Gabriel Rufián y Oriol Junqueras, en una imagen de archivo, junto al resto de diputados de ERC en el Congreso
Política
Junqueras ata su destino al de Sánchez para sobrevivir entre el auge de Rufián y el sabotaje de Junts
El líder de ERC espera la amnistía que le permita presentarse a unas elecciones mientras libra batallas dentro y fuera de su partido
Mientras Carles Puigdemont batalla contra Sílvia Orriols por no caer en la irrelevancia política, su otrora vicepresidente durante el procés, Oriol Junqueras, hace lo propio, contra adversarios tanto internos como externos. Junqueras –reelegido como presidente de ERC por la mínima hace algo más de un año– será recibido hoy por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la Moncloa, con el boato bilateral que gusta al nacionalismo catalán.
El objetivo es dotar de empaque al acuerdo alcanzado entre republicanos y socialistas sobre el nuevo modelo de financiación autonómica, también conocido como «cupo catalán». La reunión será sobre las 11:00, y el guion ya está escrito: se espera que al acabar, Junqueras haga alguna declaración a los medios sacando pecho, y que unas horas después, la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ofrezca los detalles.
A falta de conocer la letra pequeña, en las últimas horas ERC y el PSOE se han venido dando ánimos mutuamente. «Es un buen modelo para Cataluña», defendían este miércoles tanto el consejero de la Presidencia de la Generalitat, Albert Dalmau, como el portavoz republicano, Isaac Albert. Este último detallaba que el nuevo modelo supondrá entre 4.000 y 5.000 millones extra para las arcas de la Generalitat y que se respetará el principio de ordinalidad.
La ministra Montero, por su parte, aseguraba tras el Consejo de Ministros que este nuevo ‘café para todos’ proveerá de «más recursos» a todas las autonomías. Unos y otros hacen equilibrios para edulcorar un acuerdo que despierta muchos recelos en las comunidades gobernadas por el PP –esto es, la gran mayoría– y que el propio Junqueras ha querido abanderar, teatralizando el anuncio a través de una reunión con Sánchez.
Un cupo que nace moribundo
Pese al empeño de republicanos y socialistas, lo cierto es que, a día de hoy, es muy difícil pensar en que este nuevo modelo vaya a hacerse realidad, dado que –más allá de las cifras– los de Junts ya han anunciado que bloquearán en el Congreso las modificaciones legislativas necesarias para tirarlo adelante si lo anunciado mañana por ERC y el Gobierno no es un concierto económico al estilo del País Vasco.
«Todo lo que sea menos que esto no contará con los votos de Junts», zanjaba ayer en Barcelona la portavoz de Puigdemont en Madrid, Míriam Nogueras. Desde Junts pretenden marcar distancias con el pacto alcanzado entre ERC y los socialistas, y retan a Junqueras a defender ante Sánchez el concierto, como hacía en 2012, y no un modelo similar al actual que no saca a Cataluña del régimen común y supone un «engaño» a los votantes de ERC, dicen.
«Junqueras avisa que cualquier alternativa al concierto económico acabará en fracaso», reza el titular de un comunicado de prensa de ERC de aquel año –hoy convenientemente retirado de su página web– que Nogueras trajo a colación este miércoles. El plan de Junts pasa por retratar a los republicanos y esperan que, al tragarse el sapo de defender un acuerdo que nace herido de muerte, ellos salgan como vencedores de cara al electorado independentista.
El flanco de Rufián
Mientras Junqueras pugna por mantenerse creíble en su toma y daca con Junts, la cúpula de ERC también intenta apagar otro fuego encendido en Madrid: la propuesta abanderada por Gabriel Rufián y Joan Tardà de construir un «frente popular» que aglutine a los partidos de izquierdas españoles en las próximas convocatorias electorales.
El portavoz de Esquerra Republicana en el Congreso, Gabriel Rufián
Junqueras, aunque no quiere enfrentarse públicamente a uno de los principales activos de su partido –Rufián es, según las encuestas, uno de los políticos mejor valorados por sus votantes tanto en Cataluña como en el resto de España–, no quiere ni oír hablar de esta idea. «Nadie en la dirección lo apoya», señalan fuentes republicanas recogidas por El Mundo, que desafían a Rufián a llevar su proyecto al Consejo Nacional de ERC, el máximo órgano entre congresos.
Mientras brega con este conflicto interno, Junqueras asume que su futuro está ligado al de los socialistas. El líder de ERC nunca ha hecho las paces con su encarcelamiento al acabar el procés, y sigue sintiendo que la política catalana le debe otra oportunidad. Para ello, necesita que se le aplique la ansiada amnistía, dado que sigue inhabilitado hasta 2031 y su deseo es presentarse como candidato a presidir la Generalitat en las próximas autonómicas.
Junqueras y Puigdemont, reliquias del procés que se resisten a dar un paso atrás, están atrapados en la misma tesitura, aunque en el caso de los republicanos su ligazón con los socialistas es mucho más fuerte. La ‘cara B’ del acuerdo que anunciarán hoy Sánchez y Junqueras también está escrita: a cambio del show, los republicanos darán su apoyo a los presupuestos tanto en Madrid como en Barcelona.