Imagen de Agustín Trigo junto a su marca 'TriNaranjus'

Imagen de Agustín Trigo junto a su marca 'TriNaranjus'Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid

El farmacéutico que llegó a alcalde de Valencia e inventó el TriNaranjus

En la memoria colectiva de varias generaciones de españoles late un sabor inconfundible: el del TriNaranjus, refresco de naranja sin gas que se convirtió en un icono publicitario y cultural. Detrás de aquella botella, que primero fue Naranjina y después TriNaranjus, se encuentra la figura de un valenciano polifacético: Agustín Trigo Mezquita (1863-1952), farmacéutico, industrial, político e impulsor cultural. Su vida estuvo marcada por una mezcla singular de ciencia, empresa y servicio público que dejó huella tanto en la historia de Valencia como en la de la industria alimentaria española.

Un boticario con vocación innovadora

Hijo de un comerciante del entorno de la plaza del Mercado, Trigo se formó como farmacéutico en Barcelona (1888) y obtuvo el doctorado en Madrid (1892). En sus primeros pasos trabajó como ayudante del doctor Pesset Aleixandre y fue discípulo del eminente Laureano Calderón. De regreso a su ciudad natal en 1986, fundó los Laboratorios del Doctor Trigo en la calle Sagunto, donde también abrió su farmacia, registrada oficialmente en 1903.

Aquel espacio pronto se convirtió en un referente: allí nacieron preparados farmacéuticos como el «citrato efervescente de magnesia», producto estrella de principios del siglo XX que alcanzó gran popularidad como digestivo e hidratante. Pero más allá de su faceta como boticario, Trigo supo anticiparse a su tiempo: exploró la extracción de esencias naturales de cítricos y abrió camino en el uso de jarabes y concentrados con aplicaciones no solo medicinales, sino también alimentarias y perfumísticas.

Su trayectoria académica y cultural fue igualmente sobresaliente. Presidió la Real Academia de Medicina de Valencia, el Colegio Oficial de Farmacéuticos de la provincia y el Ateneo Científico, además de fundar la revista El Mensajero de la farmacia moderna en 1899. Desde la sección de Monumentos del Ayuntamiento contribuyó a salvar el artesonado gótico de la Casa de la Ciudad, hoy instalado en la Lonja de los Mercaderes. Su nombre aparece ligado a congresos, sociedades científicas y reconocimientos tanto en España como en Francia, donde fue distinguido con las Palmas Académicas.

En abril de 1931, la política lo situó de forma inesperada en primera línea. Militante de la Unión Republicana Autonomista, fue designado alcalde de Valencia tras las elecciones municipales que precedieron a la proclamación de la Segunda República. Durante su breve mandato impulsó la creación de una comisión para redactar un Estatuto de Autonomía Valenciano, pero su etapa estuvo marcada por la convulsión social. Los disturbios y asaltos a edificios religiosos lo llevaron a decretar el estado de guerra en mayo de ese año. El 27 de octubre presentó su dimisión, convencido de que su verdadera vocación no estaba en el gobierno municipal, sino en su laboratorio.

El origen de un mito cítrico

De aquel laboratorio surgió en 1933 la Naranjina, un refresco con gas a base de extracto de naranja que Trigo presentó en la Feria de Marsella de 1935. Su éxito fue inmediato. Tanto, que un empresario franco-argelino, León Betón, adquirió la fórmula para producirla en Francia. Allí nacería Orangina, bebida que décadas después se convertiría en emblema internacional gracias a las campañas de Jean-Claude Betón y a su icónica botella redondeada.

En España, Trigo continuó perfeccionando sus jarabes y esencias cítricas hasta dar con una variante sin gas que respondía a los gustos de quienes preferían una bebida más natural. En los años 40, de la mano del joven empresario Salvador Soler Violant, lanzó el TriNaranjus. El producto supo diferenciarse: perdió la burbuja, pero ganó identidad y una comunicación comercial muy innovadora para la época.

Las campañas publicitarias de los años 50 y 60 lo catapultaron como un símbolo del consumo moderno, con lemas que apelaban a la frescura y la naturalidad. Su éxito se extendió a Hispanoamérica, convirtiendo al TriNaranjus en una marca reconocida más allá de las fronteras.

El nombre también contribuyó a su leyenda. Durante años circuló la idea de que «Tri» hacía referencia a tres naranjas necesarias para llenar cada botella o a tres variedades distintas del cítrico. Sin embargo, la explicación real es más sencilla: «Tri» procede del apellido de su creador y «naranjus» alude directamente al ingrediente principal. La posterior botella con tres naranjas grabadas fue la que alimentó el mito.

Agustín Trigo falleció en Valencia el 19 de mayo de 1952. Para entonces ya había asegurado un legado que iba mucho más allá de la farmacia o la política. El TriNaranjus, convertido en TriNa tras la adquisición de la marca por Schweppes en 1989, se mantiene aún hoy en el mercado bajo el paraguas del grupo japonés Suntory, que también controla Orangina. Ambas bebidas, nacidas de un mismo origen valenciano, siguen recordando la chispa creativa de un farmacéutico que supo ver en la naranja algo más que una fruta: una oportunidad industrial, cultural y publicitaria.

La historia de Trigo es la de un hombre que conjugó ciencia, empresa y servicio público. Su nombre permanece ligado a la modernización de la farmacia valenciana, a la defensa del patrimonio y, sobre todo, a la invención de un refresco que marcó la infancia de millones de españoles. Más de setenta años después de su muerte, cada sorbo de TriNa evoca la audacia de un boticario visionario que hizo de la naranja valenciana un símbolo universal.

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