Detalle del cartel que ilustró Ramon Casas para Vino Rioja

Detalle del cartel que ilustró Ramon Casas para Vino Rioja

Arte

El artista que elevó el Anís del Mono y el cava Codorníu a iconos de la modernidad

Ramon Casas logró fusionar el arte con la publicidad de una manera que carecía de precedentes

El modernismo catalán tuvo en Ramón Casas a uno de sus artistas visuales más prolíficos. Nació en Barcelona, en 1866, en el seno de una familia acomodada. La fortuna de su padre se había forjado en Cuba. Al instalarse la familia en Barcelona no solo financiaron la carrera artística de Ramón, sino proyectos culturales de gran envergadura como la construcción del Monasterio de Sant Benet de Bages.

Casas no solo fue un pintor de la burguesía, sino un observador que supo traducir las ansiedades y los deseos de la modernidad en imágenes perdurables. Su vida y obra son el espejo de una España que despertaba al consumo y a la cultura urbana. Logró fusionar el arte con la publicidad de una manera que carecía de precedentes hasta ese momento. Casas dibujó carteles para el Anís del Mono, el cava Codorníu, Vinos de Rioja y el bar Els Quatre Gats.

Con apenas quince años, Casas ya publicaba dibujos y, poco después, se sumergía en el ambiente artístico parisino. Una ciudad que marcaría su sensibilidad. Fue en París donde Casas absorbió la importancia del cartel como herramienta de comunicación masiva, inspirándose en maestros como Henri de Toulouse-Lautrec. Al regresar a Barcelona se convirtió en el principal impulsor de la vida bohemia y renovadora, siendo un pilar fundamental del mítico café Els Quatre Gats, punto de encuentro de figuras como un joven Pablo Picasso.

Artista del cartelismo

El cartelismo, que en aquel momento se consideraba una actividad menor, fue elevado por Casas a la categoría de arte. Su estilo, caracterizado por una composición limpia, figuras destacadas sobre fondos neutros y una tipografía que se integraba orgánicamente en la ilustración, le valió el sobrenombre del Chéret catalán. Esta maestría para sintetizar ideas complejas en imágenes icónicas cambió la fisonomía de varias marcas y consolidó su reputación como un modernizador de la estética publicitaria.

Las obras más famosas de Els Quatre Gats incluyen carteles para anunciar sus famosas sombras chinescas y espectáculos. El cartel Sombras-Quatre Gats (1897) promocionaba el teatro de sombras del local. Muestra a una figura femenina con capa y, en el centro, caricaturiza a Casas, Miguel Utrillo, Santiago Rusiñol, Ignacio Zuloaga y Eliseu Meifrèn.

El cartel 'Sombras', de Ramon Casas

El cartel 'Sombras', de Ramon CasasMNAC

Por otro lado, Puchinel·lis 4 Gats (1899) es un cartel litográfico en color, a menudo asociado a la primera función de títeres y la exposición de Pablo Picasso en el local. Además de carteles, Casas y otros artistas del círculo, incluido un joven Picasso, contribuyeron al diseño de menús y otros materiales gráficos. Estos carteles, impresos por Utrillo & Rialp, ayudaron a definir la estética bohemia del modernismo catalán, consolidando a Els Quatre Gats como el centro de la vanguardia artística barcelonesa.

En 1897 Vicente Bosch, fundador de la marca Anís del Mono, convocó un concurso de carteles publicitarios. Casas resultó ganador, marcando un antes y un después en la publicidad. Casas se llevó las 1.000 pesetas del premio. Su diseño no fue un simple reclamo comercial, sino una declaración de principios estéticos que introdujo una narrativa provocadora. A partir de ese momento el Anís del Mono pasó de ser un producto popular a un icono de la burguesía y el diseño.

La obra, conocida popularmente como El Mono y la Manola, presentaba a una mujer junto a un simio. La figura femenina, arquetipo de la mujer moderna, audaz y con un toque de sensualidad urbana, contrastaba con la presencia del animal, creando una composición cargada de simbolismo.

Ilustraciones de Ramon Casas para Anís del Mono

Ilustraciones de Ramon Casas para Anís del Mono

La manola, vestida con gracia, encarnaba el ideal de la mujer que Casas representaba frecuentemente. Esto es, una figura elegante, independiente y con una mirada profunda que parecía interpelar al espectador. Esta obra vendía una actitud, un estilo de vida que se alejaba de la rigidez tradicional para abrazar una modernidad sofisticada.

El cava Codorníu

En 1898 se presentó al concurso creado por Manuel Raventós, propietario de Codorníu, para profesionalizar la imagen de su cava. Dotado con 1.500 pesetas el objetivo era asociar el consumo de cava con la elegancia y la modernidad de la burguesía. Se presentaron 173 obras. Ramón Casas se presentó con una obra llamada Ámbar y espuma. Quedó finalista y obtuvo el segundo premio, ganando el certamen Julio Tubilla. Casas presentó otra obra, bajo seudónimo, titulada Lola Plumet. Le otorgaron 500 pesetas por cada uno de ellos.

Ramon Casas, para Codorníu

Ramon Casas, para Codorníu

Hoy en día ambos carteles son imágenes icónicas de la marca. La decisión del jurado de otorgar el primer puesto a Tubilla fue muy polémica. El público prefería el estilo de Casas, cuya técnica de dibujo y uso del color definieron el cartelismo modernista. Con el tiempo Codorníu reconoció el valor de la pieza y acabó convirtiéndola en un símbolo de la marca, utilizándola en innumerables reproducciones y ediciones especiales.

El cartel de Vino Rioja diseñado por Casas es una pieza icónica del modernismo aplicada a la publicidad de principios del siglo XX. Siguiendo su estilo característico, este cartel presenta una figura femenina elegante, arquetipo habitual en la obra de Casas para transmitir sofisticación y atractivo. Hoy en día, este cartel es considerado una joya del diseño gráfico.

A parte Casas diseñó carteles para la marca de tabaco Cigarrillos París, obteniendo el tercer premio. También para la marca francesa Papel de fumar JOB. Realizó trabajos publictarios para el Real Automóvil Club de Cataluña (RACC). Como director artístico de la revista Pèl & Ploma, diseñó sus carteles promocionales. Para la revista Forma también creó material gráfico publicitario y colaboró en la promoción de La Vanguardia a través de su arte gráfico.

Diseñó carteles para los Almacenes El Siglo. Uno de sus carteles más impactantes y conocidos fue el de concienciación sobre la Sífilis, donde la figura de la muerte acecha tras una cortina. Casas hace una especie de alegoría de la enfermedad personificándola en una bella joven que nos ofrece una flor, mientras en la otra mano, a su espalda, tiene agarrada una serpiente oculta. Esta campaña de salud pública, disfrazada de anuncio de un sanatorio, advertía de los terribles peligros de la práctica de la prostitución. Finalmente creó carteles para promocionar los Jocs Florals, un certamen literario histórico de Cataluña.

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