04 de febrero de 2023

El presidente de la Comunidad Valenciana, Ximo Puig, en el parlamento autonómico.

El presidente de la Comunidad Valenciana, Ximo Puig, en el parlamento autonómicoEP

Comunidad Valenciana  El papel secundario de Puig le impide lograr ninguna de las reivindicaciones de la Comunidad Valenciana

El presidente autonómico no ha conseguido éxitos destacables en materias como agua, financiación, impuestos o defender a la Región del secesionismo

Conforme se van acercando las elecciones, los líderes políticos tienden a llevar a cabo estrategias que les permitan marcar perfil propio. En no pocas ocasiones, esa visión les obliga a salirse del guion establecido y de los férreos argumentarios preparados en los cuarteles generales de partidos y gobiernos.
El último en dejar clara esa senda ha sido el presidente de Aragón, Javier Lambán. El socialista aseguró que con el expresidente de Asturias y también líder del PSOE durante la gestora, Javier Fernández, «mejor le hubiera ido a este país» si hubiese asumido «la responsabilidad» de liderar su partido.
Dicho de otro modo, golpe bajo en toda regla al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en un momento en el que sus barones territoriales, con los comicios autonómicos y municipales a seis meses vista, están empezando a comprender que para ganar quizás lo mejor sea marcar distancias con el jefe del Ejecutivo.
Es cierto que esa diferenciación que suelen hacer tanto Lambán como el manchego Emiliano García Page luego no se traduce en romper la disciplina de voto ante, por ejemplo, la reforma de la sedición. Pero, igualmente, también es cierto que otros pesos pesados del PSOE ni siquiera se atreven a dar el paso dialéctico.

Recortes en el trasvase Tajo-Segura

Un claro ejemplo de ello es el presidente de la Comunidad Valenciana, Ximo Puig. En mayo su puesto al frente de la Generalitat corre serio riesgo si se confirman las encuestas en las que el popular Carlos Mazón y Vox alcanzarían la mayoría absoluta en la región.
Sin embargo, ni para buscar el 'arreón' final de cara a fidelizar votantes, Puig ha sido capaz, y ni siquiera liderar, ninguna de las reivindicaciones tradicionales de la Comunidad Valenciana.
El último caso se ha dado a cuenta del trasvase Tajo-Segura. Esta infraestructura abastece de agua, principalmente, a los regantes de Alicante, Murcia y Almería, aunque también a la población en general en una zona con una escasez hídrica notable.
Pero eso no ha sido impedimento para que, a pesar de que no ha habido ningún informe técnico que así lo avalara, el Ministerio para la Transición Ecológica decidiera incrementar el caudal ecológico del río Tajo.
Para que se llegara a tomar esa decisión, que supone un recorte de 105 hectómetros cúbicos al año, ha sido clave el compromiso personal de Page y de su Gobierno con tal de que se favorecieran sus pretensiones. También lo ha sido por las amenazas de llevar al Ejecutivo al Tribunal Supremo.
En cambio, la implicación del tripartito de izquierdas liderado por Puig ha sido más bien discreta y, ante el estupor e indignación de los agricultores del Levante, el socialista ha calificado la medida del Gobierno como un buen acuerdo.
Al respecto, fuentes del Partido Popular en la Comunidad Valenciana aseguran que los ciudadanos han podido comprobar que se ha hecho «lo que ha querido García Page» y que Puig «ha vuelto a abandonar a los regantes» porque «no ha pintado nada» en la negociación

Intento de imitar a Moreno y Ayuso

En materia fiscal, lejos de liderar la bajada de impuestos, la ejecutoria de Puig se podría resumir en que no ha dejado contento a nadie, ni a propios ni a extraños.
En un primer momento, el valenciano no se movía ni un milímetro de las tesis del Palacio de la Moncloa, según las cuales rebajar la carga fiscal a las rentas bajas y medias era tan impensable como perjudicial.
No obstante, no hay nada tan revulsivo como las encuestas electorales que te dejan fuera del cargo y, viendo que se removían las aguas en el PSPV-PSOE, Puig decidió desmarcarse de María Jesús Montero y Pedro Sánchez, quiso imitar a Juanma Moreno e Isabel Díaz Ayuso y anunció una rebaja del IRPF para todas las rentas hasta los 60.000 euros.
Dejando a un lado el terremoto y las broncas internas que originó la iniciativa de Puig, no parece que su medida estrella vaya a tener un efecto vital en el bolsillo de los valencianos.
Tal como explican las mismas fuentes del PP, lo que ha hecho Puig es «irrisorio» en comparación con otras comunidades como Andalucía o Madrid. «No sigue la estela de nadie. Si de verdad hubiera querido bajar impuestos habría hecho caso a la reforma fiscal que propone Carlos Mazón», señalan.
Así, también acusan a Puig de llevar a cabo «mucho anuncio y aparataje» para luego, en realidad, que los ciudadanos solo se ahorren «cinco euros al mes», además de no querer bajar «el impuesto de sucesiones a las familias».
Tampoco en política territorial la ejecutoria de Puig se acerca a lo exitoso. Los ataques a la integridad territorial y a la identidad valencianas por parte del presidente catalán, Pere Aragonès son constantes.
Las afirmaciones sobre seguir creando lazos para terminar constituyendo los «Países Catalanes» (con la inclusión de Islas Baleares) se producen día sí y día también, tanto por Aragonès como por la elefantiásica estructura política y asociativa del independentismo catalán.
Ante esos ataques, Puig y su tripartito no solo dan la callada por respuesta y siguen dejando que se hagan, sino que en innumerables ocasiones es la propia Generalitat Valenciana la que patrocina y subvenciona a asociaciones secesionistas para que realicen sus actividades a favor de los «Países Catalanes» dentro de la Comunidad.
Sobre ello, el Partido Popular también denuncia la creación de la Oficina de Derechos Lingüísticos o, como lo denominan, la «Policía lingüística», así como que en las oposiciones a médico el valenciano valga el triple que un doctorado y hasta cinco veces más que un máster.
Por todo ello, el PP considera que ha quedado demostrado que Puig «está más cerca de los independentistas que de lo que quieren los valencianos».
Por último, la reforma del modelo de financiación autonómica sigue siendo el gran caballo de batalla de la política valenciana. Cuenta con el respaldo unánime del Parlamento autonómico.
Sin embargo, por más que ha dicho y repetido que va a plantear a Hacienda y Sánchez abordar esta problemática, que también afecta de pleno a otras regiones, Puig ha sido incapaz de sacarle el más mínimo compromiso de modificación al jefe del Ejecutivo.
En opinión de los populares, este escenario refleja cómo el presidente regional está «totalmente rendido a Sánchez y al socialismo». Así, consideran que «prefiere ser el primer socialista antes que el primer valenciano».
En definitiva, el cero que Puig tiene en el casillero de reivindicaciones conseguidas no parece que se vaya a mover en los seis meses que faltan para abrir las urnas. En mayo los votos dirán si le dan una prórroga de cuatro años para intentar superarse o tiene que ceder el testigo.
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