Así fue y así manipula el independentismo catalán la repoblación de Valencia tras la Reconquista de Jaime I
El nacionalismo separatista siempre ha utilizado una supuesta unidad lingüística para intentar justificar los «países catalanes», pero lo cierto es que es la propia historia la que desmonta con los hechos esa versión anticonstitucional
Estatua del Parterre de Jaime I, en Valencia
Que el independentismo catalán busca la secesión de su comunidad del resto de España no es cosa nueva. Todo lo contrario, es un hecho del todo comprobable. Es etimológico. Pero ese deseo anticonstitucional viene seguido de otro que, cuanto menos, podría llamarse entelequia o quimera, cuando no ente de ficción, como son los siempre mitológicos «países catalanes», es decir, una supuesta unidad territorial de algunas partes del sur de Francia, las Islas Baleares, por qué no algo de Aragón y, fundamentalmente, todos y cada uno de los milímetros de la Comunidad Valenciana.
Bajo el paraguas de ese presunto gran proyecto de ingeniería social todo vale. Así, la estrategia es retorcer la historia a la conveniencia de sus propios prescriptores mientras el lenguaje, y muy particularmente la lengua como tal, se antojan como las herramientas indispensables ante tales intenciones. Es por ello que desde la concepción secesionista siempre se ha intentado decir que dicha unión que la Carta Magna y los respectivos estatutos de autonomía de las regiones afectadas rechazan de plano residiría en el idioma.
Si en la Alemania de principios de los años 30 del siglo pasado algunos ensalzaban aquello de «ein Volk, ein Reich, ein Führer» (un pueblo, un Reich, un führer) con tal de amontonar diversos territorios cuya lengua común era el alemán, las tesis catalanistas no se quedan demasiado atrás. Al igual que en aquella época, y en otras en las que la democracia brilló por su ausencia y el populismo y el nacionalismo camparon por sus anchas, lo meramente lingüístico se dice que basta para armar un proyecto común más allá de las leyes vigentes en cada momento.
Cero ideología y sí «un futuro de vida»
En lo concerniente a España, y más en concreto a la Comunidad Valenciana, la clave de bóveda de esa narrativa está en la repoblación que se hizo a partir de la reconquista que llevó a término el rey Jaime I a partir del año 1238. El nacionalismo asegura por activa, pasiva y perifrástica que dicho proceso se hizo con ciudadanos de lo que era el condado de Barcelona.
En este sentido, merecen la pena varias consideraciones. La primera es que Barcelona no era un ente autónomo, sino que pertenecía a la Corona de Aragón. La segunda es que Valencia no era un espantajo, sino todo lo contrario: un reino que después de consolidarse la mencionada reconquista tuvo sus propios fueros y ejerció voz propia dentro de su territorio.
Retrato del rey Jaime I El Conquistador
Pero, volviendo a la repoblación, los postulados independentistas se caen por su propio peso. La versión 'oficial' secesionista asevera que fueron sus antecesores los que fueron a lo que hoy en la Comunidad Valencia, con especial ahínco entre la localidad castellonense de Burriana y la propia capital del Turia. Pero dato mata relato.
De describirlo se encarga la profesora de la Universidad de Zaragoza María de los Desamparados Cabanes Pecourt, que en su escrito La repoblación de los aragoneses en Valencia desgrana con meridiana claridad cómo se pudo culminar este fenómeno. Entre sus enseñanzas, destaca que en ningún caso esa 'mudanza' se hizo por motivos ideológicos (del todo ausentes en esa época) ni lingüísticos, sino que se debió a «asentarse» buscando «un futuro de vida» dado el nuevo panorama.
Es más, recuerda que en el sitio de Burriana de 1233 «se menciona la presencia junto al monarca de los concejos aragoneses de Daroca y Teruel», a los que sumaron los de Calatayud y Zaragoza. En cuanto a la ciudad Valencia, es clara: «La repoblación aragonesa en la capital del Reino de Valencia al medio año de su conquista suma el 15,70 % del total de los que ocuparon viviendas», a lo que habría que sumar «la Iglesia, la nobleza», así como «personas al servicio del rey o de la casa real igualmente favorecidas, entre ellos notarios, sastres, juristas, etcétera». En total, el porcentaje alcanzaría el «26 %».
Otro mito de los anexionistas que la misma historia derrumba per se, siguiendo con la repoblación, es que el Llibre del Repartiment, en su registro 6, tal como relata y recoge la profesora, afirma que «el primer aragonés que se instala en lo que luego se convertirá en el Reino de Valencia es Blasco de Alagón, cuya conquista de Morella fue el detonante para que Jaime I se planteara seriamente la conquista de las tierras valencianas». Dicho de otra manera: nada de lengua y ni mucho menos identidad nacional catalana.