Campamento de una persona sin hogar en el barrio de Sant Antoni

Campamento de una persona sin hogar en el barrio de Sant AntoniDaniel Sirera

Seguridad

Sant Antoni, un barrio en alerta: vecinos y comerciantes denuncian el deterioro de la seguridad y la convivencia

Reclaman más presencia policial y una intervención social urgente ante una situación que consideran «cronificada»

La caída de la tarde ha cambiado el pulso de Sant Antoni. Donde antes había familias paseando y vecinos cruzando la ronda de Sant Pau sin demasiadas preocupaciones, ahora muchos aceleran el paso, miran hacia atrás o directamente evitan algunas calles. El apuñalamiento mortal ocurrido el pasado fin de semana, tras un intento de robo en las inmediaciones del barrio, ha vuelto a colocar sobre la mesa una sensación que residentes y trabajadores aseguran que lleva tiempo creciendo: la de un barrio que se deteriora y que empieza a vivir con miedo.

La preocupación ha estallado definitivamente después de que la asociación Sant Antoni Comerç reclamara públicamente un plan urgente para «recuperar la seguridad y la convivencia». Pero más allá de los comunicados oficiales y del debate político, en las calles del barrio se percibe un cansancio acumulado.

«Esto no ha pasado de golpe. Hace años que vemos cómo determinadas zonas se degradan y nadie acaba de tomar medidas serias», explica Marta, vecina de la calle Parlament desde hace más de dos décadas. Cuenta que antes volvía caminando a casa de noche sin darle importancia. «Ahora, a partir de según qué hora, intento no pasar sola por la ronda de Sant Pau. Hay peleas, gritos, trapicheos… y la sensación es que todo el mundo se ha acostumbrado».

La parte baja de Sant Antoni concentra gran parte de las quejas. Calles como Aldana, Marquès de Campo Sagrado o el entorno de la ronda de Sant Pau aparecen constantemente en las conversaciones vecinales. Allí se mezclan venta ambulante irregular, personas durmiendo en portales, conflictos vinculados a las drogas y episodios de violencia que, según los residentes, se repiten cada vez con más frecuencia.

«Hay días en los que tienes que esquivar mantas, discusiones o personas completamente fuera de sí», relata Ahmed, que trabaja en la zona desde hace años. «Lo peor no es solo lo que pasa, sino que parece que ya nadie se sorprende».

La muerte violenta del pasado fin de semana ha sido, para muchos, la gota que ha colmado el vaso. La víctima murió tras una agresión con arma blanca después de un robo ocurrido entre el Raval y Sant Antoni, una frontera urbana donde los problemas de convivencia hace tiempo que dejaron de pertenecer exclusivamente a un barrio.

Piden soluciones urgentes

Los comerciantes aseguran que la situación impacta directamente en la actividad cotidiana. Algunos reconocen que trabajadores y clientes sienten inseguridad al cerrar de noche o al atravesar determinadas calles. «La gente ya comenta entre ellos qué rutas evitar», explica un restaurador de la zona que prefiere no dar su nombre. «Y eso en un barrio como Sant Antoni era impensable hace unos años».

Aun así, muchos insisten en que reducir el problema únicamente a una cuestión policial sería simplificar demasiado la realidad. «Claro que hace falta más presencia policial, porque hay robos y violencia», afirma Laura, residente cerca de Comte Borrell. «Pero también hay personas completamente abandonadas viviendo en la calle, gente con problemas mentales o adicciones. Si solo echas patrullas, el problema se mueve de una esquina a otra».

Ese equilibrio entre seguridad y atención social es precisamente uno de los puntos que más se repite entre vecinos y entidades. Sant Antoni Comerç reclama más Mossos y Guardia Urbana, con patrullas permanentes en las zonas más conflictivas, pero también un refuerzo de los servicios sociales y recursos específicos para personas vulnerables.

«Hay una sensación de abandono institucional», lamenta Jordi, que vive junto a la ronda de Sant Pau. «Los vecinos llaman, denuncian, presentan quejas… pero la percepción es que todo llega tarde y que mientras tanto el barrio se degrada».

La tensión ha escalado también al terreno político. El líder del PP en el Ayuntamiento de Barcelona, Daniel Sirera, ha exigido la dimisión del responsable municipal de Seguridad, Albert Batlle, y acusa al gobierno de Jaume Collboni de haber normalizado la inseguridad.

Los vecinos y comerciantes quieren soluciones, porque la sensación es que Sant Antoni está perdiendo parte de la tranquilidad y de la convivencia que durante años definieron su identidad.

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