Mosaico de Gaudí dentro de la Iglesia de Sant Pacià, Barcelona
El desconocido mosaico de Gaudí escondido en una iglesia de Barcelona
El templo de Sant Pacià conserva un mosaico modernista que sobrevivió a dos incendios anticlericales y permaneció olvidado hasta su restauración en 1988
Pocos vecinos de Sant Andreu saben que, cada vez que entran en la iglesia de Sant Pacià, caminan literalmente sobre una obra firmada por Antoni Gaudí. No está en un retablo ni en una vidriera, sino bajo sus zapatos: un pavimento de mármol y arenisca que el genio del modernismo diseñó cuando aún era un joven recién titulado, y que hoy sigue siendo uno de los secretos peor guardados y peor reconocidos de la ciudad.
El encargo llegó de la mano de su propio maestro, Joan Torras Guardiola, arquitecto responsable de la reforma del templo a finales del siglo XIX. Torras confió a su alumno el diseño del suelo, que Gaudí resolvió con motivos florales y geométricos y con un simbolismo religioso explícito: las letras alfa y omega, y las iniciales J y M en referencia a Jesús y María, congregación a cargo de la parroquia en aquel momento. El marmolista Luigi Pellerin fue quien materializó los dibujos, hoy visibles en el pasillo central y en el crucero del templo.
La pieza, sin embargo, estuvo a punto de desaparecer para siempre. En 1909, durante la Semana Trágica, Sant Pacià fue asaltado, saqueado e incendiado —el segundo templo en correr esa suerte tras la parroquia vecina de Sant Andreu—, en uno de los episodios de mayor violencia anticlerical que ha vivido Barcelona. Casi tres décadas después, durante la Guerra Civil, el edificio fue de nuevo requisado, esta vez por el comité revolucionario local, que lo convirtió en un comedor social de la columna Durruti, despojándolo por completo de su uso religioso. El mosaico de Gaudí permaneció así, oculto bajo el uso y el olvido, hasta que en 1988 una restauración impulsada por Lluís Bru le devolvió su valor original.
La historia del propio edificio no ha sido menos accidentada: capilla del convento de las Religiosas de Jesús y María, pasó después a los Hermanos Maristas, llegó a funcionar como granero y finalmente fue adquirida por el Obispado de Barcelona en 1923, que la consagró como parroquia en 1930, función que mantiene hasta hoy. En 1985 se sumaron al templo las pinturas murales de Eudald Serrasolses y un Cristo Resucitado, obra de Juan María Medina Ayllón.
El vínculo entre Gaudí y la congregación no terminó con el mosaico: años después, las religiosas le encargaron una mesa de trencadís —cerámica, vidrio y mármol— que hoy preside la Sala de Santa Cecília del colegio Jesús-Maria de Sant Gervasi, decorada con un pájaro y una serpiente de fuerte carga bíblica. Allí se conservan también cuatro lámparas de madera dorada rescatadas del incendio de 1909, únicas supervivientes de aquel ataque.
Casi ciento veinte años después de los hechos, el suelo de Sant Pacià sigue recordando, en silencio, cuánto costó defender el arte y la fe frente a quienes intentaron reducirlos a cenizas.