El Aznar de 2026 viaja a lo que fue entre 1989 y 1996 para advertir al PP de lo que se juega con Junts
La declaración de Aznar es acertada: todo acercamiento de los populares a los de Puigdemont debilita a España y aleja a Cataluña del resto del país
El expresidente del Gobierno José María Aznar
En Cataluña está oficialmente prohibido pactar con el PP, pero esta semana todo el mundo se escandalizó farisaicamente y se rasgó las vestiduras cuando el expresidente del Gobierno José María Aznar dijo lo mismo que ellos, pero, al contrario. Proponer no pactar con el PP es, según el credo nacionalista y socialista, un acto de salud democrática, pero en cambio, proponer no pactar con ellos es un acto de intolerancia.
Desde 2003, cuando se firmó el Pacto del Tinell –por el cual los partidos hoy en el gobierno de Cataluña se comprometían a no pactar con el PP en ninguna circunstancia–, los populares, y antes Ciudadanos, y ahora también VOX, han sufrido el llamado «cordón sanitario» para evitar que el PP u otros partidos no nacionalistas ocupen esfera alguna de poder en Cataluña.
Xavier García Albiol, en Badalona, ganador de una elección tras otra, ha sido la principal víctima de esta política, hasta el extremo de que Junts y el PSC llegaron a entregar la alcaldía de la tercera ciudad de Cataluña a la CUP, fuerza anticapitalista, procastrista e independentista, antes de permitir al PP, fuerza ganadora, gobernar la ciudad.
Junts pactó con fuerzas antagonistas a su modelo social como ERC o la CUP con el fin de formar un gobierno separatista en Cataluña que llevara a esta comunidad a un proceso de separación unilateral e ilegal... pero cuando Aznar habla de «una mayoría nacional» y propone a su partido «alejarse de Junts», entonces todo el mundo habla de intolerancia.
El expresidente afirmó que la nueva mayoría será «nacional o no será». En realidad, a pesar de la sobregesticulación independentista, Aznar no aporta nada nuevo: solo retrata la realidad de la política española de hoy. Es Junts quien ha descartado la posibilidad de votar una moción de censura para desbancar a Sánchez junto al PP y Vox.
El ejercicio lastimero lo encabezó la portavoz de Junts en el Congreso, Míriam Nogueras, que dijo que «Aznar y Ayuso representan la viva imagen de ese español que tiene este odio irracional por todo lo que es catalán». Nogueras confunde lo catalán con lo independentista, y califica de odiador a todo el que discrepa con ella... pero llama la atención que ella hable de odio irracional cuando para dar una rueda de prensa en el Congreso aparta la bandera nacional para que no salga en la fotografía.
La cuestión de fondo
Más allá de las contradicciones del nacionalismo, la toma de posición de Aznar toca un tema clave no solo de la política catalana, sino fundamental en la política española: ¿qué relación deben tener los partidos nacionales con los partidos independentistas?
El diario Ara se preguntaba en un editorial de hace unos días si es posible que un PP moderado pacte con Junts. La pregunta es pertinente, pero debe tener una previa: ¿la moderación es pactar con el nacionalismo? ¿La verdadera centralidad es acercarse o alejarse del separatismo?
Salvador Illa con Carles Puigdemont, en su reunión en Bruselas del pasado 2 de septiembre
El nacionalismo no es centralidad; todo lo contrario, ya que propone romper con el estado de derecho, niega la existencia de la nación, pretende clasificar a los ciudadanos por su origen y, en consecuencia, lejos de ser una propuesta moderada, es una propuesta desestabilizadora y radical.
El hecho de que un partido tenga un apoyo considerable en un territorio no le convierte en un partido moderado. Bildu es una fuerza mayoritaria en Guipúzcoa y no es por ese motivo moderada. Tampoco Syriza, cuando ganó en Grecia, era un partido moderado.
«Pasar página»
El PP afirmó en su congreso regional de hace una semana en Cataluña que hay que pasar página del procès, pero debemos preguntarnos: ¿están dispuestos los arquitectos del procès, o sea, los separatistas, a pasar página? Parece que no. Es más, afirman que volverán a la carga. ¿En esas circunstancias es posible pasar página? ¿Hay que pactar con quien quiere destruir España?
Aznar tuvo una política claramente antinacionalista, que no anticatalana, entre su llegada a la presidencia del PP, entre 1989 y su victoria electoral —sin mayoría en 1996—. Fueron unos años de crecimiento del PP en Cataluña basados en el combate contra el pujolismo y el socialismo y de reforzar la presencia del Estado en Cataluña.
En 1996, forzado por las circunstancias electorales —ahí hay un hecho en común con Pedro Sánchez—, Aznar defenestró a Alejo Vidal Quadras, su hombre por aquel entonces en Cataluña, y pactó con los nacionalistas en el Majestic.
La retirada de la Guardia Civil de las carreteras catalanas, la supresión de los gobernadores civiles o el incremento de la cesión del tramo del IRPF a todas las autonomías fueron cesiones que, visto todo lo sucedido después, no aplacaron las ansias de separación de los nacionalistas, no cerraron el proceso autonómico de descentralización, ni hicieron que el nacionalismo dejara de ser una fuerza desleal con el Estado del que forman parte.
La declaración de Aznar es, pues, acertada. Todo acercamiento del PP a Junts debilita a España y aleja a Cataluña del resto del país. Los catalanes votantes de fuerzas no nacionalistas lo tienen tan claro que cada vez que el PP flirtea con el nacionalismo, se echan a los brazos de Ciudadanos o de Vox.