Vista panorámica en Tossa de Mar, en la Costa Brava
Viajar
22 kilómetros, 365 curvas y las mejores vistas del Mediterráneo: así es la carretera más bonita de Cataluña
La ruta se encuentra en plena Costa Brava, y conecta dos de sus pueblos más conocidos: Tossa de Mar y Sant Feliu de Guíxols
Hay carreteras que son una anodina infraestructura que te lleva del punto A al punto B, pero hay otras que, por su ubicación, se convierten en un lugar privilegiado para disfrutar al volante de vistas espectaculares y rincones de ensueño. Es el caso, por ejemplo, de la GI-682, declarada en un artículo de la revista especializada Viajar como la «más bonita de Cataluña».
El tramo en cuestión de la GI-682 no es muy largo, pero sus 22 kilómetros son un balcón inigualable al mar Mediterráneo. La carretera se encuentra en plena Costa Brava, en la provincia de Gerona, y conecta dos de sus pueblecitos marineros más conocidos: Tossa de Mar y Sant Feliu de Guíxols, ambos situados en el límite costero del Espacio Natural Protegido del Massís de Cadiretes.
Barcas de pesca en Tossa de Mar, en la Costa Brava
El punto de partida de la GI-682 está en Blanes, más al sur, y pasa por Lloret de Mar antes de llegar a Tossa, que es la auténtica línea de salida del tramo que nos ocupa. Se trata de una ruta que tiene a un lado las montañas y al otro el Mediterráneo, y que atraviesa –según la citada publicación– hasta 365 curvas que invitan a conducir sin prisa, admirando el paisaje.
Serpenteando entre calas
La ruta se puede realizar en unos 45 minutos, y se puede hacer tanto en coche como en moto o en bicicleta, siempre respetando las normas de tráfico y prestando atención al resto de personas que circulen. La carretera serpentea entre urbanizaciones y calas, e invita a tomar un desvío en cualquier momento para bajar a bañarse, tomar el sol o hacer un picnic.
Vista del recinto amurallado de Tossa de Mar
Otra opción para comer es en cualquiera de los dos pueblos que flanquean la ruta. Tossa de Mar está considerado como uno de los municipios más bonitos de España, y es famoso por su recinto amurallado: es la única población medieval fortificada que resiste como tal en la costa catalana. El pintor Marc Chagall bautizó a este pueblo como «Paraíso azul» tras pasar el verano en los años 1933 y 1934.
Por su parte, Sant Feliu de Guíxols es un antiguo pueblo de pescadores que aún retiene el encanto tradicional de sus antiguos pobladores. Cuenta con un monasterio del siglo XVIII y con varias construcciones modernistas, pero su elemento más definitorio es la cercanía a algunas de las mejores playas de toda la Costa Brava.