Museo Nacional de Arte de Cataluña

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Diez planes culturales en Barcelona donde los niños no pedirán irse a los cinco minutos

La ciudad reúne espacios que van desde tocar serpientes hasta escribir como los egipcios sin que parezca una clase aburrida

Llevar niños a museos no tiene por qué terminar en drama familiar. El problema nunca ha sido que los pequeños odien el arte o la cultura: simplemente hay que saber qué puertas abrir. Barcelona cuenta con opciones tan variadas que la única dificultad real está en decidir por dónde empezar.

La estrategia ganadora es dejarles participar en la elección. Si les fascina pintar, hay rutas artísticas esperando. Si prefieren estar al aire libre y experimentar, la ciencia y la naturaleza tienen propuestas de sobra. Porque esto no debe parecerse a obligarles con la comida que rechazan.

Un edificio junto al mar con tres sedes diferentes

El Museo de Ciencias Naturales reparte su contenido entre el espacio del Fòrum, el área verde de Montjuïc y la instalación en el parque de la Ciutadella. En la primera de estas localizaciones existe una cubierta transformada en hábitat real donde crecen plantas y llega la brisa marina, aunque ahora no está disponible por trabajos de mantenimiento.

Mientras tanto, el interior presenta un viaje por cómo evolucionó nuestro planeta. También funciona el Nido de Ciencia, espacio de acceso gratuito donde los críos hasta seis años exploran texturas y objetos de la naturaleza sin restricciones.

Formas sencillas que conectan sin esfuerzo

La obra de Joan Miró funciona especialmente bien con el público infantil porque captura lo esencial: astros, animales, personas, cielos. No hace falta contexto ni explicaciones técnicas para que los pequeños entiendan lo que ven. De hecho, muchas veces lo interpretan mejor que los adultos.

En la Fundació organizan búsquedas del tesoro artísticas donde localizar pájaros escondidos entre las creaciones del pintor. El edificio suma un patio con vistas amplias de Barcelona y un jardín exterior lleno de esculturas donde estirar las piernas.

Navegar por la historia sin salir del puerto

Las antiguas atarazanas reales acogen el Museu Marítim, que anuncia su temática desde el patio con un submarino de bienvenida. Dentro esperan barcos de todos los tamaños —algunos todavía funcionales— junto a piezas que van desde motores de vapor hasta documentos con siglos de antigüedad. La colección mezcla herramientas de navegación, embarcaciones pesqueras y deportivas en un conjunto sorprendente.

Las actividades proponen jugar a piratas o subir a bordo del Santa Eulalia, velero real con más de un siglo navegando. Dos veces al mes se abre sin coste la muralla medieval con sus jardines y la única puerta conservada, donde recreadores históricos ambientan la época.

Pasar la noche entre gigantes del pasado

Para muchos barceloneses, CosmoCaixa guarda recuerdos imborrables: sostener reptiles, caminar por un bosque tropical auténtico con una capibara tímida, o atreverse a probar ese bloque de hielo enorme cuando nadie vigila.

Hoy en día el centro mantiene su espíritu práctico con un planetario envolvente y sesiones de dibujo científico. La experiencia más memorable es dormir allí: instalarse en sacos entre esqueletos prehistóricos, explorar las salas vacías con linternas propias y arrancar el día viendo despertar a los animales mientras comes.

'Dinosaurios en la Patagonia', en Cosmocaixa Barcelona

'Dinosaurios en la Patagonia', en Cosmocaixa Barcelona

Detectives entre obras de arte

El MNAC plantea primero una reflexión sobre sus famosas pinturas románicas: ponte en la piel de alguien que jamás vio ninguna imagen —ni bosquejo ni fotografía ni pantalla— y súbitamente entra en un templo oscuro de montaña encontrándose con Dios pintado mirándole fijamente. Así vivían el arte los campesinos hace mil años.

Para mayores de siete años, 'El robo del bestiario' transforma la visita en investigación criminal: manuscritos desaparecidos y un pastor muerto cuyo caso se resuelve siguiendo rastros entre las piezas expuestas. Está incluido con el ticket normal. También existen cuadernos para dibujar durante el recorrido y cuentos basados en cuadros concretos para preparar la experiencia.

Un mural explosivo como carta de presentación

CaixaForum arranca con la obra de Sol LeWitt en la entrada: colores intensos y formas fluidas que marcan el tono. Este espacio dedica recursos importantes a las familias, con una actividad fija donde los críos trabajan color y movimiento inspirándose en ese mismo mural.

Suma propuestas cambiantes según qué exposición temporal esté activa, más experiencias inmersivas para entender desde dentro cómo funciona una orquesta profesional.

Jugar a descubrir civilizaciones perdidas

Muchos barceloneses desconocen el Museo de Arqueología que hay al inicio de Montjuïc. Es ideal para quienes fantasearon alguna vez con encontrar tesoros enterrados. La colección recorre desde las primeras herramientas humanas hasta objetos medievales, destacando el mosaico romano de las Tres Gracias.

Los talleres recrean excavaciones reales donde los participantes aplican técnicas profesionales. Hay incluso sesiones donde actuar como forenses examinando huesos milenarios.

Treinta siglos de fascinación garantizada

El Museu Egipci despliega tres milenios de una cultura que mezcla todo lo necesario para cautivar: enigma, simbolismo y impacto visual. Desde enormes cabezas de babuinos que adornaban templos hasta espejos metálicos y sarcófagos infantiles. También gatos preservados, pequeños cocodrilos y halcones momificados.

Los talleres convierten a los asistentes en navegantes fluviales o escribas de jeroglíficos. Las noches de fin de semana se organizan recorridos especiales nocturnos.

El Museo Egipcio de Barcelona presenta 70 piezas de esta milenaria civilización

El Museo Egipcio de Barcelona presenta 70 piezas de esta milenaria civilizaciónEFE

Dulce desde el nombre

El Museu de la Xocolata parte con ventaja: la palabra chocolate ya atrae por sí sola. Además del recorrido por el origen del cacao y su llegada europea —historia mezclada con mito—, la parte práctica es la estrella indiscutible.

Los adultos tienen catas especializadas. Los pequeños —aunque los grandes también pueden— participan en talleres donde mancharse es parte del plan: fabricar piruletas, bombones variados y otras creaciones comestibles.

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