La Caleta, o Catalan Bay, en Gibraltar
Historia
El origen de Catalan Bay: los soldados catalanes que ayudaron a los ingleses a conquistar Gibraltar
Una gesta militar del siglo XVIII que respondía a una calculada estrategia de penetración en España
Es sabido que España reivindica como propio el Peñón de Gibraltar desde 1704. Lo que quizás no se sepa tanto es que un grupo de soldados catalanes ayudó a los ingleses a conquistarlo. Durante la guerra de sucesión una flota anglo-holandesa, bajo el mando del almirante George Rooke y el príncipe de Hesse-Darmstadt, se presentaron ante la plaza fuerte de Gibraltar. Su objetivo era muy claro. Querían establecer una base operativa permanente en el sur de España.
Entre las fuerzas de desembarco que integraban esa expedición figuraba un contingente de infantería de marina. Este estaba compuesto por una cifra estimada de entre 300 y 400 voluntarios catalanes y valencianos. Entre ellos estaban el capitán Pere Freixes, que resultó herido durante la acción; Agustí Besart; Francesc Serrallonga; Josep Pi; Ignasi Esplugues; Francesc Trullàs; Sergent Ignasi Trebò; Pare Felix Rovira.
Este cuerpo militar expedicionario estaba comandado por el general valenciano Joan Baptista Basset Ramos, un experimentado oficial de trayectoria internacional que se había alineado con la causa austricista.
Retrato de Joan Baptista Basset Ramos
Para el bando de los habitantes de la Corona de Aragón, partidarios del archiduque Carlos, la operación militar en el Estrecho de Gibraltar no respondía a un interés de anexión territorial por parte de una potencia extranjera, sino a una calculada estrategia de penetración en España. El fin último de esta acción era abrir un nuevo frente bélico que permitiera deponer a Felipe V y garantizar y restaurar el marco institucional que regía en los territorios de la Corona de Aragón.
Desembarco en el Peñón
El 3 de agosto de 1704 las tropas comandadas por el general Basset efectuaron un desembarco en la vertiente oriental del Peñón. Una zona desprotegida por las fortificaciones principales de la plaza, que estaban orientadas hacia el istmo y hacia el oeste. La misión asignada a esta contingente consistía en ocupar, de manera inmediata, el istmo arenoso que conectaba la roca con el continente. De esta manera aislaba la plaza fuerte y cortaba de forma expedita las líneas de suministro, abastecimiento y comunicación de la guarnición borbónica.
Dicha guarnición estaba gobernada por el general Diego de Salinas, que contaba con recursos humanos y materiales muy limitados para hacer frente a una invasión a gran escala. La inferioridad numérica de los defensores locales, sumada al intenso y destructivo bombardeo naval ejecutado por las escuadras inglesa y holandesa desde la bahía, forzó la capitulación de las autoridades borbónicas a los pocos días de iniciarse las hostilidades.
Al consolidarse la toma de la plaza fortificada los oficiales austricistas proclamaron al archiduque Carlos como rey legítimo de España, izando los estandartes correspondientes en los puntos más elevados del Peñón. La rápida evolución de los acontecimientos militares, así como los intereses geopolíticos subyacentes de la potencias navales implicadas, subordinaron progresivamente la plaza a la autoridad efectiva de la Gran Bretaña.
Tras la firma de la rendición, la inmensa mayoría de la población civil de Gibraltar, manifestando su lealtad a Felipe V, optó por evacuar la ciudad en bloque. Este éxodo masivo llevó a los habitantes locales a establecerse en los alrededores de la ermita de San Roque, dando origen a la población de San Roque. Esto dejó el núcleo urbano de Gibraltar bajo un estricto control militar y administrativo de la coalición aliada.
El sector geográfico exacto, donde se produjo el desembarco inicial de la infantería catalana, quedó registrado en la cartografía militar y náutica bajo la denominación de Catalan Bay, o Bahía de los Catalanes. La presencia y operatividad de estos soldados en el enclave se prolongó durante varios meses, adquiriendo cierta relevancia durante el riguroso asedio hispano-francés que se desarrolló los años 1704 a 1705.
Barcas en la Catalan Bay, en 1879
En este periodo de intensa actividad bélica las fuerzas del general Basset participaron, de forma activa y directa, en la defensa de las líneas de fortificación avanzada, frente a los constantes contraataques de las tropas borbónicas. Las operaciones defensivas en los escarpados terrenos del Peñón supusieron un elevado índice de bajas para los austricistas, antes de que el cerco terrestre fuera finalmente levantado gracias a la intervención de las escuadras navales anglo-holandesas.
Tratado de Utrech
La resolución internacional del conflicto dinástico se articulo con la firma del Tratado de Utrech en 1713. Con él la corona británica obtuvo, entre otras contrapartidas territoriales, la cesión a perpetuidad de la soberanía sobre la ciudad, el castillo, el puerto y las fortificaciones de Gibraltar, a cambio de su retirada definitiva del escenario bélico. Este pacto diplomático alteró la situación jurídica, política y militar de los aliados austricistas en España.
Con la paulatina retirada del apoyo militar, económico y naval de Inglaterra y las Provincias Unidas, Cataluña quedó en una situación de absoluto aislamiento político y militar frente a los ejercicios borbónicos. Un proceso de resistencia unilateral que concluiría con la toma de Barcelona el 12 de septiembre de 1714 y la posterior promulgación de los Decretos de Nueva Planta, los cuales abolieron las leyes fueros e instituciones propias del territorio.
Durante el transcurso del siglo XVIII, una vez estabilizado el dominio colonial británico en el Peñón y tras la disolución de los antiguos cuerpos militares que habían participado en la guerra e Sucesión, el área geográfica de Catalan Bay modificó su finción militar para transformarse en un asentamiento de carácter civil. Las playas y sus inmediaciones territoriales comenzaron a ser ocupadas por sucesivas oleadas de pescadores. También se establecieron inmigrantes procedentes de diversos puntos del Mediterráneo occidental.
Entre los nuevos pobladores destacó una corriente migratoria de ciudadanos originarios de la República de Génova. Esta comunidad desarrolló una intensa actividad económica focalizada en la explotación de los recursos pesqueros locales, aprovechando las singulares condiciones topográficas y geológicas de la cala, la cual ofrecía un resguardo natural óptimo frente a los fuertes vientos de levante que azota la región del Estrecho.
En la actualidad Catalan Bay tiene el mismo nombre, aunque esta zona es conocida en español como La Caleta. Así se conocía hasta que fue renombrada como Catalan Bay. Allí encontramos la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores. El genovés se habló allí hasta finales del siglo XIX.