Un agente de la Guardia Civil cachea a un joven con un detector de metales en la estación de metro de Arganda del Rey.

Un agente de la Guardia Civil cachea a un joven con un detector de metalesEP

Armas, bandas y menores: la inquietante evolución de la violencia juvenil en Cataluña

El homicidio de un adolescente de 15 años llega en un momento en el que la policía detecta un incremento de los tiroteos, el uso de armas de fuego y la actividad de grupos criminales juveniles

El asesinato a tiros de un menor de 15 años este jueves en el parque de la Pegaso, en el distrito barcelonés de Sant Andreu, ha vuelto a poner sobre la mesa una preocupación que desde hace meses crece entre los Mossos de Esquadra: el aumento de la violencia con armas de fuego y la evolución de las bandas juveniles hacia estructuras cada vez más violentas y vinculadas a actividades del crimen organizado.

Aunque la investigación sobre el homicidio continúa abierta y los investigadores trabajan para esclarecer el móvil e identificar a los autores, el crimen se produce en un contexto que la policía catalana viene monitorizando desde hace tiempo. En lo que va de 2026 se han registrado 65 incidentes con armas de fuego en Cataluña, con un balance de 22 heridos y siete fallecidos, una cifra que refleja el incremento de este tipo de violencia respecto a años anteriores.

De las pandillas a organizaciones criminales

Los responsables policiales coinciden en que el fenómeno ha cambiado. Las bandas juveniles que hace dos décadas protagonizaban peleas por el control de parques o barrios han evolucionado hacia grupos mucho más atomizados, con una mayor capacidad de violencia y una creciente implicación en actividades delictivas como el tráfico de drogas, los robos violentos o las estafas.

A las organizaciones históricas, como Trinitarios, Dominican Don't Play (DDP), Latin Kings o Ñetas, se han sumado numerosos grupos de ámbito local que adoptan su estética y parte de su funcionamiento, pero que operan de forma más flexible y menos jerarquizada.

Los Mossos insisten, además, en que ya no se trata exclusivamente de las conocidas como «bandas latinas». La composición de estos grupos es hoy mucho más diversa y reúne a jóvenes de distintos orígenes, incluidos españoles nacidos en Cataluña. El elemento común ya no es la nacionalidad, sino la utilización de la violencia como mecanismo de cohesión, intimidación y control.

Redes sociales, menores y armas

La captación de nuevos integrantes también ha cambiado. Si antes se producía principalmente en plazas y parques, ahora las redes sociales son una de las principales herramientas de reclutamiento. A través de vídeos, fotografías y mensajes que exhiben dinero, armas o drogas, estos grupos proyectan una imagen de poder dirigida especialmente a adolescentes.

Los investigadores también han detectado una incorporación cada vez más temprana de menores de edad, utilizados en ocasiones para transportar droga, participar en robos o desempeñar tareas de apoyo dentro de las organizaciones.

A ello se suma una mayor disponibilidad de armas de fuego en el mercado negro, un fenómeno que preocupa especialmente a los cuerpos policiales. Según fuentes policiales, muchas de las pistolas utilizadas proceden de otros delitos y circulan por precios relativamente bajos, facilitando su acceso a delincuentes cada vez más jóvenes.

Controles en el metro y presencia policial

La respuesta policial se ha intensificado en los últimos meses. Los Mossos activaron el dispositivo Daga, con controles específicos en estaciones de la línea 5 del metro y en distintos puntos de Barcelona y Hospitalet de Llobregat, tras varios enfrentamientos entre grupos rivales armados con machetes y cuchillos.

Uno de los episodios más graves se produjo entre las estaciones de El Coll-La Teixonera y Vall d'Hebron, donde una agresión dejó un joven gravemente herido y terminó con 13 detenidos. En aquella intervención se incautaron machetes, cuchillos, cúteres y otras armas blancas.

Desde entonces, los controles se han mantenido durante los fines de semana en estaciones de metro, plazas y zonas de ocio de distritos como Nou Barris, Horta-Guinardó y Sant Andreu, además de municipios del área metropolitana como L'Hospitalet o Cornellà, considerados puntos especialmente sensibles.

La presión policial también se ha traducido en diversas operaciones contra estas organizaciones. En diciembre del pasado año, una investigación conjunta de Mossos de Esquadra y Policía Nacional permitió desarticular parte de la estructura de los Trinitarios en Cataluña. La operación puso de manifiesto que antiguos dirigentes seguían utilizando la banda para captar menores y organizar robos violentos.

La Guardia Civil también ha actuado contra los Latin Kings, con una operación que culminó con más de una treintena de detenidos tras descubrir que una de sus facciones preparaba un ataque contra un grupo rival.

Más recientemente, Mossos, Guardia Urbana y Policía Nacional desarrollaron un amplio dispositivo contra la proliferación de armas de fuego en Barcelona. El operativo permitió detener a 13 personas, identificar a más de 250 y decomisar armas blancas y sustancias estupefacientes en varios puntos considerados de riesgo.

Un fenómeno que preocupa

Mientras los Mossos ultiman un plan específico para contener el crecimiento de estos grupos, el director general de la Policía, Josep Lluís Trapero, ha reclamado endurecer las penas por tenencia ilícita de armas de fuego y reforzar las herramientas legales para combatir la reincidencia.

La policía rechaza que Cataluña viva una «cultura de la pistola» comparable a la de otros países, pero admite la existencia de una subcultura delictiva en la que las armas de fuego son cada vez más habituales y donde la violencia se ha convertido en una forma de resolver conflictos y consolidar el control de determinadas actividades criminales.

El asesinato del menor en Barcelona constituye el episodio más dramático de una escalada que las fuerzas de seguridad llevan meses observando. Un fenómeno que combina violencia juvenil, crimen organizado y una creciente facilidad para acceder a armas de fuego, y que se ha convertido en uno de los principales retos de seguridad en el área metropolitana de Barcelona.

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