La Torre Salvans, en Matadepera
Historia
El refugio idílico de Barcelona donde se fraguó el trágico final de la II República
El avance del bando nacional y la incesante amenaza de bombardeos forzaron a que Azaña se trasladara a un lugar más apartado
A principios de 1938, la evolución de la Guerra Civil hacía prever la caída de la II República. A las dificultades cotidianas hemos de sumar el aislamiento político y físico del presidente, Manuel Azaña. Estaba en un cautiverio que podríamos catalogar de melancólico. El avance del bando nacional y la incesante amenaza de los bombardeos sobre Barcelona forzaron que se trasladara a un lugar más seguro, discreto y apartado.
El lugar escogido como albergue en este tramo final de su presidencia fue la Torre Salvans, donde se instaló el 14 de febrero de 1938. Una importante residencia señorial de estilo ecléctico e inspiración modernista, en las faldas del Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac, dentro del término municipal de Matadepera, en la comarca del Vallés Occidental (Barcelona).
La torre la mandó construir el industrial y político Francesc Salvans Armengol. Diputado por la Lliga Catalana, el 24 de julio de 1936 fue asesinado entre los bosques y la carretera de Talamanca junto con su hijo, Joan Salvans Piera; Agustí Prat Marcet; los industriales Gaietà Vallès Pujals, Joaquim Barata Rocafort, Manuel Vallhonrat Comerma, Josep Maria Duran Torres, y el notario Francesc de Paula Badia Tobella. Los ejecutores fueron Pedro Alcocer y sus secuaces conocidos como «Chiquitos».
Aquel lugar se convirtió en el centro neurálgico del gobierno de la República. Matadepera era un lugar tranquilo y aislado del ruido de una gran ciudad. La torre, rodeada de frondosos pinares, encimas milenaria y la imponente silueta de las montañas que la rodeaban, era un lugar idílico en pleno conflicto bélico. Allí parecía que el tiempo se hubiera congelado y que España no estuviera enfrentada en una guerra civil.
El gran cambio que sufrió la zona fue debido al servicio de seguridad de Azaña. No solo se encargaron de proteger al presidente, sino de custodiar aquella torre de espías, quintacolumnistas y comandos de sabotaje. Para albergar a la nutrida escolta de guardias encargados de la defensa del complejo residencial se levantaron diversas edificaciones auxiliares. Todas ellas alrededor de la propiedad y a lo largo de las vías de comunicación adyacentes.
La barraca camuflada
Una de las muestras más singulares de esta arquitectura de guerra fue la barraca construida en las inmediaciones de la finca de La Barata, junto a la carretera que conecta Terrassa con Talamanca y Navarcles. Esa modesta edificación de piedra, camuflada entre la vegetación y concebida como fortín o puesto de vigilancia avanzado, servía para controlar el acceso norte a la Torre Salvans, garantizando que ninguna incursión hostil pudiera sorprender a loa allí alojados.
Para garantizar la seguridad de Azaña se construyó un gran búnker excavado a la roca del sótano y puertas blindadas de acero. Más arriba se montó una plataforma giratoria con cañón antiaéreo, otro búnker de cemento armado por la artillería y un edificio anexo. A cargo de la seguridad de Azaña se destinó un contingente de 45 hombres de la Guardia Presidencial que se instalaron en la misma Torre Salvans y unos 200 más que se alojaron a las Escuelas Pías de Terrassa. Desde esta torre se desplazaba tres o cuatro días por semana al Palacio de Pedralbes para despachar asuntos oficiales.
Vista panorámica de la Torre Salvans, en Matadepera
Por la Torre Salvans pasaron Lluís Companys, Julián Besteiro, Ángel Ossorio y Gallardo, Francisco García Lorca, Juan Negrín o Josep Tarradellas. Allí, el 5 de abril de 1938, se celebró un consejo de ministros en el cual se apartó del Gobierno a Indalecio Prieto como ministro de Defensa. Esto se debió a su dimisión como consecuencia del hundimiento del frente de Aragón y sus enfrentamientos con Juan Negrín.
Estando en esta comarca, el 1 de febrero de 1938 se celebró una reunión del parlamento republicano en el Monasterio de Montserrat, otra el 30 de septiembre de 1938 en el Monasterio de Sant Cugat, y la última el 1 de octubre de 1938 en el Salón Modernista de la Caja de Pensiones de Sabadell. La ultima sesión se realizó en Figueras (Gerona), cerca de la frontera francesa, el 1 de febrero de 1939, con unos 60 diputados.
Estando en la Torre Salvans, Azaña preparó el discurso que pronunció el 18 de julio de 1938 en el Ayuntamiento de Barcelona, a los dos años del comienzo de la guerra. Un discurso que pretendía ser de reconciliación. Elaborado con la intención de preparar a la opinión pública para lograr una mediación internacional y no prolongar la guerra. Un discurso cuyo final decía:
Azaña marcho de la Torre Salvans el 21 de enero de 1939. En carta escrita a Ángel Ossorio comenta: «Marchándonos el sábado, el enemigo ocupó nuestra casa el martes o el miércoles siguiente». Cruzó la frontera, por el Coll de La Vajol, el 4 de febrero de 1939, junto a su esposa Dolores Rivas Cherif, María Azaña, Santos Martínez, Juan Negrín, José Giral, Julio Álvarez del Vayo, el general José Asensio Torrado y el general Enrique Hernández Saravia.
Manuel Azaña falleció el 3 de noviembre de 1940, en el Hotel du Midi de Montauban, de un infarto cerebral. El mariscal Pétain prohibió un sepelio con honores de Jefe de Estado, accediendo a que el ataúd fuera cubierto con la bandera de España. El embajador de México lo cubrió con la bandera mexicana.