El presidente de Junts, Carles Puigdemont, en una imagen de archivo
Cataluña
El entorno de Puigdemont desprecia la ayuda del Ejército con la peste porcina y alienta teorías conspiranoicas
El grupo de Junts en Barcelona critica la «militarización» de la gestión de emergencias
El brote de peste porcina africana (PPA) declarado estos días en el entorno de Collserola, junto a Barcelona, se ha convertido en el principal foco de preocupación en la comunidad, con múltiples derivadas sanitarias, económicas… y también políticas. Muestra de esto último es la actitud de Junts ante la presencia de la Unidad Militar de Emergencias (UME), que se ha desplegado en Cataluña después de que la Generalitat pidiera su ayuda.
El grupo municipal de Junts en Barcelona ya ha salido a poner en duda la ayuda prestada por el Ejército ante esta crisis. Lo ha hecho registrando una batería de ocho preguntas en el Ayuntamiento en las que aseguran estar «profundamente preocupados» por la decisión de pedir refuerzos militares.
En declaraciones recogidas por El Nacional, la regidora de Junts Titon Laïlla alerta de que el despliegue militar ante una emergencia sanitaria animal «es poco habitual» y «plantea interrogantes sobre los criterios técnicos, la necesidad real, el coste económico y la coordinación con los equipos veterinarios».
Limpieza de vehículos de los Agentes Rurales de la Generalitat, en Collserola
Siempre incómodos con la presencia de las Fuerzas Armadas, desde la formación liderada por Carles Puigdemont aseguran que la presencia de la UME «puede tener implicaciones tanto operativas como institucionales». «No podemos normalizar la militarización de crisis que deberían ser gestionadas con recursos civiles especializados», criticaba Laïla este lunes, apuntando que la crisis de la PPA debería ser gestionada por «veterinarios, agentes rurales, técnicos especializados y los cuerpos de seguridad civiles habituales».
Este lunes, no obstante, la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), la principal asociación profesional del Instituto Armado, ponía de manifiesto que, si la UME ha tenido que intervenir para ayudar a una Generalitat «desbordada», es por el «desmantelamiento programado» del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil en Cataluña.
«La Generalitat se ha visto superada y ha tenido que recurrir al Gobierno para activar a la UME, entonces ¿para qué se eliminaron las competencias del Seprona de la Guardia Civil a favor de los Mossos y agentes forestales catalanes, si al final recurren al Estado?», se preguntaban en un comunicado.
Teorías de la conspiración
Las críticas a la «militarización» de la gestión de emergencias no han sido las únicas manifestaciones chillonas del entorno de Puigdemont respecto a la PPA. También este lunes, su jefe de oficina, Josep Lluís Alay, cuestionaba en X la explicación oficial sobre el origen del brote, que el consejero de Agricultura, Òscar Ordeig, atribuyó con una probabilidad «alta» a un embutido contaminado ingerido por un jabalí.
Para la mano derecha de Puigdemont, la teoría del «bocadillo» es sospechosa, y en su publicación alimenta la conspiranoia. «En un país democrático con medios de comunicación independientes tendríamos a un puñado de periodistas cuestionando e investigando el origen de la peste porcina. En nuestra casa se limitan a leer comunicados que les trasladan las autoridades», y concluía: «Cataluña, despierta».