Retrato de José Torras y Bages, obispo de Vic
El obispo que encarnaba sin pudor el «dogmatismo católico» y se convirtió en fiel mentor de Gaudí
La influencia de Josep Torras i Bages y Eusebio Güell en la obra del genio catalán
La mayoría conoce que Antoni Gaudí Cornet (1852-1926) fue un arquitecto y máximo representante del modernismo catalán. Dotado de una fuerte intuición y capacidad creativa, Gaudí concebía sus edificios de forma global, atendiendo tanto a las soluciones estructurales como a las funcionales y decorativas.
Su obra ha alcanzado con el transcurso del tiempo una amplia difusión internacional, siendo innumerables los estudios dedicados a su forma de entender la arquitectura. Por encima de otras, se forman colas interminables para visitar la Casa Batlló, la Pedrera o la Sagrada Familia en Barcelona.
Lo que no se conoce tanto son otras facetas de su trabajo y las personas que lo influenciaron a lo largo de su vida: la restauración de los monasterios de Ripoll y Poblet, el obispo Torras i Bages, Eusebio Güell, el santo Enric d'Ossó, el periódico El Correo Catalán o el origen carlista de la Sagrada Familia.
Torras i Bages: el mentor intelectual
El catolicismo y el catalanismo de Antoni Gaudí se vieron influenciados por dos personalidades: Josep Torras i Bages y Eusebio Güell. Antes de adentrarnos en los rasgos que marcaron su línea vital, es revelador conocer lo que le dijo al poeta Joan Maragall, quien en 1903 se lo transmitió a Josep Pijoan. Escribía Maragall:
"He llegado a comprender que es él quien representa la tradición del dogmatismo católico, y que en el sentido ortodoxo es él quien está en la posición fuerte; que, comparado con él, soy un diletante lleno de heterodoxias.
Y entonces ¿qué? Si quieres llamar «castigo» al trabajo, el sufrimiento y la lucha humana, eso es cuestión de palabras. Pero ¿no es cierto que la palabra parece contaminar la vida humana en su misma fuente?
Me parece que cuanto más fuerte crees que es el reino de Dios en la tierra (...) cuanto menos lejano es el punto de vista que adoptas, menos seguro puedes estar de que todo haya sido destinado a ser un castigo, porque te transfigura la gloria que se alza ante ti y el amor que percibes en su interior".
La vinculación de Gaudí con el obispo y escritor Josep Torras i Bages duró casi treinta años. El obispo de Vic fue el único mentor intelectual que Gaudí aceptó por completo. Por tanto, el vigatismo político se impregnó en Gaudí: la corriente dentro del catalanismo que, aunque reconoce la identidad nacional catalana y aspira a una mayor autonomía, no necesariamente aboga por la independencia de Cataluña. En lugar de buscar la secesión, los vigatistas tienden a enfocarse en la defensa de los derechos históricos, la cultura y la lengua catalana, promoviendo al mismo tiempo la participación en el marco político español, ya sea a través del sistema autonómico actual o mediante un modelo federal.
Torras i Bages tenía planteado reformar el catalanismo y el catolicismo. Como en la época de los Papas, Gaudí sería el gran arquitecto que llevaría a la práctica los proyectos filosóficos del prelado: la palabra hecha obra. Un ejemplo claro es el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia. Torras i Bages opinaba que la «casa pairal» era la metáfora secular de la Iglesia, línea de pensamiento que compartía el beato Josep Manyanet. Gaudí proyectó así la «casa pairal» de Dios en la tierra a través de la Sagrada Familia.
Siguiendo los consejos de Torras i Bages, Gaudí se hizo socio del Cercle Artístic de Sant Lluc. Este círculo, auspiciado por el obispo de Vic, nació para contrarrestar a los vanguardistas. Los artistas que se reunieron alrededor del Cercle tenían la voluntad de hacer un arte moralizador, de acuerdo con la moral católica, exaltando la familia y las virtudes tradicionales. Se opusieron a la vida bohemia fomentada por Rusiñol en el Cau Ferrat de Sitges. Los miembros más destacados del Cercle fueron Joan Llimona, Enrique Galway, Félix Mestre, Alejandro de Riquer, Dionisio Baixeras, Joaquín Vancells, José Llimona, Joaquín Renart, Antoni Gaudí y Enrique Sagnier.
Eusebio Güell: el mecenas afín
Seguidor ferviente de la obra y del pensamiento de Torras i Bages fue Eusebio Güell Bacigalupi (1846-1918), conde de Güell. Esto, junto con la amistad de Gaudí con el obispo de Vic, hizo que su relación fuera más allá de lo meramente profesional. Ideológicamente hablando, eran dos seres afines. Carmen Güell, descendiente de Eusebio Güell, escribe en «Gaudí y el Conde Güell»:
«Pese a todo lo que les separaba, se admiraban mutuamente y tenían muchos puntos en común: ambos eran sensibles, habladores, de gran corazón y amantes por encima de todo de Cataluña y de todo lo catalán. Compartían el mismo ideal basado en una Cataluña potente en el marco de una España plural. Mantenían largas conversaciones sobre arte y estética en particular, incurriendo a menudo en apasionadas e interminables discusiones (...) La influencia que ejercería uno sobre otro fue considerable. Gaudí derrochaba talento, energía y ganas de trabajar. A Eusebio Güell tampoco le faltaban capacidades (...) fruto de esta unión singular, gracias a la cual Barcelona cuenta hoy con un legado arquitectónico admirado en todo el mundo».
Sobre Güell opinaba Gaudí que «es un señor, porque así como el que tiene dinero y se hace notar solo es rico, quien tiene dinero y no hace ostentación los domina, tiene el dominio y, por tanto, es un señor».