Bombardeo de Barcelona en 1938

Bombardeo de Barcelona en 1938Wikimedia

Memoria histórica

Archivan el juicio a los aviadores que bombardearon Barcelona durante la Guerra Civil porque todos han muerto

Los italianos bombardearon la ciudad en 1938 por orden de Mussolini

El Juzgado de Instrucción número 28 de Barcelona ha decretado el archivo libre de la causa que investigaba los bombardeos de la aviación italiana en la capital catalana en 1938, la primera abierta en España por los crímenes de la Guerra Civil. ¿El motivo? La biología.

En concreto, el juzgado ha constatado que, tras 13 años de indagaciones, ninguno de los aviadores italianos implicados sigue vivo. De esta manera cierra un ciclo judicial que ha intentado poner nombres y apellidos a uno de los episodios más oscuros de la guerra.

Esta decisión no es una derrota de la justicia, sino más bien el reconocimiento de una limitación física. Los responsables de aquellos bombardeos, de la Aviación Legionaria italiana, están todos fallecidos. Con su desaparición, se extingue la responsabilidad penal.

Durante los días 16, 17 y 18 de marzo de 1938, la ciudad experimentó un terror hasta entonces desconocido en la guerra moderna. Por orden directa de Benito Mussolini, los trimotores Savoia-Marchetti despegaron de sus bases en Mallorca con una misión que no buscaba destruir fábricas de munición ni nudos ferroviarios estratégicos.

El objetivo era la moral de la población civil. Fue un experimento de bombardeo de saturación o de alfombra, diseñado para causar el máximo caos y pánico en el corazón de una metrópoli densamente poblada.

Las bombas cayeron cada tres horas, impidiendo que los equipos de rescate pudieran sacar a los heridos, de entre los escombros, antes de que empezara la siguiente oleada. Fue una masacre planificada que segó la vida de aproximadamente un millar de personas y dejó a miles de heridos, convirtiendo las calles del Eixample y el centro de Barcelona en un cementerio humeante.

A juicio en 2013

La batalla judicial que ahora concluye se inició en el año 2013, impulsada por la asociación de italianos residentes en Barcelona Altra Italia y por el testimonio de víctimas directas que, décadas después, se negaban a que el silencio fuera el único epitafio de sus familiares.

Aquella querella fue un hito jurídico sin precedentes en España, pues consiguió que un tribunal ordinario aceptara investigar los bombardeos bajo la calificación de crímenes de guerra y de lesa humanidad. Este matiz es fundamental, ya que este tipo de delitos son imprescriptibles según el derecho internacional.

La Guerra Civil Española. El bando republicano. Barcelona. 1938. No se han cortado todas las tuberías de agua, a pesar de los bombardeos de la aviación italo-alemana.

Barcelona tras el bombardeo italiano, en 1938David Seymur / Magnum Photos

La imprescriptibilidad del delito choca frontalmente con la mortalidad del delincuente. A lo largo de más de una década, la instrucción el juzgado se enfrentó a dificultades burocráticas y diplomáticas. Durante años, el Estado italiano mostró una resistencia pasiva a facilitar los listados de los pilotos que operaron en aquellas fechas, dificultando una identificación que el paso del tiempo hacía cada vez más urgente.

La resolución explica que, tras un análisis exhaustivo de los archivos militares y los certificados de defunción proporcionados finalmente por las autoridades italianas, se ha confirmado que la inmensa mayoría de los oficiales e instructores de vuelo implicados han fallecido.

En el caso de los pocos nombres sobre los que no se ha podido obtener un acta de defunción formal, la jueza señala que no existe una base probatoria suficiente para vincularlos de manera individual y directa con las órdenes de ataque a objetivos civiles específicos. Por tanto, el archivo libre de la causa se presenta como la única salida jurídica posible ante la ausencia de un sujeto vivo a quien juzgar, pero el auto judicial no escatima en reconocer la veracidad de los hechos denunciados.

La instrucción ha permitido documentar que los ataques no fueron errores de cálculo ni daños colaterales, sino una estrategia deliberada de exterminio. Se han recuperado libros de vuelo, órdenes de misión y testimonios que hoy forman un corpus documental irrefutable frente a cualquier intento de negacionismo histórico.

El proceso ha servido para que el Estado español, a través de sus tribunales, reconozca oficialmente que lo ocurrido en Barcelona fue un crimen contra la humanidad, elevando el sufrimiento de las víctimas de 1938 a una categoría de protección jurídica que antes les era negada por las leyes de amnistía o la simple desidia institucional.

La memoria de los bombardeos de Barcelona ya no depende de la voluntad de un juez o de la identificación de un piloto centenario. Ahora depende de la capacidad de la ciudadanía para recordar que el cielo de una ciudad nunca debe ser utilizado como un laboratorio de muerte.

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