La líder de Aliança Catalana, Sílvia Orriols, inaugura la sede del partido en Barcelona

La líder de Aliança Catalana, Sílvia Orriols, inaugura la sede del partido en BarcelonaEFE

Cataluña

La auténtica cara de Orriols: lanza una campaña de «denuncia masiva» contra los negocios que usen el español

La delegación de Aliança Catalana en Barcelona pone en la diana a más de 700 comercios por no atender en catalán

No cabe duda de que el auge de Sílvia Orriols ha sido el fenómeno político más destacable del año en la política catalana, un seísmo cuyas repercusiones –vaivenes de Junts mediante– se han dejado sentir incluso en la capital del país. El discurso duro y desacomplejado de la alcaldesa de Ripoll en cuestiones como la inmigración islámica o la inseguridad le han granjeado la simpatía, también, de no pocos votantes de Vox o incluso del PP.

Con todo, no cabe llamarse a engaño: Aliança Catalana (AC) es un partido nacionalista, independentista e hispanófobo. «Declararemos unilateralmente la independencia y la defenderemos hasta expulsar definitivamente al Estado español de Cataluña», reza el primer punto de su ideario que aparece al entrar en su página web, como un friso para advertir a navegantes despistados.

Hace pocas horas, el partido de Orriols ha dado una nueva muestra de esta pulsión, al anunciar a través de la cuenta de X de su delegación en Barcelona un proceso de «denuncia masiva» a más de 700 establecimientos de la ciudad por no rotular o atender en catalán. «Ante la dejadez de funciones de la Generalitat, desde Aliança Catalana trabajamos para garantizar los derechos de los catalanes», aseguran.

Las campañas de delaciones a negocios o empresas que atienden en idiomas distintos al catalán –principalmente, en español– son una constante en ambientes independentistas, y entidades como Plataforma per la Llengua, la autodenominada «ONG del catalán», han hecho de este modus operandi su razón de ser. Este 2025, según adelantaba ayer RAC1, han conseguido más de 3.000 quejas, unas ocho cada día, de media.

Sin embargo, mientras que partidos como Junts, ERC o la CUP suelen ‘subcontratar’ la delación de comercios a entidades como la «ONG del catalán», los de Orriols han decidido arremangarse y hacer la competencia a Plataforma per la Llengua. «¿Frenarán este tipo de prácticas delatorias la transferencia de voto de Vox a Aliança? Según el ‘CIS catalán’ [el Centro de Estudios de Opinión (CEO) de la Generalitat], el trasvase alcanzaría ya el 9 %», se preguntaba en X el periodista de El Mundo Víctor Mondelo.

Choque con Vox

Por su parte, desde Vox no se quedaron callados y entraron al trapo en redes sociales, con un mensaje con el que pretendían marcar distancias: «Aunque el separatista se vista de seda, separatista se queda», ironizaban. Y añadían que «mientras ellos quieren continuar con las multas lingüísticas y la discriminación al español, nosotros seguimos defendiendo la libertad y las dos lenguas propias de Cataluña».

El choque entre Vox y AC no es cosa menor, ya que ambos son partidos con previsiones de crecimiento electoral en Cataluña, según las encuestas –los de Orriols conseguirían hasta 20 escaños, según el CEO–, y hay un porcentaje del electorado que podría decantarse por cualquiera de los dos. Este lunes, el ideólogo de AC Jordi Aragonès levantaba más barreras entre ambos partidos, arguyendo que no había entendimiento posible.

Lo hacía en una entrevista para The Objective, en la que criticaba a Vox por ser una formación «extremadamente centralista», de corte «afrancesado y jacobino». Preguntado por el hecho de que la mitad de sus potenciales votantes –según constata la citada encuesta del CEO– no sean independentistas, Aragonès defendía que el programa lo definirá el partido, no los electores, e insistía en que su objetivo es «restaurar el Estado catalán».

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