Uno de los carteles publicados por el Ayuntamiento de Barcelona para anunciar Sant Jordi

Cataluña

De héroe mata-dragones a caballero «blandito»: la ola 'woke' se lleva por delante la leyenda de Sant Jordi

Varios expertos alertan de la deriva «desdentadora» que padece la leyenda de san Jorge y de sus efectos antropológicos

En el cartel con el que la Generalitat de Cataluña recuerda la celebración de la Diada de Sant Jordi este jueves, 23 de abril, aparece un dragón que no devora personas, sino libros, y que escupe «llamas de amor». En el cartel con el que el Ayuntamiento de Barcelona hace lo propio, san Jorge no mata al reptil, sino que lo acaricia como si fuera un golden retriever bien adiestrado. Entre ambos flota un corazón.

Son dos ejemplos –aunque no los únicos, ni mucho menos– de una tendencia cada vez más común a «desdentar» las antiguas leyendas y los cuentos tradicionales, diluyendo los elementos más incómodos para el mainstream actual y sustituyéndolos por otros afines a la ideología dominante. Varios expertos consultados por El Debate coinciden en advertir esta deriva, particularmente evidente en el caso de la fiesta de Sant Jordi.

Detalle de los dos carteles de la campaña de Sant Jordi del gobierno catalánGeneralitat de Cataluña

«En su raíz, san Jorge no es un personaje decorativo ni un símbolo romántico, sino ante todo un mártir, un hombre que se enfrenta al poder político de su tiempo y acepta la muerte antes que renegar de la verdad», recuerda la doctora Teresa Pueyo, profesora de Filosofía de la cultura en la Universidad CEU Abat Oliba y presidenta de la Asociación Fe, Arte y Mito España.

Pueyo se refiere al origen histórico de la leyenda, que se remonta al siglo III: se cuenta de él que fue un soldado romano, nacido en la provincia de Capadocia –en la actual Turquía– y que fue ejecutado por no renunciar a su fe cristiana. «El dragón –recuerda Pueyo– viene después, como expresión simbólica de algo muy real: el mal que amenaza a la comunidad y que exige ser combatido, no integrado ni dulcificado».

La primera vez que se recoge por escrito el combate entre san Jorge y el dragón es en el siglo XIII, cuando Santiago de la Vorágine lo incluyó en su Leyenda dorada, donde aparecen ya la mayoría de elementos que han persistido hasta hoy: el pueblo acosado por un dragón, el sorteo en el que sale escogida la princesa, la aparición triunfal del caballero y su victoria contra el gusano. En este relato, no obstante, se incluye un detalle hoy olvidado: san Jorge no mata al dragón hasta que todo el pueblo se convierte y se bautiza.

El historiador y creador de Santa Creu Barcelona –que ofrece rutas y formaciones por la capital catalana y otras ciudades, con un especial énfasis en las raíces que permiten entenderlas–, Joan Rodríguez, destaca en esta línea que la iconografía posterior identifica a san Jorge con una bandera muy concreta, la cruz roja sobre fondo blanco presente en el escudo de Barcelona, «que vinculaba su victoria frente al dragón con la de Cristo en la cruz».

Un caballero vencido

Del caballero triunfal, no obstante, se ha pasado al caballero derrotado, señala Rodríguez. El joven historiador toma como ejemplo el citado cartel del Ayuntamiento y advierte de que «por primera vez en la historia se nos presenta un Sant Jordi vencido y emasculado, embaucado por un dragón que parece haberle convencido de que es bueno y que por ello, no hace falta ningún combate», y añade: «Como no hay batalla, no aparece la cruz… ni la senyera, sorprendentemente».

Pueyo apunta que dicho fenómeno «no es inocente», y que al volver entrañable al dragón se altera la «estructura moral» del mito. «El mal deja de ser algo objetivo, resistente, que exige sacrificio y valentía, para convertirse en algo inofensivo, incluso simpático… Y entonces el héroe sobra, porque si no hay nada que vencer, tampoco hay nadie que deba arriesgar la vida», reflexiona la profesora de la UAO.

Teresa Pueyo, Mati Díaz de San Pedro y Joan Rodríguez, en imágenes de archivo

En otra línea, Mati Díaz de San Pedro, creadora de la tienda online Érase un cuento, liga esta «reinterpretación absurda y banalizada» de la historia a un cambio en la percepción de los valores ligados tradicionalmente a la masculinidad, como la fuerza, el valor o la capacidad de proteger. «Esto ha favorecido la publicación de cuentos blanditos e inconsistentes que reescriben una historia que no convence ni tiene conexión con lo real», señala.

¿Para qué sirven los mitos?

El debate sobre la ‘cursificación’ de Sant Jordi va más allá, ya que apunta al corazón de una pregunta: ¿para qué sirven los mitos? Pueyo recuerda que C. S. Lewis insistía en que los cuentos enseñan a amar lo digno de ser amado y a odiar lo que debe ser odiado, y que J.R.R. Tolkien veía en ellos una «subcreación» que refleja verdades reales sobre el bien, el mal y la redención. «Al desdentarlos, lo que hacemos es privarnos de ese aprendizaje, y nos quedamos con relatos estéticamente agradables, pero moralmente vacíos», lamenta Pueyo.

«Quieren eliminar las leyendas –añade Rodríguez– para así eliminar una pedagogía que escapa de su control, que no emana de ellos y que es profundamente cristiana», y recuerda que a lo largo de la historia de la humanidad el progreso exige tanto innovación como tradición. «Conocer nuestras leyendas es, pues, introducirse en la naturaleza profunda de nuestra alma», apunta el historiador, y añade que «el desconocimiento de ellas, así como el desconocimiento de la propia historia, genera una sociedad alienada, desenraizada y débil frente al enemigo».

Díaz de San Pedro, de hecho, señala que este año no ha incluido libros sobre san Jorge en la selección que ha hecho para Sant Jordi, porque ninguna de las novedades disponibles le ha convencido: «Pienso que los niños merecen recibir el patrimonio oral y cultural con su parte de simbología y leyenda como lo hemos recibido nosotros y sin contaminación ideológica».

Para Pueyo, como conclusión, las relecturas amables de las leyendas –que en el caso de san Jorge también pasan por su feminización, con Santa Jordina– pueden tener como algo positivo el hecho de facilitar un primer acceso, pero este no puede reemplazar a la «verdad más honda». «Preferimos narrativas donde todo se reconcilia sin heridas, pero esa visión no es más humana; es más pobre», reflexiona.

Y concluye: «Por eso hoy necesitamos especialmente la figura del mártir y del héroe, no como exaltación de la violencia, sino como recordatorio de que hay bienes por los que merece la pena jugarse la vida». Para la investigadora, san Jorge no es grande por matar a un dragón, «sino porque antes ha vencido al miedo a la muerte».