El líder de ERC y el presidente de la Generalitat se saludan antes del acto para presentar la línea ferroviaria orbital
Cataluña
El «tren orbital» de 5.200 millones se convierte en la pieza clave para salvar los presupuestos de Illa
Esta nueva línea pretende unir el Maresme y el Garraf sin pasar por Barcelona
Durante años, desplazarse entre muchas ciudades del área metropolitana catalana ha significado pasar obligatoriamente por Barcelona, incluso cuando origen y destino estaban separados por pocos kilómetros. Esa lógica radial es la que el Govern y ERC quieren empezar a romper con la futura línea orbital ferroviaria, el proyecto que este lunes ha acabado situándose también en el centro de la negociación presupuestaria entre socialistas y republicanos.
La imagen conjunta del presidente de la Generalitat, Salvador Illa, y del líder de Esquerra Republicana de Catalunya, Oriol Junqueras, en Sant Sadurní d’Anoia (Barcelona) tiene mucho de escenificación política. Después de semanas de conversaciones más o menos discretas y de un primer intento fallido para aprobar las cuentas catalanas, la infraestructura ferroviaria emerge como uno de los principales argumentos con el que ERC justifica el acercamiento al Govern.
Junqueras ha evitado mencionar explícitamente los presupuestos, pero sí ha dejado claro que la línea orbital representa «la voluntad de cambiar el modelo de país». El dirigente republicano vincula el proyecto con debates estratégicos como la vivienda, la competitividad económica o el acceso a los servicios públicos. El mensaje que traslada ERC es que el eventual acuerdo presupuestario no se limita a unas cuentas anuales, sino que incorpora compromisos estructurales y proyectos de largo recorrido.
La futura infraestructura conectaría ciudades como Mataró, Granollers, Sabadell, Terrassa, Martorell, Vilafranca del Penedès o Vilanova i la Geltrú sin necesidad de pasar por Barcelona. El proyecto prevé 120 kilómetros de recorrido, 40 estaciones y una inversión de 5.200 millones de euros, con horizonte de finalización en 2041. La financiación correría a cargo del Estado.
Para los republicanos, la línea orbital sirve también para reorientar unas negociaciones que hace apenas unos meses quedaron bloqueadas por el debate sobre el traspaso del IRPF. ERC desplaza ahora el foco hacia las infraestructuras, las inversiones y el refuerzo del peso institucional de Cataluña.
En ese paquete de negociación también aparece la posibilidad de que la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona pasen a tener mayoría en el Consorcio de la Zona Franca, una reivindicación que ERC presenta como una «ganancia de soberanía» y que forma parte de los acuerdos paralelos que acompañan la negociación presupuestaria.
Illa elogia a Junqueras
Illa ha aprovechado el acto para agradecer públicamente el «sentido de país» y el «coraje político» de Junqueras. El presidente catalán intenta proyectar estabilidad y horizonte largo, consciente de que el acuerdo con ERC resulta imprescindible para sacar adelante unos presupuestos que el Govern no consiguió aprobar hace apenas unos meses.
El jefe del ejecutivo catalán admite, además, que la infraestructura necesitará décadas de desarrollo y la implicación de distintos gobiernos. Solo el primer tramo, entre Granollers y Terrassa, dispone actualmente de financiación garantizada dentro del Plan de Rodalies 2026-2030.
La puesta en escena llega en una semana decisiva para la legislatura. ERC debe validar internamente el acuerdo y el Govern aspira a aprobar las nuevas cuentas en los próximos días, el viernes, después de más de tres años funcionando con presupuestos prorrogados y suplementos de crédito. En ese contexto, la línea orbital deja de ser únicamente un proyecto ferroviario para convertirse en el principal símbolo político del entendimiento entre PSC y ERC.