Vista de las terminales de cruceros de Carnival Corporation en el Puerto de Barcelona

Vista de las terminales de cruceros de Carnival Corporation en el Puerto de BarcelonaPuerto de Barcelona

Cataluña

Barcelona aumenta la presión sobre los turistas: Collboni subirá la tasa a los cruceristas este mismo año

Los expertos avisan que la idea clave es cómo se organiza y distribuye el flujo turístico, y qué modelo turístico se quiere para Barcelona

El alcalde de Jaume Collboni ha intensificado su ofensiva contra los cruceros de escala y ha reclamado el apoyo de los grupos de izquierdas para aprobar una subida inmediata de la tasa turística que pagan estos visitantes en Barcelona. La propuesta pasa por duplicar de golpe el recargo municipal, de 4 a 8 euros, en las ordenanzas fiscales de 2027, en lugar de aplicarlo progresivamente durante cuatro años, como se había pactado inicialmente.

Collboni ha defendido que la medida forma parte de una política fiscal orientada a contener la masificación turística y a priorizar un modelo más sostenible para la ciudad. «Espero que los grupos de izquierdas den apoyo a esta propuesta», ha afirmado, apenas un día después de anunciar su intención de «reducir a cero» las escalas de cruceros en Barcelona.

La iniciativa supondría que los pasajeros en tránsito pasarán a pagar hasta 14 euros de tasa turística, sumando los 6 euros que ya aplica la Generalitat. El alcalde también ha avanzado que el Ayuntamiento quiere explorar la posibilidad de eliminar el límite actual para poder elevar todavía más el recargo en el futuro.

El gobierno municipal sostiene que el turismo de cruceros genera una presión elevada sobre el espacio público, especialmente en Ciutat Vella y el Eixample, sin un retorno económico equivalente para la ciudad. Según Collboni, muchos de estos visitantes realizan el grueso de su consumo dentro del propio barco y permanecen en Barcelona apenas unas horas, aunque utilizan intensivamente servicios públicos, transporte e infraestructuras urbanas.

El alcalde ha enmarcado esta estrategia en un paquete más amplio de medidas para limitar la saturación turística. Entre ellas, ha vuelto a reivindicar la eliminación de los pisos turísticos, una decisión que, según calcula el consistorio, permitirá recuperar cerca de 10.000 viviendas para el mercado residencial. «El turismo tiene que estar al servicio de la ciudad y no al revés», ha insistido en declaraciones a Betevé.

Qué modelo turístico quiere Barcelona

El anuncio ha reabierto el debate sobre el impacto real del turismo de cruceros en Barcelona y sobre hasta qué punto las restricciones y el aumento de impuestos pueden aliviar la presión sobre la ciudad. En ese contexto, el experto en gestión turística Domènec Biosca ha ofrecido una visión más matizada sobre la propuesta municipal.

Biosca ha reconocido que el modelo actual genera tensiones evidentes en algunos puntos de Barcelona y ha admitido que hay zonas donde la saturación turística ya condiciona la vida cotidiana de los residentes. «Hay espacios donde prácticamente ya no se puede caminar», ha señalado, en referencia a enclaves como Las Ramblas o algunos puntos del centro histórico.

Este experto defiende que la ciudad necesita gestionar mejor el éxito turístico para evitar «morir de éxito», una expresión que ha utilizado para describir el riesgo de que la acumulación de visitantes termine deteriorando precisamente aquello que hace atractiva Barcelona. A su juicio, el debate no puede centrarse únicamente en el número de cruceros, sino en cómo se organiza y distribuye el flujo turístico.

Biosca ha explicado que los cruceros de escala presentan ventajas e inconvenientes. Por un lado, considera positivo que muchos pasajeros permanezcan solo unas horas en la ciudad y continúen después su ruta, evitando estancias largas que incrementen todavía más la presión sobre el alojamiento y el espacio urbano. Sin embargo, también admite que la concentración simultánea de miles de visitantes puede colapsar determinadas áreas de la capital catalana.

El experto ha subrayado que limitar las escalas o encarecerlas fiscalmente solo tendrá sentido si la ciudad es capaz de acompañar estas medidas con una planificación turística mucho más coordinada. En este sentido, ha insistido en la necesidad de ordenar mejor los accesos a los grandes iconos turísticos, reforzar la movilidad y garantizar una experiencia de calidad para quienes visitan Barcelona.

Según Biosca, el problema no son únicamente los cruceros, sino la suma de todas las vías de entrada de turistas: el aeropuerto, el tráfico por carretera, las estancias en viviendas particulares o el turismo de corta duración. «Los cruceros son solo una parte del fenómeno», ha señalado.

También ha puesto en duda la capacidad disuasoria de una subida fiscal moderada sobre el perfil del crucerista. A su juicio, quien ya ha decidido pagar un viaje de este tipo difícilmente renunciará por unos euros más de tasa turística. Por eso considera que el debate debe centrarse menos en la recaudación y más en definir qué modelo turístico quiere Barcelona y cómo compatibilizarlo con la calidad de vida de los vecinos.

Pese a ello, Biosca sí ha avalado la filosofía general de la propuesta de Collboni si sirve para reducir la saturación y ordenar mejor los flujos. Eso sí, ha advertido de que cualquier cambio requerirá una coordinación muy precisa entre administraciones, operadores turísticos y equipamientos culturales para evitar nuevas aglomeraciones o problemas de acceso en lugares como la Sagrada Familia o el Park Güell.

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