Imagen de las mesas y sillas dentro de la ermita del Garbí.

Imagen de las mesas y sillas dentro de la ermita del Garbí.Ayuntamiento de Estivella

Un concejal de Vox monta un chiringuito en la ermita de una montaña valenciana

Este verano las piscinas han acabado ante el juez y los chiringuitos son objeto de polémica. Subir al Garbí de Valencia es una experiencia única, de las que hay que vivir al menos una vez en la vida. Alcanzar su cota es asomarse a un balcón lleno de magia y de vida. Con una parte del parque natural de la Sierra Calderona a los pies, es posible admirar el Golfo de Valencia desde el silencio de la montaña. Pero no todo es idílico a casi 600 metros de altitud. A la vista de los excursionistas hay un nuevo chiringuito dentro de la ermita de la Santa Cruz, un negocio que ha levantado ampollas dentro del Ayuntamiento de Estivella.

El Garbí es uno de los parajes destacados que se ubican dentro del área del parque natural de la Sierra Calderona. Cualquier actividad está suficientemente reglada, por mucho que un propietario privado quiera actuar de una u otra forma. Lo que pasa en estos casos es que ya entra las derivaciones que quiera hacer cada persona.

Por una parte está José Ramón Mateu, empresario natural de Estivella y que, a su vez, es concejal de Vox en el municipio. El edil dice haber comprado por «54.000 euros» las parcelas en las que se ubica el merendero y la ermita de la Santa Cruz del Garbí, según indica a Levante-EMV. Por eso este pasado fin de semana los visitantes se encontraron un cordón para poder acceder al paraje público. Había que pagar un euro si se quería entrar al merendero del Garbí y visionar las vistas desde la ermita.

José Ramón Mateu dice haber adquirido unas parcelas que según indican desde el Ayuntamiento de Estevilla «son públicas» y su proyecto pasa porque este chiringuito permita «construir una cruz de 40 metros de altura y que esté iluminada, así como un museo de ciclismo». Todo ello sin la aparente aprobación municipal, ya que, según señalan desde el consistorio «no tiene competencias porque se trata de un parque natural con zona protegida».

El espacio de la ermita, en horario que no es de apertura, se convierte en almacén de mesas, sillas y sombrillas, ante el asombro de los visitantes. Ante este hecho desde el Ayuntamiento de Estivella defienden que informaron directamente a «Guardia Civil, Seprona, Parque Natural de la Sierra Calderona y Conselleria de Medio Ambiente», además de estudiar «otras acciones legales», según han informado a través de un comunicado.

El alcalde de Estivella, Francesc Mateu (Compromís), no sale de su asombro al ver como de un día para otro la ermita del Garbí ha pasado de ser un paraje idílico y tranquilo a ser un chiringuito objeto de una polémica que ha traspasado fronteras.

Ahora serán la administración competente la que indique el uso privado de la parcela contraviene el fin público del parque natural. El concejal y empresario dice ser dueño del terreno, pero el Ayuntamiento mantiene que la ermita no es de titularidad privada. Lo cierto es que, hasta que se solucione el asunto, entrar al merendero del Garbí cuesta un euro y que una vez allí se encuentra una actividad hostelera inédita en la cima.

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