Estatua de Wifredo el Velloso, en Madrid
La verdadera historia del Conde de Barcelona al que los nacionalistas han convertido en 'padre' de Cataluña
Los orígenes históricos de los condados catalanes frente al relato nacionalista
En los últimos años, algunos miembros de la historiografía catalana han tergiversado la realidad histórica. Así, en lugar de utilizar el término «Corona de Aragón», emplean «Corona catalano-aragonesa», una terminología que nunca existió, pues el reino era el de Aragón, siendo Cataluña una unión de condados. Lo cierto es que los Condes de Barcelona fueron Reyes de Aragón.
El primero, independiente de los carolingios, fue Wifredo el Velloso, y el último de esta dinastía, Martín el Humano. La creación de lo que sería la futura Cataluña se construyó con los diferentes condados. Por eso, continuando lo explicado en artículos anteriores, seguiremos explicando cuál fue su evolución, diferente a la presentada por el nacionalismo catalán.
Wifredo el Velloso
Wifredo el Velloso era hijo de Sunifredo I y fue el primer Conde de Barcelona que legó sus condados a sus hijos. De los reyes carolingios recibió, en el año 878, los condados de Barcelona, Gerona y Besalú. Debido a la decadencia del Imperio Carolingio, se le atribuye la independencia de facto de los condados, el escudo de las cuatro barras y lo que sería la base patrimonial de la casa condal de Barcelona.
Entre otras medidas, repobló la Plana de Vic. Este territorio era tierra de nadie, pues constituía la frontera entre los territorios carolingios y musulmanes. Con los años se fundó el condado de Osona. En el 870, Carlos el Calvo lo nombró conde de Urgell y Cerdaña tras ayudarlo, junto a Luis el Tartamudo, contra Bernardo de Gothia. El concilio de Troyes le concedió los condados antes referidos. Fundó los monasterios de Ripoll y Sant Joan de les Abadesses, y restableció el obispado de Vic.
Wifredo mantuvo su fidelidad a los monarcas carolingios, aunque evitó implicarse en las luchas del Imperio. Se opuso a las imposiciones eclesiásticas e hizo prevalecer su voluntad. A partir del 883, los musulmanes se sintieron amenazados por la expansión de Wifredo en Osona, Berguedá y Vall de Lord (Solsona). Banu Qasi fortificó la ciudad de Lérida y, ante tal provocación, Wifredo atacó la ciudad, pero perdió la batalla. El 11 de agosto del 897, durante el ataque de Lobo Ibn Muhammad sobre Barcelona, Wifredo murió.
Heredaron los condados sus hijos: Wifredo Borrell y Suñer recibieron los de Barcelona, Gerona y Osona; Sunifredo el de Urgell; y Miró los de Cerdaña, Conflent y Berga. Esta posibilidad de herencia se debió a la decadencia del poder real de los carolingios y no a una voluntad explícita de Wifredo de independizar Cataluña —que no existía como tal— de Hispania.
¿El creador de Cataluña?
La idea romántica de que gracias a él nació la actual Cataluña es obra de Serafín Pitarra. Esta surgió de la Gesta comitum barchinonensius, escrita en el siglo XII por los monjes de Ripoll, en la cual se sobredimensionó su figura. La realidad es que la independencia de facto de los condados se debe a la decadencia del Imperio carolingio y no a un afán independentista de Wifredo.
El Condado de Barcelona es el núcleo histórico de lo que hoy en día es Cataluña. Esta división territorial fue gobernada por el Conde de Barcelona desde el siglo IX hasta el siglo XVIII. Lo formaban los condados de Rosellón, Cerdaña, Pallars Sobirà, Pallars Jussà, Urgel, Ampurias, Besalú, Gerona, Osona, Berga y Barcelona, así como los marquesados de Lérida y Tortosa.
El origen de esta distribución territorial y jurisdiccional lo encontramos en el siglo VIII. El motivo fue el avance de los musulmanes hacia Francia. Los monarcas carolingios, para defender sus territorios, crearon lo que se conoce como Marca Hispánica, que prestaba vasallaje al Imperio y, por lo tanto, formaba parte de él, pero estaba compuesta por condados independientes que podían unirse circunstancialmente.
La aristocracia visigoda
La autoridad de aquellos condados recayó en la aristocracia visigoda. Cuando en el 801 fue conquistada Barcelona por Ludovico Pío, fue nombrado primer Conde de Barcelona Bera, que gobernó hasta el 820. Este fue acusado de traición y, tras perder un duelo, el poder pasó a manos de los francos. La nobleza visigoda volvió al poder cuando, en el año 844, Sunifredo I fue nombrado conde de Barcelona. Con aquel nombramiento, la hegemonía franca se fue debilitando y se produjo un cambio significativo. Si hasta ese momento los condes habían sido nombrados por los francos, a partir de Sunifredo se sucederían por herencia.
En el siglo X, los Condes de Barcelona se alejaron de la influencia franca. La ruptura definitiva se produjo en el 988. La dinastía carolingia fue sustituida por la capeta, y el conde Borrell II no quiso prestar juramento de fidelidad al capeto. Se iniciaba un periodo de independencia franca que sería iure (de derecho) con el tratado de Corbeil (1258).
Con la boda de Ramón Berenguer IV y Petronila de Aragón se creó lo que conocemos como Corona de Aragón. Cada uno de los territorios mantuvo sus usos, costumbres y moneda propia, y se crearon instituciones de gobierno privativas. El conde de Barcelona pasó a ser rey de Aragón. Como consecuencia de los Decretos de Nueva Planta (1714), el Condado de Barcelona dejó de ser una entidad política soberana y el título quedó absorbido por la Corona española. El Rey de España también es Conde de Barcelona.