez kilómetros y el sacrificio preventivo de las aves afectadas, en línea con los protocolos de contención.
Si bien los controles iniciales en explotaciones cercanas han dado negativos, el impacto no es solo sanitario, sino también económico y emocional para unos ganaderos ya fatigados por meses de crisis continuas.
Cierto alivio para los pescadores
En contraposición a la inestabilidad en tierra, el sector pesquero mediterráneo ha logrado un respiro significativo este año. En las negociaciones comunitarias sobre días de pesca para 2026, la Unión Europea acordó permitir faenar un total de 143 días, muy por encima de la propuesta inicial de apenas nueve días, una modificación de gran importancia para la viabilidad económica de las flotas.
Este pacto ha sido interpretado por organizaciones del sector como una victoria parcial, que garantiza actividad continua y evita un golpe devastador para comunidades costeras cuya supervivencia económica depende en gran medida de la pesca artesanal y profesional.
El conjunto de crisis que ha marcado 2025 en Cataluña ha puesto sobre la mesa la fragilidad del sector primario. Los efectos de fenómenos climatológicos extremos, la aparición inédita de determinadas enfermedades animales y la reintroducción de otras históricas han desafiado estructuras productivas y redes de comercialización.