Imagen de las hojas de tabaco en la plantación de una finca experimental
Biotecnología agrícola desde Valencia: tabaco sin nicotina como plataforma para la producción farmacéutica
Un grupo de investigadores valencianos ha introducido cambios genéticos específicos en el ADN de la planta del tabaco para obtener nuevas variedades que produzcan medicamentos
Un grupo de investigadores valencianos ha logrado darle una segunda vida al tabaco. Ya no como materia prima para cigarrillos, sino como planta medicinal. Gracias a una innovadora técnica de edición genética, han modificado el ADN del tabaco para que deje de producir nicotina y comience a generar compuestos con propiedades farmacológicas. El resultado: una planta tradicional reconvertida en una auténtica biofábrica de medicamentos.
Este ensayo pionero se está llevando a cabo en la finca experimental Sinyent, ubicada en Polinyà del Xúquer (Valencia) y gestionada por la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA). Allí se cultivan las nuevas variedades de Nicotiana tabacum, desarrolladas en colaboración con la empresa biotecnológica valenciana Madeinplant. Las plantas han sido editadas genéticamente mediante las llamadas Nuevas Técnicas Genómicas (NTG), sin introducir ADN externo, lo que las diferencia de los transgénicos convencionales.
Iniciativa pionera: del cigarrillo a la cura de enfermedades
Aunque históricamente está asociada al tabaquismo, la planta del tabaco tiene un enorme potencial farmacéutico. Sus hojas grandes y su fácil manipulación genética la convierten en un candidato ideal para desarrollar nuevos tratamientos. Con esta transformación, los científicos valencianos buscan recuperar su cultivo en Europa, donde ha ido desapareciendo progresivamente, pero con un propósito completamente distinto: curar, en lugar de dañar.
En su estado natural, el tabaco produce una alta concentración de nicotina, que representa hasta el 95 % de sus alcaloides, además de otros compuestos como nornicotina, anabasina y pequeñas cantidades de anatabina. El objetivo del equipo investigador ha sido precisamente este último: eliminar la producción de nicotina y potenciar la de anatabina, un compuesto que no genera adicción y que está siendo estudiado por sus efectos antiinflamatorios y neuroprotectores. Se investiga su posible uso en enfermedades como el Alzheimer, la esclerosis múltiple o trastornos metabólicos con base inflamatoria.
Las nuevas variedades de tabaco modificadas se cultivan primero en invernaderos, y más tarde se trasladan al campo para comprobar cómo evolucionan en condiciones reales. En la finca Sinyent se someten a diferentes situaciones de estrés controlado, como menos riego, cambios en los nutrientes o fechas variables de trasplante, para evaluar cómo afecta eso a la producción de los compuestos de interés. Cuando la planta alcanza su madurez, se recogen las hojas y se analizan en laboratorio para comprobar la cantidad de alcaloides generados.
Imagen de la toma de muestras de la hoja en el laboratorio para su análisis
Este trabajo se enmarca dentro del proyecto europeo Newcotiana, que comenzó hace cuatro años con un objetivo clave: usar el tabaco como alternativa sostenible para producir escualeno, un componente usado como adyuvante en vacunas, incluidas algunas contra la COVID-19, que suele obtenerse del hígado de tiburón, una fuente poco ética y nada sostenible. Esta opción vegetal ya se está explorando también en otras regiones de España, como Extremadura, donde ha dado una segunda oportunidad a un cultivo en decadencia.
Más allá del tabaco, esta tecnología de edición genética abre la puerta a su uso en otros cultivos clave para la Comunidad Valenciana, como los cítricos, el arroz o el tomate. Gracias a estas técnicas, sería posible desarrollar variedades más resistentes a plagas, con mejores propiedades nutricionales y que requieran menos productos químicos. Todo ello sin introducir genes de otros organismos, lo que las alejaría de la controvertida etiqueta de transgénicos.
Obstáculos legales: la normativa europea no se actualiza
El principal escollo para que esta técnica se pueda utilizar sin restricciones está en la legislación. Actualmente, la normativa europea (Directivas 2009/41 y 2001/18/CE) no distingue entre modificación genética clásica y edición genómica, y considera ambos procesos como Organismos Modificados Genéticamente (OMG). Los responsables del proyecto reclaman un cambio urgente para que estas nuevas técnicas, más precisas y sostenibles, no se vean frenadas por trabas burocráticas.
El equipo técnico del proyecto subraya que estas plantas no deberían considerarse transgénicas, ya que no incorporan ADN externo. Lo que hacen las Nuevas Técnicas Genómicas es modificar el genoma de forma precisa, reescribiendo instrucciones dentro del propio ADN de la planta. Según defienden, esta tecnología es más segura, sostenible y aceptada, y reclaman una actualización de la legislación europea para que la agricultura pueda beneficiarse de estos avances sin trabas normativas.
Este ensayo pionero en la Comunidad Valenciana integra a la agricultura en el sector biofarmacéutico y lo que antes era fuente de dependencia, enfermedades y cáncer, puede ahora convertirse en una fuente sostenible de principios activos útiles en diferentes patologías y en la fabricación de vacunas.