Vista del pueblo abandonado de Marmellar, en Tarragona
Historias de Cataluña
El pueblo de las tumbas vacías: un enclave en Tarragona marcado por oscuros rituales y asesinatos sin resolver
Un pueblo fantasma sobre el que se cuentan todo tipo de historias truculentas
En la provincia de Tarragona encontramos el núcleo abandonado de Marmellar, también conocido como «el pueblo de las tumbas vacías». Detrás de la iglesia la visión de los nichos abiertos de su cementerio evoca una imagen dantescas.
A diferencia de lo que dicen las leyendas urbanas, en las tumbas vacías de Marmellar no ocurrió nada sobrenatural. Cuando el pueblo quedó abandonado, las autoridades exhumaron los restos de los antiguos vecinos y los trasladaros al cementerio de El Vendrell. Marmellar, vinculado con estos nichos, ha vivido una sangrienta crónica negra y oscuros rituales que son un referente de la España mágica y macabra.
La leyenda negra de Marmellar comenzó a principios de los años noventa. Durante la Noche de San Juan de 1993, una joven disfrutaba de la fiesta en un local de música heavy metal. Acompañada de unos amigos sugirió continuar la celebración en las ruinas de un pueblo abandonado que ella conocía.
Varios muchachos accedieron, montaron en sus vehículos y, con la música a todo volumen, emprendieron el camino hacia allí. Nunca más se la volvió a ver con vida. El sábado 26 de junio de 1993, una pareja de cazadores que transitaba por las ruinas de Marmellar, tropezó con una escena espantosa en el interior del antiguo templo parroquial. Medio enterrado en una fosa yacía el cadáver carbonizado y desnudo de una mujer joven, de entre 20 y 30 años, de melena larga y oscura.
El cuerpo presentaba evidentes signos de una violencia extrema. Los peritos forenses y la policía constataron que la mujer había sido quemada encima de un colchón y que sus asesinos le habían amputado los dedos de las manos, con la clara intención de dificultar su identificación dactilar. En el exterior de la iglesia se encontraron las brasas de dos hogueras y, en las paredes interiores del templo, hallaron pintadas con simbología satánica.
Aunque se especuló con que la víctima pudiera ser una trabajadora del sexo o una joven de 15 años de nacionalidad alemana desaparecida días antes, las pruebas biológicas descartaron esta última hipótesis. Aquella mujer sin nombre nunca fue reclamada por nadie, no constaba ninguna denuncia de desaparición en la zona y su homicidio jamás pudo esclarecerse, quedando sepultado en el anonimato más absoluto.
Tres años después
Apenas tres años después del macabro hallazgo la violencia volvió a ensañarse sobre Marmellar y sus inmediaciones. El 14 de febrero de 1996, día de San Valentín, Anna María Barba, una joven de 19 años, se encontraba trabajando en la gasolinera del municipio de L’Arboç. Fue atracada por uno o varios individuos que la secuestraron a la fuerza tras apoderarse de un botín superior a las cuarenta mil pesetas.
Los captores trasladaron a la joven hasta La Talaia Mediterrània, una urbanización abandonada dentro del término de Marmellar. La constructora del proyecto había quebrado años atrás dejando las viviendas a medio edificar. Allí fue violada y ejecutada.
Al día siguiente un agricultor de la zona halló el cuerpo semidesnudo de Anna María oculto bajo unos tablones de madera. La hipótesis policial apuntó que el móvil principal de los delincuentes fue el abuso sexual, y que su posterior asesinato se llevó a cabo para evitar que la víctima pudiera identificar a sus agresores.
El cementerio abandonado de Marmellar
Aquellas muertes violentas, el aislamiento geográfico y la estética ruinosa del pueblo actuaron a favor de estas leyendas urbanas. Vecinos de las poblaciones colindantes empezaron a comentar presencias extrañas en las inmediaciones de Marmellar. Hablaban de vehículos de alta gama aparcados en los caminos forestales al caer la noche, así como individuos ataviados con túnicas negras y capuchas paseando entre los muros derribados. Las ruinas se convirtieron en un punto de peregrinación para practicantes de la magia negra, espiritismo y grupos esotéricos.
Diversos divulgadores de lo paranormal e investigadores del fenómeno psicofónico han documentado supuestas anomalías en el lugar. Otros investigadores destacan el opresivo silencio del enclave, la brusca caída de temperaturas nocturnas y la persistente sensación de sentirse observado desde los huecos de las ventanas derrumbadas, transformando la arquitectura del pueblo en una figura amenazante y espectral.
La leyenda y la historia
Más allá de las leyendas y los escalofriantes relatos de terror, la historia real del despoblamiento de Marmellar responde a la transformación socioeconómica del campo español durante el siglo XX. No es un pueblo maldito por fuerzas demoníacas. Es una víctima más del éxodo rural y del aislamiento de las infraestructuras. El núcleo urbano cuenta con un pasado histórico milenario, documentado desde el año 1023 y coronado por un castillo medieval del siglo XII.
Jamás llegó a tener una gran población. Los censos de 1717 registraban apenas 65 habitantes, una cifra que se mantuvo relativamente estable durante los siglos XVIII y XIX. A principios del siglo XX el pueblo carecía de comercios, agua corriente, red de alcantarillado y electricidad. Sus vecinos debían desplazarse a Aiguaviva o al Pla de Manlleu para comprar y acudían los viernes al mercado de El Vendrell para vender sus cosechas.
Las pésimas comunicaciones del camino forestal imposibilitaban el transporte de mercancías y la llegada de servicios públicos esenciales. Tras la guerra civil el goteo de familias que se marcharon a municipios mejor comunicados fue constante. Hacia 1970 apenas quedaban 26 residentes en el pueblo, hasta que un devastador incendio forestal en 1976 asoló la comarca y dictó la sentencia de muerte definitiva de Marmellar. Las casas de Cal Joan y Cal Manco fueron las últimas en quedar vacías.
Marmellar no fue víctima de una maldición satánica ni del castigo divino, sino del inevitable avance de la modernización urbana y la precarización del mundo rural. De no haber sido por la coincidencia de los crímenes cometidos en sus ruinas durante los años noventa, Marmellar hoy sería tan solo un pueblo abandonado más entre los cientos que delimitan la geografía española. La combinación de anonimato, incendios, profanación de sepulturas y asesinatos sin resolver garantizó que su nombre quedase grabado para siempre en la memoria colectiva como el pueblo fantasma de las tumbas vacías.