Imagen previa al manifiesto de Plataforma per la Llengua contra el topónimo de la ciudad de Valencia en castellano
Del «autoodio» a Doraemon: las estrambóticas excusas del independentismo catalán para recurrir el topónimo de Valencia en castellano
Uno de los rasgos más característicos del nacionalismo es que es insaciable. Es decir, arrasa allá por donde pasa y, al mismo tiempo, no se conforma con lo que, paso a paso, va obteniendo. Por ello mismo, cuando se encuentran con gobiernos que, bien por que comulgan con sus ideales o bien porque su fragilidad intrínseca les hace virar hacia estos, se crecen, sabedores que van a obtener un nada despreciable botín no solo ideológico, sino también económico y social.
Caso paradigmático de ello fue la Comunidad Valenciana entre 2015 y 2023, con un Ximo Puig al frente de la Generalitat y en coalición con Compromís y Unidas Podemos y con el nacionalista Joan Ribó gobernando la ciudad de Valencia junto a los socialistas. El caldo de cultivo perfecto para unos independentistas catalanes que más pronto que tarde comenzaron aprovecharse del tripartito de izquierdas, importando el modelo de educativo, lingüístico y de sociedad en general propio de Cataluña durante décadas.
Con ese clima de clara prosperidad para la propagación de los postulados de los 'países catalanes', en 2023 llegaron las elecciones y los ciudadanos decidieron dar un volantazo y otorgarle la mayoría absoluta al centro-derecha en las dos ‘plazas’ antes citadas, además de en muchas otras. Así, y siguiendo lo prometido en sus respectivas campañas electorales, tanto Carlos Mazón como María José Catalá se pusieron 'manos a la obra' con tal de finiquitar el compadreo con los anexionistas.
«Acciones legales»
En el caso de la capital autonómica, uno de los ejemplos más evidentes es el cambio del nombre oficial de la ciudad. Si Ribó lo dejó únicamente como València, el equipo de gobierno conformado por PP y Vox aprobó en el último Pleno el cambio a Valencia en castellano y Valéncia en el idioma regional. La medida la tendrá que corroborar de manera definitiva la Generalitat, pero, naturalmente, al mundo independentista le ha enfurecido notablemente.
En este sentido, la asociación secesionista Plataforma per la Llengua, autodenomina la ONG del catalán, ha anunciado que presentará alegaciones ante la modificación del topónimo. En un manifiesto colgado en su página web y en sus perfiles de redes sociales, así como en otros textos que van por el mismo camino, el colectivo expone sus razones para tampoco descartar «acciones legales». Algunas de ellas, más allá del marcado carácter político de las mismas, pudieran resultar estrambóticas o llamativas.
Imagen de Plataforma per la Llengua sobre la opción de la página web de Hacienda en valenciano y catalán
Sirva como muestra el motivo por el que, según Plataforma per la Llengua llamar en español a Valencia es algo que va contra la historia y la «inequívoca identidad histórica y lingüística del cap i casal del País Valencià». Dejando a un lado la mención a un ente institucional como el País Valencià que nunca ha existido como tal, la razón que esgrimen es el «autoodio lingüístico». Nada más y nada menos.
«Fragmentación lingüística»
Pero el documento no se queda ahí, señalando que la denominación València es la única válida por ser «un acto de normalidad lingüística y cultural» frente a un Ejecutivo municipal que lo que pretende es «imponer oficialmente una forma en castellano» y dejando al valenciano como «una lengua decorativa», obviando que la fórmula sería doble.
La creatividad argumental del nacionalismo en cualquiera de sus múltiples variables siempre ha sido también algo destacable en su forma de hacer política y de querer influir en la sociedad. En el caso del independentismo catalán en relación con la Comunidad Valenciana e Islas Baleares, ese hecho es más que visible, dado que la formación de los 'países catalanes' es su pretensión última.
En tal camino, la lengua es un elemento indispensable, por lo que las piruetas para intentar convencer a los vecinos tienen que conllevar como ingredientes el victimismo y el miedo. Lo del topónimo de Valencia dentro de todo un plan mucho mayor de unificar valenciano y catalán bien se podrían enmarcar en lo que la propia jerga secesionista denomina «fragmentación lingüística».
Imagen de Plataforma de la Llengua aludiendo al doblaje de la serie Doraemon
A los defensores de que la Comunidad Valenciana no tiene un idioma propio les enerva ver cómo, en cumplimiento entre otras normas del Estatuto de Autonomía, empresas e instituciones ofrecen sus productos y/o servicios en ambas lenguas. A modo de denuncia, Plataforma per la Llengua pone rocambolescos ejemplos de por qué esta circunstancia no debería darse.
En esta línea, la asociación anexionista apunta el hecho de que Hacienda tenga en su página web la posibilidad de que el usuario acceda a los contenidos en catalán o en valenciano. Esto, a su juicio, «empequeñece» y provoca una «notable regresión en la percepción de los catalanoparlantes de la unidad de su lengua».
Pero esa peculiar cosmovisión también tiene su traslación a lo económico e, incluso, al mundo de los dibujos animados. Como si se tratara de una versión del «España nos roba», el foco lo ponen los rupturistas en la serie Doraemon, ese simpático 'animal' que saca cualquier objeto de su tripa. En esta ocasión, el problema radica en que su emisión «tiene tres versiones en catalán para Cataluña, las Islas Baleares y el País Valencià». «¿Por qué no replantear los recursos y tener más contenido audiovisual en la misma lengua», se pregunta el colectivo dejando a un lado que el catalán es catalán y el valenciano es valenciano.